La guerra de M. Hollande

España no debe participar en la guerra de M. Hollande en Siria por muchas razones, pero con la primera es suficiente. No es preciso profundizar sobre las graves implicaciones éticas y políticas de ir a la guerra; basta con notar que esta es una guerra falsa.

M. Hollande está haciendo la guerra no para ganar al DAESH en Siria, sino al Front National en las elecciones francesas. Ante la conmoción nacional tiene que parecer durísimo para que no se lo coma Mme. Le Pen.

 

El verdadero conflicto armado al que se enfrenta el Estado francés no tiene lugar en Siria sino en Francia, no es con ningún “Estado” territorial sino con los yihadistas que ya tiene dentro, y no se lucha con ejército sino con policía (que hable árabe y entienda los dialectos a ser posible). Resulta ridículo sostener que se necesita mucho dinero para montar atentados como los de hace una semana, y que eso solo puede venir del petróleo. Más bien sorprendería lo barato que resulta asesinar gente, sobre todo si el asesino no aspira a salir vivo del intento, que es lo más caro.

(Un paréntesis aquí: cuando digo que este conflicto se lucha con policía, me refiero a policía de verdad, no a policías disfrados de militares. En Barajas patrullan arriba y abajo policías nacionales, metralletas en bandolera. En un aeropuerto, si disparan un arma de esas a lo mejor matan a los malos pero sin duda matan también a un montón de pasajeros. Como ellos lo saben, no dispararán sus metralletas cuando haya civiles, que es básicamente lo que hay en los aeropuertos por todas partes. ¿De qué sirven entonces las metralletas más que para estorbar a los policías, si tienen que actuar? ¿Es que los malos son además tontos y se dejan disuadir por unas armas absolutamente inadecuadas para el entorno? ¿O es que los tontos somos nosotros, que nos sentimos más seguros al ver policías con unas armas que los vuelven de hecho peligrosos?).

Retornando a nuestro tema, si M. Hollande gana la guerra en Siria y desbanda a los combatientes del “Estado Islámico”, un buen número de ellos se los va a encontrar de nuevo como terroristas en Francia (y a otros nos los vamos a encontrar aquí, por cierto). Mientras están en Siria, no matan en Francia; ya es algo.

Además, la guerra de M. Hollande por acabar con el “Estado Islámico” en Siria la están haciendo, con gran eficacia, los rusos. A diferencia de los occidentales, los rusos saben no solo quién quieren que pierda la guerra sino también quién quieren que la gane: el presidente Al Assad. Un carnicero, un asesino en masa demostrado (y perseguido en Francia por ello, casualmente), pero con él la flota rusa tiene en el Mediterráneo puertos amigos, tras perder los de Egipto y Libia. Los rusos resultan mucho más eficaces que los occidentales, porque están haciendo una guerra de verdad con aliados sirios, libaneses e iraníes sobre el terreno, y no una guerra de mentira a la salud de la opinión pública interior.

Así que igual nos convenía dedicar los recursos a una lucha policial intensa contra el terrorismo yihadista en nuestro territorio (que es Europa, obviamente: en esto con paisitos seudosoberanos no avanzamos mucho) en vez de ir a hacer el ganso a Siria por razones de política interna francesa.

Más filosofía cristiana sobre la guerra justa y demás puede hacerse, llena de matices y considerandos. Pero para qué vamos a gastar cartuchos en espantapájaros.

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