De la Libertad Auténtica

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Hemos sostenido que las relaciones intersubjetivas, tal y como las expone Sartre en “El ser y la nada”, fracasan porque son de mala fe (1). Sartre es muy conocido por su expresión el infierno son los  otros que aparece en “A puerta cerrada”. Ésta, sin embargo, es una pieza teatral en la que los personajes están ya muertos.  Quiere esto decir que son sólo facticidad y que no disponen de la trascendencia necesaria para poder cambiar su existencia ni las relaciones conflictivas que protagonizan los tres personajes entre sí en la obra de teatro: en Huis Clos Inés, Estelle y Garcin están muertos, ya están hechos, por lo tanto, no pueden ni rehacerse ni vivirse de otro modo porque están ya definidos. Por esta razón, no se puede extrapolar la famosa frase al problema de las relaciones concretas con el prójimo tal y como aparecen filosóficamente expuestas en “El ser y la nada”. Menos, puede inferirse de la misma una antropología pesimista y negativa del autor francés.

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Sartre y la mala fe

Hay en Sartre elementos suficientes para construir una antropología positiva y el punto de partida para nosotros estriba en rescatar la reflexión aplicada a la existencia a través de lo que Sartre llamó “Psicoanálisis existencial”. El sujeto sartreano busca intencionalmente rehuir de su libertad con las actitudes de mala fe que consisten en cerrarse sobre sí mismo y en negarse intencionalmente la posibilidad de elegir en libertad y en situaciones con los otros, porque como nos dice Sartre: El ser humano no es solamente el ser por el cual se develan negatidades en el mundo; es también aquel que puede tomar actitudes negativas respecto de sí (2) . Esto es así porque el sujeto no quiere tener el peso de la libertad ni la responsabilidad existencial que ésta conlleva.

Psicoanálisis existencial: Mala fe y autenticidad

Ahora bien, con la propuesta del psicoanálisis existencial sartreano podemos revertir esta tendencia a ser de mala fe que, según Sartre, nos niega la libertad de hacernos cada vez a través de la elección auténtica y de abrirnos, en consecuencia, a la experiencia humana compartida que no esté necesariamente signada por el fracaso o, en palabras del propio autor, condenadas a ser un proyecto fallido. De forma tal que hoy reflexionaremos, a la luz de Sartre y más allá de él, sobre la posibilidad concreta de alcanzar relaciones interpersonales con mayores cuotas de autenticidad, paridad y reconocimiento mutuo en la medida en la cual nos comprometamos a hacer un uso  lúcido de la razón sobre nosotros mismos, psicoanalizándonos existencialmente.

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Aclaración existencial

Gracias a la postura reflexiva sobre nosotros mismos ejercida en el psicoanálisis existencial podemos aclararnos existencialmente. Aclararse existencialmente consiste –fundamentalmente- en otorgarnos luces y problematizar sobre nuestras elecciones de vida. Significa que si somos honestos con nosotros mismos buscaremos intencionalmente evaluar aquellas elecciones de vida realizadas en nuestros proyectos y con nuestras relaciones más cercanas con el fin de verificar si al elegir  lo hemos hecho para realizarnos plenamente en libertad o, más bien, si al hacerlo lo hemos hecho porque tenemos temor y temblor frente a la existencia y lo que pretendemos, más bien, es eliminar la angustia que significa vivir y el tener que asumir la absoluta responsabilidad frente al uso de nuestra libertad y frente al mundo que erigimos a nuestro rededor, según el despliegue que hagamos de la misma.

Angustia reflexiva y Psicoanálisis existencial

Sólo si la angustia es vivida como actitud re-flexiva, en lugar de ser rehuida, se logran relaciones auténticas con el otro. Esta angustia reflexiva se ejerce en el psicoanálisis existencial sartreano consiste en la experiencia constante del sujeto que se interroga a sí mismo, que se cuestiona y se aclara con la finalidad de alcanzar a tener una comunicación consigo mismo y con el otro lo más transparente posible. Lo anterior se traducirá siempre –a la luz del autor francés- en mejoras para las relaciones con  el otro y es, a nuestro parecer, el requisito previo ineludible para la posibilidad concreta de la existencia auténtica compartida.

