La espiritualidad de los terroristas de Barcelona

¿Es posible asesinar desde una genuina experiencia espiritual? Los atentados de Barcelona y Cambrils sugieren que sí.

La prensa nos informa de varios aspectos interesantes:

  • Younes Abouyaaqoub, el asesino de la furgoneta de Barcelona y luego de Pau Pérez, murió gritando “Alá es grande”. Su muerte fue voluntariamente inducida, porque enseñó a los policías que iban a detenerle un falso cinturón explosivo, dejándoles muy poca alternativa sino dispararle.
  • El imán Abdelbaki Es Satty tenía intención de inmolarse en un atentado suicida, según Mohamed Houli en declaración ante el juez de la Audiencia Nacional. Un cinturón de explosivos reales encontrado en la casa de Alcanar, era suyo, según parece. En el mismo lugar ha aparecido una nota de Es Satty que comienza (sorprendentemente para cualquier teología, dado que la segunda frase ya contradice a la primera): “En nombre de Ala, El misericordioso, El compasivo. Breve carta de los Soldados del Estado Islámico en la tierra de Ándalus para los cruzados, los odiosos, los pecadores, los injustos, los corruptores.”
  • Los participantes en el grupo terrorista eran en su mayoría jóvenes venidos de Marruecos de niños o muy niños, no mal integrados desde el punto de vista académico, laboral, social, etc., que fueron radicalizados por el imán Es Satty en pocos meses, a lo más un año. Una parte de esa radicalización consistió en instrucción religiosa que el imán llevaba a cabo en secreto, fingiendo no conocerse y reuniéndose con ellos en una furgoneta. La línea de instrucción era muy distinta a la que el mismo imán desarrollaba en la mezquita Annour de Ripoll donde dirigía la oración .
  • El proceso espiritual con los muchachos culminó al final del pasado Ramadán (un mes de ayuno y oración, muy importante en todas las variantes del Islam, que este año finalizó el 25 de junio). Al terminar ese proceso, habían perdido el miedo a morir, y probablemente habían tomado una decisión que les liberó de otras preocupaciones más inmediatas, como los eventuales problemas familiares.

En nuestro post anterior habíamos notado que asesinar en nombre de Dios es una blasfemia, y que una blasfemia constituye un hecho religioso. Aquí nos planteamos una pregunta más difícil: si eliminando los demás factores concurrentes en diversa medida en los distintos involucrados, todavía puede reconocerse una genuina experiencia espiritual en los terroristas, no accidental o colateralmente, sino una experiencia espiritual que les llevó a asesinar y a dejarse matar.

La cuestión se plantea con más claridad en Es Satty y Abouyaaqoub, como podemos ver en nuestro breve recuento de prensa. Pero su importancia va más allá de los atentados: tiene el potencial de confirmar a muchos de nuestros contemporáneos que la experiencia espiritual es asunto de fanáticos religiosos, del que toda persona sensata hará bien en mantenerse apartada. Es necesario pues comprender un poco más lo que ocurrió y lo que está en juego.

¿Qué es una experiencia espiritual?

Todas las personas tenemos una dimensión espiritual, a la que podemos atender mejor o peor. La experiencia espiritual que cabe cultivar en esa dimensión contiene tres rasgos esenciales:

  • Es una experiencia interior que no necesariamente incluye palabras, y por tanto puede reducirse a un sentimiento, una emoción, etc, o incluirlos como punto de partida o de llegada. Para atender a esos movimientos afectivos interiores, el silencio de escucharse a uno mismo a un nivel profundo es muy importante.
  • Es una experiencia en que la persona se siente alcanzada por la trascendencia, de manera que sabe que la resonancia que siente dentro de sí no viene de él mismo ni de su entorno inmediato (los mensajes que recibe de unos y otros, líderes religiosos incluidos). Ni la autosugestión ni la sugestión forman parte de la experiencia espiritual, aunque con frecuencia sean difíciles de distinguir.
  • Es una experiencia de sentido trascendente. Sitúa la propia vida dentro de una narración mayor, que incluye la existencia terrena pero también nuestro destino más allá de ella, y a menudo también el origen último de nuestra persona.

