La fuente de Ellacuría y compañeros mártires

La vida de los jesuitas mártires de la UCA, nos revela que el centro de los cristianos es una vida en el Espíritu. Esa es la raíz del dinamismo de su vida, que los sostiene y los lanza a hacer más divino este mundo, más humano, más pleno, más reconciliado, más verdadero. Y ello hasta perder la vida para que haya más vida para todos, empezando por los más despojados de su humanidad. Ni quiere impedir la vida de los otros, ni vivir y morir matando sino vivir y morir comunicando vida. Como Jesús de Nazaret. Por eso el cristianismo, cuando es tal, posee un dinamismo que trasciende y descoloca al poder y las ideologías.

Peter Hans Kolvenbach, quien acompañó como Superior General de los jesuitas el proceso de los últimos seis años de vida de Ellacuría y sus compañeros, nos deja este testimonio:

El impacto:

“Recuerdo que recibí la noticia del asesinato de los jesuitas en El Salvador una tarde que ya nunca olvidaré. Me sentí profundamente emocionado, Recé, pero también tenía que actuar inmediatamente. Fui a la Santa Sede ya que conocíamos los nombres de otras personas que figuraban en la lista de los señalados por los militares para ser eliminados y era absolutamente necesario activar contactos diplomáticos para ser eliminados y era absolutamente necesario activar contactos diplomáticos para evitar otras matanzas”.

El contexto y las mediaciones:

“La noche en que fueron asesinados los jesuitas, las guerrillas habían tomado prácticamente la ciudad. El ejército creyó que debía tomar medidas extremas y radicales. Una de ellas era proteger al pueblo y otra la de erradicar, como ellos señalaron, a los dirigentes de la guerrilla. Los jesuitas no pertenecían a las guerrillas, pero durante años y años habían venido trabajando como un grupo intelectual que promovía la justicia en El Salvador para ayudar a que los pobres salieran de su miseria. A los militares esto les parecía motivo suficiente para considerarles “muy peligrosos”. También los jesuitas tenían bastante contacto con la guerrilla, dentro y fuera de El Salvador, y además estaban en contacto permanente con el Presidente de El Salvador y ministros de gobierno. Intentaron llevar a las dos partes a un acuerdo. Sin embargo, el ejército consideró esta acción sumamente peligrosa. A veces tratar con los mediadores resulta incluso más difícil que tratar con los radicales.

Y este es el motivo por el cual fueron asesinados. Resulta algo extraño que unos jesuitas, que sabían que su vida estaba en juego, no vieran que esto podría ocurrir. Conocían al detalle la situación del país; con frecuencia hablaban por radio o televisión como analistas de esta situación, pero no llegaron a prever, aun cuando estaban muy próximos a los cuarteles mayores militares, que esto podría pasar. Los asesinos llegaron como ladrones en la noche.”

La fuente:

“Debo decir que los asesinatos no me sorprendieron. Pero creo ciertamente que, si miramos hacia atrás en este caso, apreciaremos que la fuente, la motivación, la fuerza de cuanto ocurrió no era ni política ni ideología; era el deseo de vivir de verdad el Evangelio. Aquí había unas personas que tomaron el Evangelio del Señor como algo real y, lo mismo que el Señor, alzaron su voz en defensa del pobre. Actuaron no por motivaciones políticas o ideológicas. Se habían hecho conscientes de que uno no puede llamarse cristiano si no toma parte en la preferencia de Cristo por los pobres”.

Las ideologías:

Les visité pocos meses antes de que fueran asesinados y en la visita compartimos muchas cosas. Les dije que algunos padres de alumnos nuestros en los colegios de los jesuitas en América me habían preguntado muchas veces: «Padre, ¿Por qué los jesuitas de hoy ya no son como los jesuitas de antes? Hay tantos que son comunistas o izquierdistas…».  En nuestra reunión les presenté esta pregunta a los jesuitas en la Universidad Centroamericana (UCA). Cuando les dije: «Al parecer, todos ustedes son marxistas o comunistas», se sonrieron. Y el P. Ellacuría dijo: «Cree usted que nosotros daríamos nuestra vida por Marx y sus teorías? Somos compañeros de Jesús y éste es el misterio de nuestra vida».

Su espiritualidad:

“Sabían lo que podía pasar, pero lo aceptaron como parte de lo que significa vivir como compañeros de Jesús, viviendo con Él el misterio pascual. Cuando una vez hablé con ellos acerca de si sería mejor que abandonaran el país, me dijeron: «¿Abandonó usted el Líbano durante la guerra civil? No. No lo hizo. No es propio de nuestra espiritualidad abandonar al pueblo precisamente cuando la situación se hace difícil o incluso peligrosa».

Hasta aquí el testimonio de Kolvenbach. Tras este, no es difícil entender la anomalía de lo cristiano. No se queda en las mediaciones políticas, científicas o ideológicas. Las puede emplear, porque forman parte de este mundo, pero siempre con discernimiento y no como raíz de su vitalidad y compromiso. Por eso no parece de “este mundo”, aunque no lo abandona a las solas fuerzas de los poderes y de sistemas de pensamiento cuando se absolutizan. Es despreciado por unos, cuando parece que no responde con “valor”, o por otros, por su ausencia de “realismo” suficiente para entender cómo es el mundo real. No sabe tratar a la bestia humana como lo que es. Anda cegado con quimeras utópicas. Cree que es posible otra humanidad y otra tierra ya en este mundo. Por eso tiene que pagar un precio.

 

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Foto: Capilla de la UCA. La lápida recoge un texto de la Congregración General 32 (1975) de los jesuitas.

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