La Historia de Dos Inversiones

Por Ignacio Alvaro Benito

Aprendiendo a rendir cuentas para restablecer la confianza

Siendo niño mi padre me compró una pequeña cantidad de acciones de una empresa energética española. Supongo que quería educarnos en el ahorro y la inversión. Tuvo más éxito en lo primero que en lo segundo.

Durante esos años tengo el vago recuerdo de recibir una carta invitándome a participar en la junta general de accionistas de dicha empresa. La carta incluía algunos números y gráficos sobre la compañía. Me sentí importante y, de alguna manera, competente por ser invitado a dicho evento. Obviamente, no tenía ni idea de lo que era una reunión de accionistas.

Hoy en día, aunque el numero de mis acciones apenas se ha incrementado, aún sigo recibiendo la carta de la empresa energética. Eso sí, cada vez más comprensible y visual. Incluso, han desarrollado una aplicación para mejorar la comunicación y relación con sus accionistas.

Ahora os quiero contar otra historia

Unos años más tarde que en el caso anterior comencé a invertir un porcentaje de mis ingresos en otra compañía. A diferencia de la otra empresa, ésta sólo me invita a la junta general de accionistas cada cuatro años. No me envía resultados trimestrales o anuales y los datos de desempeño y rendimiento apenas son accesibles, cuando lo son, que no es siempre. En el pasado he tenido ocasión de votar para cambiar el consejo de administración y el equipo directivo. Sin embargo, tengo que admitir que nunca tuve la suficiente ni adecuada información para participar de una forma consciente e informada. Supongo que mis convicciones, conocimientos y, en ocasiones, mis emociones, pesaron más a la hora de participar que los escasos datos y evidencias con los que contaba. No se si es por esta razón pero, con el tiempo, la calidad de los candidatos a la dirección ha parecido empeorar sin que pudiéramos hacer mucho al respecto.

La empresa en cuestión es el gobierno español, nuestra inversión son los impuestos y el rendimiento de los mismos son los servicios e inversiones públicas que constituyen el estado del bienestar social y tratan de contribuir a una sociedad mas equitativa.

Se trata de dos historias muy diferentes pero, ¿tienen que serlo?

A lo largo de todo el siglo XX las empresas por todo el mundo se han visto sometidas a mayores requerimientos para reportar y transparentar información. Hay ejemplos que van desde ley de valores en EE.UU. (Securities Act, 1933) tras el crack del 29 para regular la compraventa de valores; hasta la Ley Dodd-Frank de EE.UU. (2010) que exige que las empresas extractivas de minerales de conflicto publiquen todas las inversiones que realizan en los países donde los extraen. En estos y muchos otros casos la sociedad civil y, también, los inversores institucionales han presionado a las empresas para que mejoren su gobierno corporativo a través de una mayor transparencia y una mejor rendición de cuentas de su gestión, no solo económica, sino también social y ambiental. Según un informe de KPMG (2013), de las 4.100 empresas encuestadas, el 71% reportaba sobre el impacto social y medioambiental de su actividad.

En el caso de la “otra empresa”, basta con leer la prensa o escuchar los medios para observar una creciente desconfianza entre los ciudadanos “accionistas” y los gobiernos, no solo en España, sino por todo el mundo, lo que parece impulsar un auge de los populismos de todo signo. En España, según el CIS, la confianza en el sistema de gobierno ha descendido durante los últimos años desde valores por encima del 50% en 1998 a mínimos próximos al 20% en 2016. Esta desconfianza no se centra sólo en los políticos, sino también en la administración pública.

Las numerosas protestas ciudadanas de los últimos años llevaron al gobierno a aprobar la Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno, de 2013. No obstante, parece que dichos esfuerzos no han tenido los efectos esperados.

Quizás sea el momento de que nuestro gobierno de la “empresa común” aprenda a reportar como ya lo hacen las otras empresas. Quizás sea el momento de exigirle una mayor rendición de cuentas que facilite nuestra participación informada en las “juntas de accionistas” cada cuatro años. ¿Recibiré algún día una carta del gobierno de España, o de los gobiernos locales, con su informe trimestral o anual sobre nuestras inversiones y el impacto de estas en la equidad y bienestar social? Aún mejor, ¿podré descargarme una aplicación en el móvil desde donde hacer un seguimiento sencillo y comprensible de su gestión de lo público?


Imagen: Jorge Alvaro @jorgerejalon48 : “Maneras de medir

4 Comentarios

  1. Mientras la empresa privada es presa de sus cuentas, la empresa pública es presa de sus cuentos… Buen artículo

  2. Hola Ignacio! Un gusto leerte en este foro! De acuerdo con tu reflexión en general; en cooperación pasa exactamente lo mismo, como bien sabes… Sin embargo, cuando hay temas políticos por medio, muchas veces la información está publicada y la gente sencillamente no se quiere informar, o no es suficientemente fácil informarse (preferiría que se lo envíen a su casa), o cuando se informa no le parece lo suficientemente claro, o le parece complejo, o incompleto, o simplificado, o sesgado, o desconfía sin más, etc, etc. Por supuesto eso no quita un ápice de importancia a lo que dices, pero es que hay gente que no por esas… Un abrazo. Paco

  3. Me parece un articulo muy bueno y tiene mucha rozan , Los organismos públicos que manejan nuestro dinero tiene que rendir cuentas como las empresas.Gracias por la refelexion.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here