La dignidad reivindicada (A propósito de la película: Yo, Daniel Blake)

 

A sus ochenta años, cuando ya había anunciado que se retiraría de su papel de director, Ken Loach ha vuelto a sorprender con una obra maestra del cine social: Se trata de la película Yo, Daniel Blake. Resulta significativo que desde que cumplió 65 años, Loach haya dirigido nada menos que doce películasUn caso similar, aunque en otro género, el ensayo, es el de  Zygmunt Bauman, recientemente fallecido quien escribió el grueso de su obra también a partir de esa misma edad y cuyo libro póstumo: “retropía acaba de ser publicado en español.

Loach, Bauman, como Sampedro, Hessel, Mayor Zaragoza, Zambrano, Aldecoa, Arendt  y tantas otras y otros señalan pistas de lucidez en un mundo en que resulta complicado orientarse para mantener la dignidad.

Es precisamente desde la dignidad y por la dignidad de la persona, y más específicamente del “usuario” de los servicios sociales de donde surge la denuncia poderosa y transgresora de  Daniel Blake,  un ciudadano común que nunca había tenido contacto con el sistema público de protección social hasta que un infarto le obliga a dejar su trabajo y solicitar una prestación.

La película se desarrolla en Newcastle, una ciudad del Noreste de Inglaterra, no lejos de Escocia, en la que se muestra con toda su crudeza cómo las políticas sociales y económicas del gobierno  de Cameron han arrojado fuera de la cobertura de la atención pública a sectores crecientes de población que se sienten vulnerables y desamparados por el sistema  y que acaban refugiándose en la beneficencia privada. Entre estas personas se encuentran Katie, una mujer de unos treinta años y que forma familia monomarental con Daisy y Dylan. Los tres vienen de Londres para ser realojados porque según sus propias palabras, “en Londres no quieren a los pobres”.

Sin ánimo de desvelar la trama y menos aún el desenlace de la película haré enfasis en algunos aspectos sobre los que “Yo Daniel Blake”, permite reflexionar y que es especialmente adecuada para su proyección en las Facultades de Trabajo Social y Educación Social.

Un primer elemento es  la creciente condicionalidad existente en muchas de las prestaciones que devengan los  servicios sociales públicos. Una condicionalidad basada a menudo en la sospecha de que el solicitante, usuario, cliente o beneficiario, pueda no ser suficientemente diligente en su utilización o suficientemente activo en su inserción, la cual se  hace pivotar, en buena medida, de la incorporación al mercado laboral.

Un segundo elemento tiene que ver con el  uso de la  burocratización y  las nuevas tecnologías no para acercar a los ciudadanos a los sistemas de protección social, sino para controlarlos, sancionarlos e incluso  excluirlos del mismo. Es lo que se conoce como burorrepresión .

Un tercer elemento tiene que ver con el papel del Estado y en general de  las administraciones públicas y su responsabilidad a la hora de hacer efectivos los derechos, pero también a la hora de vulnerarlos.

Finalmente, e intímamente relacionado con los dos elementos anteriores, se encuentra la dificultad  que tiene la ciudadanía para poder ejercer los derechos sociales ante los órganos jurisdiccionales. Los mecanismos de justiciabilidad no se encuentran presentes en la inmensa mayoría de las leyes que desarrollan las prestaciones sociales haciendo prácticamente que el ciudadano pueda hacer valer sus derechos cuando éstos sean vulnerados.

En cualquier caso, lo deseable es que para poder entrar a fondo en estas preguntas, se pueda ver esta magnífica película especialmente recomendable para trabajadores y educadores sociales presentes y futuros.

 

 

 

 

2 Comentarios

  1. Querida Anna. Claro que sí. A los políticos y a los burócratas pero también a los educadores y trabajadores sociales presentes y futuros porque son una profesión clave para promover y defender los Derechos Humanos y cuanto más concenciados y concienciadas estén de lo que un modelo neoliberal de atención puede suponer, mejor sabrán denunciar los abusos y defender la dignidad de la persona.

    En la película aparece una trabajadora social que es quien escucha a Daniel Blake y quien está presente hasta el final, pero se ve cómo lo hace jugándose el tipo, arriegándose a que la sancionen…y siendo la única que desafía el modo de atención con su presencia callada. Necesitamos que nuestras trabajadoras y trabajadores sociales sigan siendo quienes denuncian, quienes apuestan por la gente y sus derechos, precisamente para que no queden aislados ni aisladas y esto se aprende en las Facultades, por eso es bueno proyectarla y comentarla cuanto más mejor.

  2. Gracias por tu post, Emilio. Efectivamente, esta película no puede ni debe dejar a nadie indiferente. Se siente una enorme impotencia viendo como Daniel no consigue levantar cabeza en un sistema de protección social que cada vez le hunde más. Una desoladora paradoja que todo político y burócrata debiera analizar en profundidad. Desde mi punto de vista, es a éstos a quienes va dirigida esta historia, más que a trabajadores y educadores sociales que, como se aprecia también en la película -al menos en alguno de sus personajes-, son también víctimas del sistema.

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