El encuentro del secretario-portavoz de la Conferencia Episcopal Española, D. José María Gil Tamayo, con los asistentes a la cita de entreParéntesis del pasado 29 de enero resultó cercano, iluminador y, además, bello. Como había anunciado el director, Daniel Izuzquiza, les esperaba una sorpresa, un pequeño concierto entre la conferencia y el coloquio con los asistentes, con varias piezas de música antigua, a cargo de un trío formado por una laica ignaciana y dos jesuitas.

Gil Tamayo habló con cercanía y claridad sobre su visión de “La presencia pública de la Iglesia”. Explicó con pormenores su tesis que se concreta en que estamos en una nueva etapa evangelizadora, con un nuevo contexto, en el que, para recuperar la presencia pública de la Iglesia, se necesita la presencia y la acción de todos los laicos en sus distintos ámbitos. Su charla, marcada de anécdotas y referencias al pontificado del papa Francisco y de Benedicto XVI, atrajo a los asistentes que pudieron compartir sus dudas al final del acto.

Gil Tamayo comenzó su conferencia con una síntesis del actual pontificado (ir a las periferias, que la Iglesia deje de ser autorreferencial, que se crea que tiene luz propia, una Iglesia de la alegría, que sale al encuentro de los demás…) para calificarla como posible guía de lo que debiera ser la presencia pública de la Iglesia en nuestro país. Insistió en cómo el Papa en la Evangelii Gaudium habla de una nueva etapa evangelizadora. Para Gil Tamayo esta nueva acción evangelizadora tiene que entenderse en el nuevo contexto de secularismo en el que estamos inmersos, donde se excluye al hecho religioso y se le deja “en un sin papeles del escenario púbico”.

Para hacer frente a ese secularismo apuesta por recuperar la creatividad de forma que la fe y la razón puedan convivir en un mismo escenario. “En esta nueva etapa hay que poner en estado evangelizador a toda la Iglesia”, afirmó, porque “la Iglesia tiene vocación de calle y por eso, vocación de espacio público”. Desde su punto de vista, en los últimos años ha habido un “encogimiento” del movimiento apostólico, así que necesitamos una presencia transformadora que “exige poner en valor la dimensión misionera y apostólica”, ya que el papa nos ha dicho que no podemos delegar la dimensión evangelizadora a las élites.

Citó como tentaciones de la presencia pública de la Iglesia: el restauracionismo, el funcionalismo, o el clericalismo. Y criticó con claridad el que se asocie “el hecho religioso” con “fundamentalismo” porque “se ha apoderado del espacio púbico una inquisición laica”. Para él, “el cristiano tiene que hacer posible ese espacio público como lugar de laicidad integradora: de la manifestación de la identidad propia sin complejos (…) Ese espacio exige una presencia integral, no solo en lugares sagrados ni solo un sector. Una dimensión integral en el mensaje y en las personas”.

Hizo hincapié en “reivindicar que hay que poner en valor el laicado vinculado a las órdenes religiosas, como CVX, como los Grupos Loyola y tantos y tantos otros laicos vinculados a la acción de la vida religiosa que también tienen su dimensión de presencia pública”. “Hoy más que nunca hay que vivir con coherencia responsable la fe en la calle, en la familia, con los amigos, en el trabajo, para hacer un mundo mejor y más justo”, eso es presencia pública, dijo.

 En cuanto a la comunicación de la Iglesia reconoció que “tiene que comunicar mejor” y mencionó que “el secreto no sólo está en estar en los MCS” sino en formar gente cristiana que esté en los medios de comunicación.

En este vídeo recogemos unas declaraciones de D. José María, realizadas minutos antes de pronunciar su conferencia.

Foto: José Mª Gil Tamayo con Daniel Izuzquiza