Variantes de no-espiritualidad en Occidente

Esta es una experiencia de que muchos carecen en nuestra cultura actual, aunque todas las personas mentalmente sanas posean desde la infancia la potencialidad para ella, o sea, una dimensión espiritual.

  • La razón más frecuente de esa carencia estriba en que vivimos en una sociedad de muchos ruidos (porque solo haciendo ruido se consigue vender), donde a la mayor parte de las personas les falta el tiempo y la tranquilidad, incluso la perspectiva, para hacer el silencio interior que la experiencia espiritual requiere. Se vive en la superficie sensorial de sí mismo, que invade todo lo demás con el masivo impacto de sus estímulos. Así ocurre, por ejemplo, en el consumismo que es el eje de muchos modos de vida.
  • Hay ateísmos intelectualmente más serios, de personas que entran en contacto con su dimensión espiritual pero no encuentran allí sentido, porque piensan (normalmente es una convicción intelectual) que la existencia humana no tiene otro sentido que el que uno quiera darle. Por tanto, ningún sentido viene de la trascendencia: nada puede recibirse de lo que no existe. Todo acaba con la muerte, y la experiencia espiritual de quienes la relatan es meramente autosugestión o sugestión mal etiquetadas. El existencialismo ateo es un ejemplo de esto, y también lo son algunas ‘espiritualidades de la nueva era‘, en que la interiorización constituye una herramienta contra el estrés, pero no se espera nada más de ella.
  • Y hay una tercera familia de ateísmos que podríamos llamar ‘religiosos’, cuyo padre último en Occidente es Hegel. En ellos se dan todos los puntos de una experiencia espiritual salvo que la fuente de sentido no es trascendente sino inmanente a este mundo (pero trascendente de la persona): el proletariado, los pobres, la nación, la raza, la naturaleza… Respecto a ello, pueden ocurrir los tres aspectos de una experiencia espiritual: interiorización, sentido, ser alcanzado por algo más grande que uno mismo. Algunos anarquismos y algunos nacionalismos constituyen buenos ejemplos.

El rol de la teología

Hasta aquí, el lector reprochará que no hay nada de discernimiento ético en mi descripción de la experiencia espiritual. En principio, así es: esa experiencia no necesita palabras; se vive como un movimiento afectivo. Nada nos autoriza a dudar de la genuina experiencia espiritual de San Bernardo, cuando predicaba con gran entusiasmo (y éxito) la Segunda Cruzada.

Pero precisamente como le basta ser un movimiento afectivo, la experiencia espiritual necesita interpretación para volverse visión del mundo (por tanto para comunicarse como sentido de la existencia) y para generar discernimiento ético de las decisiones. Esa interpretación que nos lleva del sentimiento al pensamiento y la acción, es realizada por una teología. Quizás podrían compararse con el motor y el volante: la experiencia espiritual es el motor; la teología el volante.

Claro está que la separación es sobre todo conceptual, pero tiene importancia. La teología, consistiendo en palabra, constituye necesariamente un hecho social que ocurre en grupos religiosos o por referencia a ellos. Y la experiencia espiritual, aun irremisiblemente interna, acontece normalmente dentro de uno de esos grupos y por tanto de su teología. No se da pura y luego busca interpretación, sino que habitualmente se da ya dentro de una interpretación.

Así que es normal que el creyente interprete su experiencia espiritual desde la teología a la que presta crédito, que suele ser la de grupo al que pertenece. Piensa que la voz de Dios que siente en su interior confirma las claves teológicas para interpretarla que ha recibido de afuera. Esto ocurre en todas las religiones.

¿Qué son las sectas?

Entre las religiones, un grupo peculiar lo constituyen las sectas. En las sectas hay un elemento teológico y un elemento social, que llevan el uno al otro.

La teología sectaria mueve a la persona a polarizarse sobre una sola identidad: la de creyente. Todos vivimos sobre muchas identidades simultáneas: una familia, un pueblo y su cultura, una profesión, una posición laboral, un género, un club de fútbol, un lugar de crianza y de referencia, una nacionalidad, unas asociaciones a que pertenecemos, una religión… La teología de la secta declara importante solo a una de esas identidades (la religiosa), porque solo ella llevará al sujeto a la salvación.