La angustia reflexiva de la mano del psicoanálisis existencial contribuye a la configuración de relaciones concretas con el prójimo auténticas. Esto supone que superamos -a cada momento- en la relación con nosotros y con el otro la tentación de ser de mala fe, de excusarnos, de rehuirnos y de actuar bajo patrones cotidianos preconcebidos que niegan nuestra libertad a hacernos y la libertad de los otros a ser reconocidos como iguales y con plenos derechos a edificar su vida en libertad. Porque si aceptamos como válidos los supuestos esbozados por Sartre, entonces, debemos considerar que actuar de mala fe es negativo, puesto que elude la existencia misma y constituye  –de facto– un proyecto inauténtico en la medida en la cual el involucrado no busca cuestionar su existencia sino, más bien, justificarla eludiendo sus responsabilidades existenciales y buscando siempre un culpable o un chivo expiatorio ante una situación desagradable o injusta.

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Luchar contra la mala fe

A la luz de Sartre y tomando distancia del mismo podemos afirmar que cuando luchamos contra la mala fe elegimos libremente el ser auténticos. De forma tal que al elegir auténticamente estar con el otro, realizar una actividad o promover una causa afirmamos nuestro ser y nos comprometemos con nuestra libertad. Nos afirmamos con dicha elección en libertad porque promovemos nuestro ser con el otro en una relación significativa que nos empeñamos en construir día a día con todos los esfuerzos que ello implica; nos afirmamos en libertad auténtica en la actividad que nos apasiona y que nos otorga sentido porque buscamos en ella la realización de nuestro ser con los otros; nos afirmamos en libertad en la causa que nos sentimos llamados a realizar porque gracias a nuestra acción ayudamos a construir un mundo más humano, humanizándonos devuelta gracias a la acción misma y a la reciprocidad de retorno que se recibe.

Porque si en Sartre los sujetos asumieran auténticamente su libertad y la de los otros, éstos optarían en las relaciones concretas con el prójimo por una comunicación auténtica y serían capaces de ponerse en el lugar del otro, sin querer usurparlo y sin perder el propio lugar. Aquí la pretensión ya no sería de evasión o de enfrentamiento sino, más bien, de lograr la comunicación efectiva entre dos libertades que se hacen tema y problema de sí mismas con el fin de compartir y acompañarse. De esta forma, amparados en nuestra reflexión, la antropología sartreana nos permite dar un paso en la revisión de las relaciones intersubjetivas: se trata de ponerse en el lugar del otro, dotándolo de recursos reflexivos y existenciales para encarar su existencia desprotegida y dilucidar las posibilidades que su libertad, situada en el mundo y en relación con los otros, puede brindar. Sería el salto del yo al nosotros, del yo al ser-con que no está explícitamente expuesto por Sartre en “El ser y la nada” pero que puede desprenderse de sus premisas filosóficas.

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Formación para la libertad auténtica

Cada día estamos más convencidos de la necesidad de formarnos y de formar a nuestros estudiantes -en el aula y fuera de ella- para el uso de la reflexión lúcida sobre nosotros mismos, en nuestras relaciones con el otro, en las elecciones que realizamos cotidianamente y en nuestros proyectos de vida y sus consecuencias. Nos parece que de esta manera nos estamos donando como individuos la posibilidad de ser libres, autónomos, propositivos y de ver la plenitud humana que implica el hacernos cargo de nosotros mismos, de nuestras elecciones y de ser responsable frente a las mismas. De igual forma nos estamos otorgando la posibilidad de configurarnos y de comprender que la libertad auténtica, aquella que labra, construye y eleva un mundo para la libertad, siempre es en relación con el otro y nunca a costa del mismo.

