Que las religiones no consisten únicamente en creencias o en relacionar a los sujetos con la trascendencia lo demuestran continuamente las mismas. El reduccionismo habitual con el que se trata al hecho religioso en las sociedades secularizadas impide reconocer la función social y pública que éstas, para bien o para mal, desarrollan.

La publicación de la encíclica Laudato Si´ ha provocado la queja de los sectores conservadores en EE.UU. Piden que se dedique el Papa a sus asuntos “religiosos” y deje la política, la economía o la ecología. Sin embargo, estos asuntos mundanos entran de lleno en el corazón de la preocupación de la Iglesia, y especialmente, a través de su magisterio social. Como ha dicho el Papa Francisco, no se trata con ésta de una encíclica “verde” sino de una encíclica social. Combate así otro reduccionismo de la moral en las sociedades modernas, la supuesta desvinculación de la moral social, del trato debido a la naturaleza que nos constituye y nos acoge.

Por otra parte, con esta encíclica no se trata sólo de un alineamiento moral del magisterio de la Iglesia, sino de una auténtica preocupación que quiere movilizar la sensibilidad y el compromiso público de la Iglesia en diálogo con los otros. Justamente esto es lo que acaba de producirse en la Santa Sede con la invitación del Papa a más de 65 de los alcaldes de grandes y pequeñas ciudades al Encuentro sobre “Esclavitud moderna y cambio climático, el compromiso de las grandes ciudades”. Y como podemos ver, se enfrentan dos campos de la realidad sufriente, que nos interpelan por su dureza y presencia en la sociedad global. Se quiere así abordar las urgencias planteadas por la destrucción medioambiental y el cambio climático global inducido por la actividad humana y la exclusión social que continúa presente de modo extremo en las formas contemporáneas de esclavitud y la trata de seres humanos. En la reunión se ha constatado que constituyen “dos dramáticas emergencias correlacionadas” en las que “las ciudades de todo el planeta cumplen un papel clave”.

Francisco señalaba el porqué de esta convocatoria de la Academia Pontificia de las Ciencias a los responsables públicos de las ciudades, “porque esta conciencia, si bien sale del centro hacia las periferias, el trabajo más serio y más profundo, se hace desde la periferia hacia el centro. Es decir, desde ustedes hacia la conciencia de la humanidad. La Santa Sede o tal país, o tal otro, podrán hacer un buen discurso en las Naciones Unidas pero si el trabajo no viene de las periferias hacia el centro, no tiene efecto. De ahí la responsabilidad de los síndicos, de los intendentes, de los alcaldes de las ciudades.”

Destaco dos objetivos prácticos inmediatos de la reunión. El primero es tratar de movilizar para conseguir un compromiso internacional adecuado ante la próxima cumbre sobre el cambio climático: “el mundo debe saber que la cumbre sobre el cambio climático, a celebrarse en París hacia el final de este año (COP2 1), puede ser la última oportunidad efectiva de negociar acuerdos para mantener el calentamiento antropogénico por debajo de los dos grados centígrados, y para apuntar, para mayor seguridad, a mantener el clima del planeta bien por debajo de ese umbral. (…) Los líderes políticos de todos los Estados Miembros de la ONU tienen la especial responsabilidad de consensuar un osado acuerdo en pro del clima que confine el calentamiento del planeta a un límite seguro para la humanidad, y que proteja a los más pobres y vulnerables del cambio climático ininterrumpido, que pone sus vidas en grave peligro. Tal como lo han prometido, los países de altos niveles de ingresos deben ayudar a financiar los costos de la mitigación del cambio climático en las naciones más necesitadas.

El segundo objetivo de la reunión, es movilizar el compromiso con la erradicación de las formas de trata de personas: “Asimismo nos comprometemos a terminar con el abuso, la explotación, la trata de personas y todas las formas de esclavitud moderna, que son crímenes de lesa humanidad, incluido el trabajo forzado y la prostitución, el tráfico de órganos, y la esclavitud doméstica. Nos comprometemos también a desarrollar programas nacionales de reasentamiento y reintegración que eviten la repatriación involuntaria de las personas víctimas de trata (cf. la revisión de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, n. 162, realizada por la PASS). Queremos que nuestras ciudades y asentamientos urbanos sean cada vez más socialmente inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”.

En estos compromisos y objetivos, también juegan y deben jugar un papel relevante las religiones de la Tierra.

fuente periodistadigital