Las identidades no son algo meramente interior. Constituyen lugares donde podemos ‘enganchar’ con los demás. A partir de ellas, se nos facilita emocionalmente establecer vínculos con otros, porque nos identificamos en algún aspecto con ellos. La teología de la secta elimina todos esos ‘ganchos’ diferentes, reduciéndolos a uno solo: la secta misma. Todas las relaciones significativas para la persona acaban quedando en el ámbito social de la secta.

Este segundo paso define a la secta. Su objetivo suele consistir en la explotación del fiel por alguna organización de poder económico o político. Pero ello puede ocurrir tanto fuera de la teología de la secta, como dentro de ella. Puede ser, por ejemplo, que la secta busque explotar económicamente a sus miembros, mientras proclama la pobreza como estado deseable de vida (que los líderes no comparten). En este caso, la explotación es externa a la teología sectaria. Pero también puede ocurrir que sea interna: por ejemplo, la secta propone la muerte por la fe en atentados suicidas, a la que los mismos líderes están dispuestos. Predican con el ejemplo.

En el caso de los terroristas de Barcelona, los datos que tenemos hacen pensar en una secta del segundo tipo, en que la teología justificaba el uso de los miembros con propósitos terroristas, y Es Satty no convencía teológicamente a los muchachos de nada que él mismo no estuviera dispuesto a hacer. Con el giro adicional de que, para permanecer en la clandestinidad, disimulaban que habían cortado interiormente con todas sus otras identidades y los lazos sociales correspondientes.

Así, el sentido religioso con que el imán Es Satty interpretaba la experiencia espiritual de los muchachos (y la suya propia seguramente) era coherente con lo que les proponía hacer. Debe notarse además que si los muchachos llegaron por primera vez a una experiencia espiritual profunda bajo la enseñanza de Es Satty, más siendo jóvenes y sintiéndose culturalmente descolocados, fácilmente confundieron esa experiencia espiritual con la verdad de la teología subyacente. Por eso nos cuentan los amigos marroquíes de Abouyaaqoub, que este sentía haber descubierto la verdad.

La verdad de una teología

La experiencia espiritual no puede ser verdadera o falsa, porque constituye un acontecimiento interior. Puede ser más o menos genuina o auténtica, según corresponda mejor o peor a las características que enunciamos arriba.

A la teología se aplican mejor las palabras verdadero y falso, pero tampoco magníficamente bien. Con seguridad, no se aplican de la misma manera que en las ciencias, de donde solemos tomar nuestra idea de lo verdadero y lo falso en este tiempo. Mientras las ciencias intentan captar hechos inmanentes con conceptos precisos (matematizando siempre que pueden), la teología emplea abundantemente los símbolos, necesariamente más ambiguos, porque su mapa de sentido incluye lo trascendente, que no es bien conceptuable. No puede ser de otra manera: un sentido que no traspasa la muerte, no es realmente un sentido para nuestra existencia.

Así que la teología puede explorar racionalmente lo verdadero y lo falso de manera limitada. Al menos debe evitar:

  • la contradicción interna en sus símbolos (no cabe un Dios compasivo y misericordioso que quiera la muerte de civiles a tutiplén);
  • la contradicción entre sus símbolos y los significados propuestos por los fundadores de la respectiva religión, y sus figuras más reconocidas, hasta donde podemos llegar a conocerlos aplicando herramientas hermenéuticas; y
  • la contradicción entre esos símbolos y las interpretaciones que los fieles hacen de su experiencia espiritual como visión del mundo y/o como discernimiento moral.

Y a lo más, evitar también:

  • la contradicción entre las interpretaciones religiosas y algunas ideas sobre el mundo y nuestra acción positiva en él, a las que hayamos llegado por vías razonables distintas a la religión.

Pero mucho más no puede. Y el último punto, bastante obvio para los hijos culturales de la razón occidental que arrancó con Santo Tomás de Aquino, no necesita serlo para los anteriores ni para los posteriores:

  • Para los culturalmente anteriores, “creo porque es absurdo” resulta una proposición sensata, que se aplica especialmente a cualquier afirmación que su teología asigne a Dios.
  • Para los hijos más o menos consistentes de la post-Razón, hay poca afirmación sobre lo humano cuya verdad podamos justificar racionalmente, sino que todo “depende”; por tanto puede depender también de la teología que uses.

