La explotación del entusiasmo

Se acaba de publicar el último Premio Anagrama de Ensayo, un libro de Remedios Zafra titulado El entusiasmo: precariedad y trabajo creativo en la era digital. Es un trabajo que mezcla sin complejos perspectivas sociológicas, filosóficas, narrativas y poéticas para conformar un alegato, de carácter generacional, contra la precarización de las actividades humanísticas y creativas en nuestra sociedad. En sus páginas encontramos un severo diagnóstico a una sociedad en la que la postmodernidad ―palabra que Zafra no utiliza― ha podido descabalgar criterios de valor tradicionales, pero lo ha hecho a cambio de someter todos sus ámbitos a la más burda lógica de mercado.

[ctt template=”3″ link=”l5M1F” via=”yes” ]La postmodernidad ha descabalgado criterios de valor tradicionales, a cambio de someterlo todo a la más burda lógica de mercado[/ctt]

Zafra se refiere a temas muy diversos: desde las redes sociales al mundo académico, pasando por las relaciones interpersonales o la sexualidad. Pero sus argumentos más acerados los dirige contra un capitalismo que explota sin piedad la vocación que muchos sienten hacia disciplinas relacionadas con las ciencias sociales y humanas o hacia la creación, generando un sistema competitivo que reduce al mínimo los costes de producción a base de becas siempre inestables, salarios ínfimos y colaboraciones voluntarias. El propio entusiasmo y pasión creadora quedan instrumentalizados por un sistema que se vale de quienes «trabajarán gratis y hasta puede que den las gracias».

Resulta que en esta nueva era digital las víctimas siguen teniendo el mismo rostro que siempre: desempleados, pobres, diferentes… y entre todos esos rasgos la autora destaca uno que nunca falta en la lista de damnificados de cualquier modelo social, tampoco en el de la era digital: la condición de mujer. El entusiasmo es un libro feminista feroz. Allá donde mira, Zafra señala las constantes renuncias y subordinaciones a las que se somete a las mujeres. No son una excepción tampoco los relatos idealizados de éxito con los que se ha forjado el ideario de nuestra era: historias de adolescentes empollones que se reúnen en un garaje para idear una gran empresa tecnológica y triunfar en la vida, «pasando por alto lo que los hace iguales entre ellos: que son hombres». Mientras, «las mujeres habitan esos otros trabajos de mediación y comunicación donde la tecnología es usada para atender y escuchar problemas».

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[ctt template=”3″ link=”m1c1s” via=”yes” ]en esta nueva era digital las víctimas siguen teniendo el mismo rostro que siempre: desempleados, pobres, diferentes… [/ctt]

Zafra salpica su texto con capítulos literarios sobre la vida cotidiana de Sibila, un personaje de ficción que encarna las miserias que el libro disecciona. Una mujer de treinta o cuarenta años, con formación humanística, que encadena empleos precarios, becas y encargos semiprofesionales como autónoma que apenas le permiten alojarse en un habitáculo minúsculo, mientras van marchitándose su esperanzas de vivir dignamente de un trabajo en el que sentirse realizada.

Late en la autora un impulso revolucionario que puede dulcificar un tanto su amargo discurso. Zafra aboga por una transformación desde abajo, desde la reconfiguración de lazos de solidaridad y apoyo entre personas que siendo diversas pueden reconocerse como iguales: desempleados, estudiantes, queer, inmigrantes, pobres…: «mientras los lazos comunitarios estén desarticulados, el equilibrio de “unos que mandan sobre muchos” no es solo más estable es una roca».

[ctt template=”3″ link=”r5Mx8″ via=”no” nofollow=”yes”]Una transformación desde abajo, desde la reconfiguración de lazos de solidaridad y apoyo entre personas que siendo diversas pueden reconocerse como iguales…[/ctt]

En opinión de este humilde lector, ni «los unos» que mandan ni «los muchos» sometidos son tan claramente identificables y distinguibles, y la realidad no se corresponde a ese esquema neofeudal, aunque a veces, ciertamente, lo parezca. En todo caso, incluso para quienes no compartan su visión hipercrítica, la voz de Remedios Zafra, con una escritura sin artificios pero de gran elegancia, resultará un disfrute estético y una sacudida intelectual que ayuda a tomar conciencia de las nuevas y no tan nuevas formas de sometimiento y explotación en la era digital.

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