La generación conectada debe tomar Davos

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El momento ha llegado. Como cada inicio de año, ayer daba comienzo el ‘Foro Económico Mundial’, en el que las élites políticas y económicas se reúnen para, agárrense a sus asientos, “mejorar el mundo”. Y el lugar escogido para ello es Davos, una pequeña ciudad suiza caracterizada por ser el mayor enclave turístico de la cordillera alpina. O, como diría mi madre, “donde va a veranear o invernar la gente pudiente”.

¿Élites conspirando para mejorar el mundo? Sí, podría parecer un ejempo de oxímoron de los de libro de primaria, pero esa es, al menos, la declaración de intenciones de este Foro de Davos. No parece una tarea sencilla, máxime cuando esta edición viene especialmente cargada de problemas de escala planetaria: se hablará del cambio climático, de la crisis de refugiados, del desplome del precio del petróleo o de la crisis económica que sufre China y que tiene acongojadas a las economías de occidente.

Hay un temazo que, sin embargo, no estará en las prioridades de las conversaciones de Davos pese a ser una lacra global de esas que nos aniquilan lentamente como sociedad: el aumento imparable de la desigualdad y su conexión con los paraísos fiscales.

El pasado lunes, Oxfam lanzaba en Davos el informe Una economía al servicio del 1%’ con una batería de datos que parecían destinados a amargarnos todavía más un Blue Monday ya de por sí tristón. Actualmente, 62 personas poseen la misma riqueza que los 3.600 millones de personas más pobres del mundo. Lo mejor de todo: esos 62 individuos se han forrado más que nunca en plena crisis económica: desde 2010 hasta hoy, mientras los recortes y el desempleo eran nuestro pan de cada día, ellos incrementaron su riqueza un 44%.

El entramado sobre el que se asientan estos niveles alarmantes de desigualdad, a priori complejo, es más sencillo de lo que parece:

  • Los ciudadanos y ciudadanas necesitamos que nuestro Estado nos proporcione unos servicios públicos que nos permitan tener una vida digna.
  • Los costes de esos servicios públicos se sufragan con los impuestos que pagamos y que deben ser proporcionales, es decir, que paguen más quienes más tengan.
  • Los que más tienen no quieren pagar. Se escaquean con entramados unas veces legales (elusión fiscal) y otras ilegales (evasión fiscal) con la complicidad de los paraísos fiscales.
  • Todo ello trae consigo dos problemones. El primero, que alguien tiene que pringar y pagar el escaqueo fiscal de las grandes empresas y fortunas, y ahí estamos todas las ciudadanas de a pie; como cuando el vivo de nuestro grupo de amigos se va del restaurante sin pagar y nos toca al resto cubrir su parte. El segundo, más grave todavía, que su escaqueo se traduce normalmente en recortes de políticas públicas como sanidad, educación, servicios sociales o cooperación.

Es este el punto en que tendría que llegar nuestro golpe en la mesa. Nuestro “Se acabó. Por ahí yo no paso”. Pero en cambio preferimos dejar en manos de “las élites” la solución a esta injusticia global. De las 200 empresas analizadas por Oxfam en su informe, entre las que se encuentran las socias estratégicas del Foro de Davos, 9 de cada 10 tienen presencia en paraísos fiscales. Vamos, que hemos dejado a nuestro amigo “el vivo” la responsabilidad de evitar que nadie se escaquee de pagar la próxima vez que vayamos a cenar. ¡Error! Como bien apunta el presidente de la Global Civics Academy, Hakan Altinay, La gente corriente, promoviendo el civismo y la cooperación en el seno de sus sociedades, podría estar más cerca de hallar las soluciones a los problemas clave que las engreídas élites.

Vivimos en la era de la gente corriente. Es nuestro momento. La revolución tecnológica nos lo ha puesto en bandeja: somos mayoría (99%), estamos conectadas, tenemos herramientas para organizarnos, y somos conscientes del poder que tenemos; la generación conectada debe tomar Davos. Solo nos falta escuchar más a nuestra indignación interior, esa que te remueve por dentro y te activa por fuera. Yo de momento la he escuchado y he firmado la petición lanzada por Oxfam para acabar con el escaqueo fiscal.

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