Los terroristas de Barcelona

En el caso de los terroristas de Barcelona, particularmente Es Satty y Abouyaaqoub, los datos que tenemos hacen pensar en una genuina experiencia espiritual interpretada dentro de una pésima teología que les llevó a integrarse en una secta, cuyo propósito inmediato era el asesinato masivo por voluntad de Dios. Como mencionamos en nuestro pasado post, ese asesinato se inserta dentro de una dinámica política terrorista, que va más allá de Es Satty y cuya concreta articulación la policía está investigando.

Son pues tres escalones que llevaron el uno al otro. No tenían por qué haberlo hecho necesariamente. En el Islam hay muchas teologías posibles desde las que interpretar experiencias religiosas intensas. Incluso quienes comparten las versiones más radicales de esas teologías, no siempre están dispuestos en la práctica a sectarizarse y matar por ello. Pero en este caso la estrategia política se encargó de asegurarse de que así fuera con este grupo en particular.

¿Es la experiencia espiritual peligrosa?

Por supuesto que lo es, como los atentados de Barcelona y Cambrils muestran. Una experiencia espiritual genuina, con gran fuerza interior, puede interpretarse desde una teología que le dé una dirección sectaria primero, asesina después.

Pero todas las dimensiones constituyentes la persona, conforme se desarrollan, dan lugar a grandes fuerzas que siempre son peligrosas porque siempre pueden ser mal guiadas. Por el contrario, bien orientadas, esas mismas fuerzas constituyen los motores de la construcción interna de cada persona, de sus familias y comunidades, de las diversas civilizaciones, y finalmente de la Humanidad. Esto se aplica al sexo, al poder, al dinero, al prestigio, a la afiliación, a la sobrevivencia… Por todo ello se puede matar; y desde todo ello se puede dar vida. También desde la experiencia espiritual.

Las personas somos todas peligrosas porque hay gran fuerza dentro de nosotros. No tenemos la vida resuelta a base de instintos como los conejos; no podemos renunciar a desplegar y guiar constructivamente las fuerzas generadas en cada una de nuestras dimensiones, para ser plenamente humanos.

Carece por tanto de sentido apagar el motor porque puede haber un accidente si el coche es mal conducido. Enseñarnos a conducirlo bien es tarea de la razón y de otras doctrinas que, sin ser racionales, son sin embargo razonables. Ahí es donde la teología de Es Satty sin duda falló. Por ejemplo, en algo tan simple como este criterio de razonabilidad que formuló Jesús: “Por sus frutos los conoceréis“. (Mt 7,16)


Imagen tomada de: 2.bp.blogspot.com

4 Comentarios

  1. Gracias a ti por tu respuesta Raul. Es enriquecedor debatir al respecto. Dos comentarios más: Que la violencia está ligada a la Historia de la religiones es un hecho, pero eso no significa que la Religión sea por sí misma violenta ni tenga necesariamente que engendrar violencia; claro que tienes derecho a usar la palabra espiritualidad para explicar ese sentimiento profundo que conlleva para algunos la vivencia de su Fe, lo que no es admisible, en mi opinión, es decir que una experiencia espiritual es peligrosa… porque puede acabar en terrorismo… Niego la mayor, es decir, el terrorismo nace solo del odio, que es también un sentimiento profundo, si quieres llamar a ese odio, espiritualidad, estás en tu derecho, pero no lo comparto. Gracias por atenderme, y darme la oportunidad de expresar mi opinión.