La libertad es eminentemente intersubjetiva, no puede por definición ni negar al otro ni rehuirlo, más bien, se realiza en el otro y en las posibilidades que se nos abren como personas gracias a una relación paritaria con nuestros semejantes. La libertad auténtica transita siempre por el derecho del otro a ser tratado como un igual, a ser reconocido y a convivir en armonía y  en paz social edificando relaciones que promuevan Humanidad. Es por ello que es nuestra responsabilidad social erradicar todo aquello que no promueva la reflexión lúcida sobre la existencia, tanto individual como colectiva, y que erige desde la mala fe verdaderos desaciertos que traen como inmediata consecuencia mayores dolores sociales y fracturas existenciales. Seguimos apostando, pues, a crear entre nosotros lazos de confianza, fraternidad y esperanza social en favor de la construcción de un mundo más humano, justo y solidario con el fin de erradicar las terribles inequidades sociales que nos circundan y golpean diariamente en el padecimiento de los más vulnerables.

Muchas gracias por su gentil lectura. Hasta la próxima entrega.

 (1) La mala fe específicamente en la figura del amor la hemos desarrollado en http://revistasenlinea.saber.ucab.edu.ve/temas/index.php/logoi/article/view/459/457

 (2) SARTRE, Jean Paul: El ser y la nada. Buenos Aires: Editorial Losada, 1993, p. 91.

 

 

 

7 Comentarios

  1. El miedo a la libertad. Vaya tema: el reto humano por hacerse auténtico y no dejar de serlo en el camino al ponerse en los zapatos del otro. Mucho trabajo sobre sí mismo… ¿no es eso la angustia? ¿No es eso la libertad? Gracias por la reflexión, profe.

  2. Su artículo es excelente profesora. Más porque explica de manera clara y concisa las nociones del psicoanálisis existencial y la mala fe sartriana. El cuestionar constantemente nuestros valores para seguir haciéndonos se presenta como el reto de nuestra vida ya que parece más fácil caer en los actos de la mala fe. La vida parece hecha para vivirla en la angustia reflexiva de nosotros para poder ser auténticos ante el otro. Lo que implicaría que para la búsqueda de un sano, sería más conveniente una relación autentica con el otro, más si buscamos una polis sana. Debe haber un compromiso social a reevaluarnos existencialmente.

  3. Excelente articulo profesora. Indiscutiblemente la mala fe sartreana constituye una problemática específicamente en nuestro continente,donde podemos observar que se le niega las libertades al otro,así como se le excluye en el proyecto de polis sana,es esa dualidad que no nos permite avanzar, niego la libertad cuando anulo al otro ,ya sea por su condición socioeconómica,nacionalidad etc. De ejemplo tenemos cuando un ciudadano latinoamericano viaja hacia un país vecino en busca de mejores oportunidades y en ese país se le niega una oportunidad,porque el acto de mala fe consiste en que si tú no eres de mi “misma nacionalidad”,entonces no debes tener chance en este país .Pondré como ejemplo el caso de un conocido show de talentos llamado EcuadorTiene Talento.En una de las audiciones participó una hermosa y talentosa niña llamada Valentina Villalba, ella deslumbró al publico y la jueces con el tema el me mintió de Ananda Miguel y gracias a su magnifico don y humildad pasó directo a las semifinales y llegó a la final del show,no obstante la pequeña no ganó porque primeramente no representaba lo ” autóctono ” de Ecuador,segundo en diversos comentarios ofensivos de parte de aquellas personas que sufren temor como el texto de Kierkegaard en donde a ese angelito la generalizaban en una figura errónea que se tiene de nosotros.Con esto finalizo mi comentario aportando que el día en que dejemos de ser binarios ese día daremos un paso a la modernidad,Valentina demostró pese a su corta edad, que sin importar las etiquetas y la xenofobia de un grupo sumergido en el post colonialismo se supera el problema de la mala fe siempre y cuando su aporte cultural sea para mejorar al otro,cosa que hace con su magnifico don en otra tierra ,pese a la ignorancia de los que actúan de mala fe.

