Gandhi tenía un enorme respeto por el cristianismo. De hecho, reconocía que nadie había hecho más por la Humanidad que Jesús, pero criticaba a los cristianos por la enorme distancia entre lo que enseñaban y lo que practicaban.

Martin Luther King decía que de su formación cristiana había obtenido sus ideales pero la técnica de la acción la tuvo que buscar en el propio Gandhi.

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Cuando uno ve la fuerza, la garra y la energía con la que se mueve la gente de entornos progresistas en su lucha por la justicia, siendo muchos de ellos agnósticos o ateos, la verdad es que uno siente algo de vergüenza. ¿Por qué los cristianos no nos movilizamos igual? ¿Por qué no lo hacemos con la misma fuerza?

Al mismo tiempo, es cierto que esos mismos entornos progresistas parecen estar dispuestos a sacrificar en su lucha principios e ideales que para nosotros, los cristianos, son incuestionables. Valores que para nosotros son sagrados, no solo porque nos lo indique nuestra religión, sino porque lo vemos como ingredientes indispensables para la justicia, para la fraternidad y para el buen funcionamiento de las cosas.

Tal y como explicaba en mi POST “más de derechas que los de derechas y más de izquierdas que los de izquierdas”, es esa mezcla entre luchar con fuerza en favor de la justicia y al mismo tiempo defender y conservar las costumbres y los valores cristianos lo que caracteriza a la Doctrina Social de la Iglesia.

Creo que los cristianos hemos hecho por regla general en el siglo XX mucho más lo segundo que lo primero. Quizás por ello el Papa Francisco nos está llamando a la acción y a luchar también con  fuerza en favor de la Justicia.

La izquierda, la doctrina social de la Iglesia y nuestro querido Papa Francisco lo expresan con claridad: Tenemos que conseguir que la economía se ponga al servicio de las personas. Debemos conseguir que el dinero deje de mandar en el mundo y que se ponga a servir.

Para conseguirlo necesitamos sin duda de los ideales cristianos. Son una guía extraordinaria para que los medios empleados estén en consonancia con los fines. No es solo importante el fin, también es importante el camino.

Pero esto no va a ser suficiente. Necesitamos también la enorme fuerza de la izquierda política. Esos revolucionarios que gritan Justicia deben ser nuestros aliados hoy.

Su fuerza, su garra y su energía, junto con nuestros ideales, puede ser la mezcla que necesitamos para construir un mundo más justo.

Si la izquierda estuviera dispuesta a conservar lo que para nosotros es sagrado y al mismo tiempo nosotros estuviéramos dispuestos a luchar, a mojarnos y actuar como lo hacen ellos, no habría fuerza que pudiera con nosotros. El dinero caería pronto y se rendiría ante nuestro clamor por la Justicia. Después vendrá el cambio y, si los cristianos seguimos ahí, garantizaremos que el precioso don de la libertad no se pierde por el camino.