  2. Gracias por tu comentario, Mauricio. Evidentemente diferimos en cuanto a la definición de las palabras, así que ese es ya un mal comienzo para hablar. La cantidad de malentendidos posibles es muy grande. Me parece que el comentario muestra que mis afirmaciones no funcionan con lo que las palabras clave significan para ti. Pero la mitad de mi post se dedique precisamente a definir en qué sentido estoy usando las palabras. A lo mejor con esas definiciones, que no son teológicas como las tuyas sino más bien fenomenológicas, mis afirmaciones funcionan un poco mejor. Y desde luego, tengo derecho a usar la palabra ‘espiritualidad’ para describir un acontecimiento interior, o sea en sentido fenomenológico. No conozco una palabra más precisa en castellano para eso; pero si se te ocurre alguna, bienvenida. En otro sentido (teológico) y con otro significado ‘espiritualidad’ o ‘religión’ pueden ser muy significativas para muchas personas, pero eso no me impide usarlas en un análisis no teológico.
    Otro asunto es que con mi post no pretendo hacer ni un favor ni un desfavor a ninguna comunidad religiosa. Ahora, la pretensión de separar violencia de motivación religiosa, me parece que no aguanta un análisis histórico. Salvo que además sostengas que lo que no corresponda a tu teología no es religión sino otra cosa… Pero eso no es un análisis de hecho, sino un juicio desde ciertas convicciones teológicas. Por cierto, es muy probable que compartamos esas convicciones, pero mi artículo no era sobre teología ni a partir de una teología, sino si quieres más de filosofía de la religión.
    Gracias de nuevo por tus ideas y por la oportunidad del diálogo, Mauricio.

  3. Querido Raúl , me vas a perdonar pero no estoy de acuerdo con tu articulo, y si me lo permites te lo voy a explicar, ya que creo que el papel lo aguanta todo, y tu utilizas dos palabra: espiritualidad y religión, en un contexto en los que ninguna de las dos tienen significado; así, ya la propia pregunta que da titulo a tu articulo es inadecuada, porque no cabe hablar de espiritualidad genuina, si es asesina… quiero decir que si la espiritualidad es asesina será otra cosa pero no espiritualidad… Me parece una temeridad banalizar una palabra que además para todos los creyentes, viene de Espiritual, y lo Espiritual es lo que tiene que ver con el Espíritu Santo, y no creo yo Raúl que tu estes pensando en que el Espíritu Santo ha mandado a alguien a asesinar; apelo pues al buen uso de las palabras, sobre todo cuando son palabras a las que muchos les tenemos un grandísimo respeto por lo que afecta a nuestras vidas. Igualmente decir que las sectas son religiones, también a mi humilde entender es falso, porque las religión nada tiene que ver con las sectas, porque las sectas son eso: sectas, de sectario, y no Religiones, de religare, relacionarse con… Dios por ej. o con el Espíritu que es Santo, porque es de Dios… Así que cuanto menos tratemos de relacionar al Imán, y sus discípulos autores del atentado de Barcelona con con Espiritualidad y Religion, mayor favor le haremos a la comunidad musulmana, que sí es una religión y tiene una tradición espiritual.Los asesinatos en nombre del Islam no son provocados por una espiritualidad derivada del Islam, en el momento en el que un Imán piensa en alentar o inspirar un atentado deja de ser religioso, para ser terrorista, y no hay relación ninguna entre los términos religión y terrorismo. El Imán y sus discípulos eran terroristas, y no podemos o al menos no debemos de relacionar el hecho de ser terrorista con el de ser musulmán, es decir, ser religioso, o buscar una espiritualidad que de sentido a nuestra vida… asi que el titulo de tu articulo hubiera sido mejor: ¿Es posible asesinar desde un sentimiento de odio ha la sociedad ? por ejemplo…. Habrá que buscar, por Dios, otras causas para el terrorismo del origen que sea,… pero no mezclar, por Dios, sentimientos religiosos, espiritualidad religiosa, con gran fuerza interior, con…. actitudes sectarias, que desde el minuto uno nada tiene que ver con la espiritualidad no con la religión… ese es el peor favor que le podemos hacer a la comunidad musulmana y a la cristiana, que la gente, con títulos como el que tu le das a tu articulo, y con las respuestas afirmativas a las mismas, piense que es normal que si se tiene una experiencia profunda espiritual religiosa puede uno convertirse en sectario y en asesino… cuando lo que ahí hay antes de la experiencia espiritual religiosa es un sectario y un asesino que nada tiene que ver, aunque la use, con la espiritualidad musulmana, cristiana, o … Ya lo dijo Jesús, al César lo que es del césar…, que traducido aquí sería, al Terrorismo lo que es del terrorismo y a Dios lo que es de Dios…

  4. Enhorabuena por su artículo: introduce elementos que están totalmente ausentes del debate actual, y que me parecen esenciales. Además, lo hace en un lenguaje accesible para profanos. Ojalá tenga la difusión que merece.

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