El pasado 3 de marzo, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) anunció una multa de 88,2 millones a prácticamente todas las empresas lácteas de gran consumo. El 19 de febrero sancionó con 32 millones de euros a varias grandes petroleras, incluida Repsol, por sus manejos en las gasolineras. El 26 de enero, la misma Comisión impuso 98,2 millones de euros a 39 empresas y tres patronales de gestión de residuos y saneamiento urbano, lo que incluye a varias de las mayores constructoras del país. En todos los casos lo mismo: prácticas para eliminar la competencia y aumentar las ganancias explotando, respectivamente, a los proveedores, los consumidores y los contribuyentes.

Podría pensarse que solo suman unos pocos cientos de millones, poca cosa comparada con una economía que produce más de un billón de euros al año. Pero hay razones para sostener que esto es muy significativo:

  1. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, y su antecesora, han multado a las empresas dominantes en la mayoría de los grandes sectores de la economía española. Eso ayuda a entender el nuestro como un capitalismo oligopólico, en que los grandes hacen beneficios no colaborando con las contrapartes sino explotándolas, no compitiendo con otras empresas similares sino acordando precios con ellas.
  2. Los oligopolios, enseña la Microeconomía elemental, conducen no solo a precios más altos sino también a menores cantidades producidas que mercados más competitivos. Si se produce menos, hacen falta menos trabajadores para producir. Nuestro ‘desempleo estructural’ tiene que ver con la estructura oligopólica de nuestra economía. Para reducir el desempleo, creeríamos que hay que bajar el precio del trabajo (la solución del gobierno) una vez que tengamos mercados competitivos, no antes.
  3. Las multas no disuaden a las empresas de oligopolizarse. A lo más, las hacen más cuidadosas para que no las pillen. Llamará quizás la atención del lector saber que muchas empresas presupuestan (mentalmente al menos) las multas por prácticas anticompetitivas. Eso es porque la CNMC solo puede multar lo que puede probar. Si yo hago 100 millones gracias a acuerdos oligopólicos, y me ponen una multa de 20 millones por el pedacito que pudieron probarme, todavía me quedan 80 millones ganados del oligopolio. Así que presupuesto la multa, pongo en la calle al memo que escribió el email que me cuesta los 20 millones, y sigo adelante.

La solución no hay que buscarla en sustituir los mercados oligopólicos por más monopolio estatal, sino al revés, en usar la fuerza del Estado para que haya verdaderos mercados competitivos. En tal sentido, estas actuaciones de la CNMC van en la dirección correcta. Pero, claro, si lo primero que se nos ocurre para arreglar la economía es que el Estado baje el precio al trabajo, que es justamente un suministro muy difícil de oligopolizar, ya empezamos mal. (Coherente por cierto con la preocupación expresada por la ministra de Agricultura sobre el futuro de la industria lechera en España tras esta multa. ¡Vaya a ser que esta vez de verdad hayan pillado el núcleo del negocio!)

En general, cabría preguntarse: ¿por qué no acaban primero con los oligopolios, en vez de comenzar precarizando el trabajo? ¿Por qué no hacemos mercados de verdad, en vez de esta fiesta de conejos chupando del biberón?

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