  4. Actualmente en el mundo globalizado se ha hecho cada vez más difícil encontrar espacios en los que se pueda acceder a la paz mental y a tranquilidad necesaria para poder promover conductas tan sanas como el psicoanálisis existencial. Es extremadamente necesario hoy en día empezar a reconocer las fallas que poseemos como sociedad pero partiendo desde la individualidad más intima preguntándonos qué es lo que estamos haciendo mal, por qué estamos tomando actitudes de mala fe ante el mundo si lo que uno suele escuchar es que hay que ser más humano y atento con el otro, sin embargo mucha gente que promueve ese tipo de valores lo hace de pura palabra y sin sentirlo de verdad. Vivimos en un mundo en el que la existencia humana cada vez se desvaloriza más y más cual bolívar fuerte, el mercado, los gobiernos y la sociedad, tanto de derecha como de izquierda le han restado demasiado peso a la naturaleza humana, nos han convertido en una obra de arte que ya no vale nada porque se ha producido en masa. Es probable que sea el momento de reconsiderar hacia donde marcha la humanidad, ¿hacia el fin o hacia la comprensión de la urgencia por encontrar una verdadera libertad autentica plena que sea compartida por todos conscientemente? Cabe hacerse la pregunta: ¿qué tan dispuestos estamos a pagar el costo por la autenticidad, por la reflexión, por ver cara a cara a nuestros demonios, por someternos al arrepentimiento que nos dará la Gloria? Hoy en día es la labor y la responsabilidad de académicos y profesores de trascender la facticidad humana y buscar un proyecto a largo plazo que no termine en nuestra deshumanización total y empezar a promover esa necesidad por la autoreflexividad en cada individuo, es imperioso que dejemos de ser una masa ignorante para poder continuar con esta vida tan incierta.

  5. Interesante repaso de las nociones principales que toma Sartre para su filosofa. Lo que más me llama la atención es el acto de mala fe, la anguistía y ser libre en nuestra autenticidad que trabaja este autor. Esto porque me parece interesante como una persona puede nacer libre y considerarse libre cuando la sociedad parece imponerte lo contrario. Parece restringir lo que somos, lo que debemos ser conforme a la sociedad. Y aún así tenemos esta noción de ser libres, la opción de la decisión, de hacernos a nosotros mismo y por consecuencia sumirnos en la angustia. La desesperación por saber si lo que hemos decidido es lo correcto o no lo es. Es someternos al miedo de nuestra propia decisión. Desde perspectiva personal creo que tiendo mucho a esto. A la anguistia. Al temor de lo que la mirada del otro puede hacer sobre nuestro ser y sobre lo que hemos decidido ser. Es un temor que desgasta y mucho más en una relación donde solo te arriesgas a intentar aprender al amado en su libertad. Dejar que el amado sea libre y que nos acepta por su cuenta.

    Claro que muchos otros solo aceptan hacer de mala fe. En justificarse en algo. En negarse a ser. A buscar la tranquilidad de la vida en esa justificación de mala fe. Y es que sinceramente a veces esa opción suena como lo menos dañino para un corazón partido de la anguistia del ser.

  6. Hace falta lucidez para reconocer al otro por el otro y no por la imagen que nos arroja de nosotros mismos (lo cual constituye una suerte de narcisismo). Quizás, parte de la mala fe respecto a los demás surge cuando le negamos al otro la posibilidad de pensar en nosotros como prefiera…

  7. Me parece muy interesante el hecho de que Sartre haya escogido personajes muertos para su obra con la finalidad de afirmar que “el infierno son los otros”. Según la valiosa interpretación de la autora, estos personajes se quedan en pura facticidad. No tienen ninguna posibilidad de trascender ni de cuestionarse porque ya están muertos. Sería interesante ahora, bajo la luz de estas consideraciones, cuestionarnos: ¿Y si nos sentimos muertos por dentro como excusa para rehuirnos de nosotros mismos y no enfrentarnos nunca a una angustia re-flexiva? ¿Qué pasa cuando el mundo duele tanto que es mejor declararse muerto en vida que enfrentarnos a él? Creo que sería interesante considerar un poco el valor que se necesita para escoger ser libremente auténticos. No cualquiera se atreve a verse a sí mismo y cuestionarse, enfrentarse a la angustia reflexiva me parece, ante todo, un acto de valentía. Ser libres es ser valientes.

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