La Justicia está por todas partes

El lenguaje sobre la actuación ética deseable de las empresas (y de rebote en toda la economía) ha ido desplazándose:

  • en los ‘70 se hablaba de Justicia;
  • desde los ‘90 de Responsabilidad Social de la Empresa;
  • en los últimos tiempos de Sostenibilidad.

Cambia la forma de hablar

Tal desplazamiento no consiste puramente en una “palabra de moda” sustituyendo a otra, meramente para vender libros nuevos a los nuevos gerentes, diciendo lo mismo que antes. Hay matices importantes:

  • La Justicia resulta, por la misma naturaleza del término, exigible. Exijo que me traten con justicia; puedo protestar la injusticia que se me hace o que presencio. La injusticia causa indignación moral y movilización política.
  • La Responsabilidad Social de la Empresa es otra cosa. En el lenguaje de la RSE, realmente exigible es solo lo legal. La RSE consiste precisamente en objetivos sociales o medioambientales asumidos por la empresa más allá de sus obligaciones legales; luego ya no es exigible.
  • La idea de RSE incluye sin embargo cierta “Responsabilidad”. Se responde ante alguien; luego habrá alguien ante quien la empresa debe responder más allá de la Ley, la sociedad, la opinión pública… Sostenibilidad es la palabra elegida para deshacerse de ese deber. La sostenibilidad social y medioambiental resultará muy deseable, pero es una opción de la empresa, si acaso buena para su imagen. Ya no se enuncia ninguna obligación de responder. Resulta enteramente opcional; con ella no se otorga directa ni indirectamente poder a otros para interpelar a la empresa.

[ctt template=”3″ link=”wRLOd” via=”yes” ]Ha ido cambiando la forma de hablar de la ética de las empresas, para eliminar toda exigibilidad[/ctt]

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Significados de la Justicia económica

Aunque la Justicia haya sido arrinconada en el lenguaje empresarial (y por extensión en toda la economía) al cumplimiento legal, los cristianos no debemos contentarnos con ello. La Tradición Católica nos presenta un concepto moral de Justicia que está antes y por encima del legal. Incluso si no es nuestra obligación legal, debemos actuar con justicia. Y si la obligación legal resulta claramente injusta (lo que a veces pasa) entonces debemos oponernos a ella y resistirla.

[ctt template=”3″ link=”7613j” via=”yes” ]La Tradición Católica nos presenta un concepto moral de Justicia que está antes y por encima del legal[/ctt]

Esa Justicia entendida en sentido moral es pertinente por todas partes en la economía:

  • En la generación de valor que llevan a cabo las unidades productivas, la Justicia requiere que el valor económico sea también valor para la vida humana. No siempre lo es: cosas por las que alguien pagaría un precio se ofrecen al coste oculto de dañar al mismo cliente, a terceros, al medio ambiente…
  • En la distribución de valor, la Justicia requiere proporcionalidad entre la contribución de cada cual a la generación de ese valor y lo que recibe como resultado de ella. Cuando alguien (trabajador, cliente, proveedor, accionista, medio ambiente, comunidad local…) es explotado para que otro gane más, ello es una injusticia que debemos corregir. Que el valor creado sea bien distribuido, no solo requiere un equilibrio justo de los contratos, sino también compensar las externalidades que van fuera de contrato, tanto positivas (si es muy bueno que una sociedad tenga niños, ¿por qué deben soportar básicamente todo el coste los padres?) como negativas (¿el bajo precio de nuestros móviles se consigue fomentando las guerras del coltan en el Congo?).
  • Que todos tengan oportunidades decentes para participar en la creación de valor (y quienes no puedan o ya no puedan, cuenten con derechos ciudadanos mínimos sobre la distribución de valor). Es la Justicia social: una justicia de acceso, propiedad del orden socio-económico más que de la acción de cada empresa.

Y luego, tocando a todas, puede encontrarse la Justicia Ecológica en sus diversas variantes: que el valor generado ahora no sea a costa de destruir las bases de la vida humana a medio plazo, que no ocurra quitando oportunidades a los más vulnerables, que no destruya el futuro de las generaciones por venir…

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Así, a la Justicia, antes y por encima de la Ley, se la encuentra como una condición moral necesaria por todas partes en la vida económica, para que esta resulte bien para la sociedad. Quizás no baste, pero ciertamente hace falta. No hay cantidad de tecnología, habilidades organizacionales, marketing de imagen, diplomacia corporativa, o lo que sea, que sustituya a la Justicia.

[ctt template=”3″ link=”x9buL” via=”yes” ]No hay cantidad de tecnología, habilidades organizacionales, marketing de imagen, diplomacia corporativa, o lo que sea, que sustituya a la Justicia[/ctt]

A la Justicia se la encuentra por todas partes, menos en el lenguaje de las empresas y en los textos de Microeconomía con que enseñamos a nuestros futuros gerentes como funciona la Economía. Allí la Justicia parece empezar y acabar, si acaso, en la Ley. Convendría seguir empeñados en resolver esa carencia, ya que buena parte de nuestra economía se hace en las empresas y se aprende en los libros.


Imagen: gerardoperez.es

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