Me sigo sorprendiendo, y no sé por qué, sobre el tupido velo que se corre sobre algunas noticias. Me refiero, sobre todo, a las que se relacionan con el empleo. Con las subidas y bajadas de contratación, los porcentajes de desempleo…

Esta vez la información proviene de SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal) que según los últimos datos publicados 4 de cada 10 contratos suscritos en julio duran menos de un mes (43.500 sólo ¡1 día!). Claro está, que esta realidad ya había sido descrita por el INE (Instituto Nacional de Estadística) en la Encuesta de Población Activa del segundo trimestre de 2016, al plasmar en su informe que 6 de cada 10 nuevos ocupados eran eventuales.

La diferencia de un mes entre ambos informes (el del INE se publicó a finales de julio) confirma la tendencia, al alza, del fenómeno de eliminación de la dualidad del mercado…hacia la precariedad.

Hagamos memoria. Cuando el Gobierno decretó “las medidas urgentes de reforma del mercado laboral” una de las motivaciones era la de hacer desaparecer las diferencias entre los contratados indefinidos y los contratados eventuales. Para ello desplegaron amplia información y argumentación sobre lo mal que se encontraba en aquellos momentos la sociedad española en cuestión de empleo.

Todo lo que en ese BOE (del 11 de febrero de 2012) se defiende, se basa en establecer la flexibilidad como motor de las relaciones laborales, a todos los niveles: contratación, despidos y negociación. Adaptando las condiciones de trabajo a las circunstancias concretas que atraviese la empresa y no a las circunstancias concretas que atraviesen los trabajadores y trabajadoras.

Pero cuando se nos dijo que todo era en pro de hacer desaparecer la dualidad, no se nos dijo hacia dónde se iba inclinar la balanza. Ilusoriamente, llegamos a pensar que podría favorecernos, pero no nos dijeron que la desaparición de la dualidad supondrían la implantación de la temporalidad más salvaje. No nos advirtieron que tendríamos que elegir entre un contrato de un mes, o menos, con jornada parcial o el desempleo. Por supuesto, ni se les ocurrió insinuar que perteneceríamos a ese tercio de la población mundial (en España, uno de cada cinco trabajadores) llamados “trabajadores pobres”, los que, aun teniendo un empleo, su sueldo no les permite salir de la pobreza.

Por supuesto que ni nos comentaron que caer en el paro supondría engrosar las estadísticas: 7 de cada 10 desempleados no reciben ningún tipo de prestación; o que podríamos ir a peor y pertenecer a ese 27,7% de personas que llevan más de tres años sin empleo. ¡Quién lo iba a decir! Hasta en la desesperación del desempleo existen clases sociales.

La temporalidad ha llegado para quedarse, de hecho está bien instalada. Uno de los datos que se dan en el BOE antes mencionado es alto índice alcanzado en la contratación temporal, 24%. Ahora, después de 4 años sigue en el mismo porcentaje, incluso en algún trimestre ha llegado al 36%.

El problema, como muchas otras cosas en esta sociedad, es la normalidad con que vivimos esta situación. “Esto es lo que hay”, se dice con demasiada frecuencia. Somos incapaces, o nos han hecho incapaces, de mirar la realidad a largo plazo, de averiguar las causas que han generado esta situación, peor aún, de ver claramente las consecuencias que toda esta ingeniería económica tiene para las personas y las familias, para su futuro personal, social y moral.

La precariedad ya ha dejado de ser laboral, ha pasado a ser vital.


Foto tomada de: http://4.bp.blogspot.com/-BInr9Hpww8/VI4b7fhmV5I/AAAAAAAAETU/T28jhib1eVE/s1600/letra-pequena-hipotecas.jpg