Tras la Lámpara Maravillosa de la Confianza

SIN SOLUCIONES MÁGICAS! Dibujo: Jorge Álvaro González@lineograma

¿Cómo favorecer la sana competencia en nuestro sistema político?

Participaba la semana pasada en un acalorado debate en el que se mostraba la desigualdad como el gran problema de nuestra sociedad con la potencia para desestabilizar el sistema democrático actual. Algunos iban más allá, equiparando nuestra situación al periodo entre ambas guerras mundiales. Sin quitar importancia a lacra de la desigualdad, esta última crisis ha supuesto además una grave ruptura de la confianza en el sistema actual que tantos progresos ha iluminado, en sus instituciones y en sus políticos. Y esta ruptura de la confianza sí tiene el potencial para oscurecer todo lo construido, y tal vez destruirlo.

Proliferan ahora la lámparas maravillosas con genio e ingenio de todo signo e índole política. En busca de la popularidad como si de un “reality show” se tratara, están dispuestos a prometer deseos imposibles con tal ganar el apoyo de unos pocos o de unos muchos. Pero las soluciones rápidas a los problema fundamentales son difíciles, incluso para los especialistas. Hasta los genios de lámparas mágicas tienen que buscar ayudas mágicas…

Una premisa fundamental de la democracia representativa es la confianza

Esta se genera entre ciudadanos políticos y ciudadanos votantes porque los segundos tienen la oportunidad de influir en el gobierno a través de sucesivas elecciones que hacen que los primeros rindan cuentas a la ciudadanía.

Los países nórdicos se enorgullecen de la honestidad y la transparencia de sus gobiernos. Pero, además, someten a estos a un riguroso escrutinio que les exige desempeño eficaz. Esto ha favorecido que se añadan a la transparencia otras dos cualidades muy importantes: el pragmatismo y la determinación. Cuando descubrieron que el consenso socialdemócrata ya no funcionaba, lo dejaron ir con bastante poco alboroto e introdujeron nuevas ideas de todo el espectro político. Todo esto sin sacrificar lo que hace que el modelo nórdico sea tan valioso: la capacidad de invertir en capital humano y proteger a las personas de las limitaciones inherentes al sistema de libre mercado.

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Nuestros sistema democrático y sus instituciones han sido capaces de proveer de unos niveles de progreso social y económico nunca vistos con anterioridad. Sin embargo, en un mundo que cambia rápidamente, es posible que los españoles no hayamos sido capaces de exigir el pragmatismo y la determinación necesarios para minimizar el impacto de los cambios. Es más fácil, pero seguro más doloroso a la postre, dejarse embelesar por lámparas y genios.

Sería comprensible pensar que no hemos exigido más competencia porque tampoco somos expertos ni conocemos las reformas que contribuyen a mejores cambios sostenibles para todos. Además, el problema se agrava porque tampoco premiamos la gestión más eficaz y valiente en aquellos problemas que más nos afectan. Carecemos de herramientas para valorar su desempeño.

Una paradoja de nuestro tiempo

Al mismo tiempo que desconfiamos de las instituciones responsables de gestionar lo que es de todos, confiamos ahora en un desconocido que nos lleve a cualquier rincón de nuestra geografía, o abrimos nuestra casa a desconocidos para que la usen durante unos días. Esto habría sido impensable hace unos años. ¿Qué ha cambiado ahora? Tanto los unos como los otros, son constantemente evaluados contribuyendo a visibilizar su reputación y generar confianza con el resto de ciudadanos. Y esto ha cambiado nuestra forma de comportarnos: elegimos el conductor con más estrellas, la casa con mejores recomendaciones y el restaurante con mejor puntuación.

¿Podemos utilizar el mismo sistema para mejorar la confianza en nuestros políticos?

En Estados Unidos el medio de comunicación US News ha desarrollado una plataforma interactiva “Los Mejores Estados” para clasificar a los 50 estados. La plataforma está diseñada para involucrar a los ciudadanos y los líderes del gobierno en una discusión sobre las mejoras que necesita cada estado y el país en su conjunto.

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Algunos estados brillan en el cuidado de la salud. Otros en educación. Varios se destacan en ambos, o en mucho más. Además del cuidado de la salud y la educación, han desarrollado comparativas con respecto a situación económica, la calidad de vida de los ciudadanos, las infraestructuras, la seguridad pública y la estabilidad fiscal. Para valorar el peso de cada indicador, la plataforma tiene en cuenta aquellos ámbitos que más importan a los ciudadanos de cada estado.

Estas herramientas, sin lugar a dudas, contribuyen a realizar un mayor seguimiento de nuestros políticos y, en consecuencia, reconocer o castigar en las urnas su desempeño. Quizás, así, podamos contribuir a la sana y necesaria competencia política por mejorar, en lugar de contribuir a la popular competencia por buscar el mejor genio de la lámpara.

 

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