La igualdad de género en la nueva agenda de desarrollo sostenible

La igualdad de género conforma un principio presente en los Derechos Humanos y, además de ser un objetivo en sí mismo, supone un requisito necesario para conseguir el desarrollo sostenible centrado en las personas.[1]

El propio concepto de igualdad entre mujeres y hombres fue articulado en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y después se ha ido reforzando con la Convención de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW 1979) y la Declaración de la Plataforma de Acción de Beijing en 1995.

Según la UNESCO, la igualdad de género significa igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades para mujeres y hombres, y para niñas y niños. Supone que se tengan en cuenta los intereses, las necesidades y las prioridades de mujeres y hombres, reconociendo la diversidad de los distintos grupos de personas.

La igualdad entre niños y niñas en la educación constituye una preocupación básica en la nueva agenda de desarrollo sostenible.

La comunidad educativa mundial, reconoció en 2015 en el Marco de Acción Educación 2030, que la igualdad de género está íntimamente ligada al derecho a la educación para todos y todas. Para alcanzar la igualdad de género se requiere un enfoque que “garantice no solo que las niñas, los niños, las mujeres y los hombres obtengan acceso a los distintos niveles de enseñanza y los cursen con éxito, sino que adquieran las mismas competencias en la educación y mediante ella” (UNESCO 2016a, p.28).

Además, se hace especial énfasis en la importancia de que “todas las mujeres, las niñas, los niños y los hombres han de tener la posibilidad de participar activamente en la sociedad, de que se oigan sus voces y se satisfagan sus necesidades” (ONU-Mujeres, 2016a).[2]

Para alcanzar dicho objetivo es fundamental que se comprenda cómo afecta la educación en los temas de género, pues resulta imposible cambiar aquello que no se reconoce o no se comprende en profundidad.

Aunque es cierto que en los últimos años se han hecho muchos avances en la igualdad de género, aún quedan muchos retos para alcanzar hombres y mujeres tenga una participación activa e igualitaria en la sociedad. Y, precisamente, uno de los retos, está relacionado con el propio reconocimiento del camino que aún queda por recorrer en este sentido en cada una de las instituciones sociales donde aprendemos a relacionarnos, pues, hablar de igualdad de género no es hablar de mujeres y de hombres, si no de relaciones entre unos y otras.

“La escuela, como toda institución social, refleja las visiones sociales predominantes y, por ende, puede reproducir prácticas discriminatorias. Allí se aprende a relacionarse con los y las demás de acuerdo a lo que la cultura considera adecuado y se aprende o no el respeto al otro/a, a la diversidad, a tener conciencia de los derechos propios y ajenos. Al mismo tiempo, se aprende sobre las formas de subordinación, prejuicios, maneras discriminatorias de relación. Así, la institución escolar no solo construye a quienes la integran, sino que ella misma es producida por los hombres y las mujeres que participan en ella y por las representaciones de género, de clase y étnico-raciales que circulan por sus aulas. En definitiva, el género está presente en todas estas instancias que conforman el sistema educativo, lo producen y reproducen”. (Valdés, T., 2010:56)[3]

En este sentido, la coeducación aporta un enfoque educativo fundamental para el alcance de la igualdad de género y por tanto para el logro de los ODS ya que ofrece herramientas para identificar la desigualdad existente en la práctica educativa y recursos pedagógicos para trabajar en revertirla.

En el siguiente post continuaremos ahondando en este tema.

Objetivo nº 5 de los ODS

[1] Guía para la Igualdad de Género en las Políticas y Prácticas de la Formación Docente; UNESCO, 2014.

[2] Informe de seguimiento de la educación en el mundo 2016. Resumen de Género. UNESCO, París, 2017.

[3] Guía para la Igualdad de Género en las Políticas y Prácticas de la Formación Docente; UNESCO, 2014.

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