Joan Manuel Serrat tiene una canción titulada “Fiesta” que puede verse aquí. La canción entera no tiene desperdicio, pero de ella quiero destacar unos versos:

en la noche de San Juan, 
cómo comparten su pan, 
su mujer y su gabán, 
gentes de cien mil raleas. 

(…)

Y hoy el noble y el villano, 
el prohombre y el gusano 
bailan y se dan la mano 
sin importarles la facha. 

Juntos los encuentra el sol 
a la sombra de un farol 
empapados en alcohol 
abrazando a una muchacha.

En la noche de San Juan, los pobres y los ricos se mezclan y comparten “su pan, su mujer y su gabán” (son los años ’70: el lenguaje de la época permitía compartir mujeres como gabanes). Incluso en el barrio urbano del que nos habla Serrat, al menos durante la fiesta la gente vive junta: se divierte junta, bebe junta, tira los tejos junta.

Yo he vivido muchos años en Caracas, Venezuela. Allí la gente no vive junta. La desigualdad entre “los cerros”, “el centro” y “las colinas” es tan grande, que unos ven a otros como amenazas, y en varios sentidos lo son mutuamente. La gente de la media burguesía en adelante tiene sus urbanizaciones, colegios, centros comerciales, clubes e iglesias, en recintos de acceso controlado, con vigilantes a la puerta, conectados entre sí por autopistas y vías rápidas, donde es mala cosa si se te estropea el carro y debes detenerte.

La desigualdad en la ciudad es algo más que mero número. Es también experiencia de convivencia o de separación; de contacto mutuo o de amenaza abstracta. Los mapas sobre la desiguadad en la ciudad de Madrid que acabamos de publicar en entreParéntesis, deben ser entendidos así.

Esos mapas muestran diferencias, en muchas ocasiones significativas, entre el sur y el norte, el este y el oeste de Madrid.

Las diferencias sociales sostienen diferencias políticas. Hemos hecho un mapa adicional para este post, con el mismo formato de los otros 30. En este mapa treintaiuno, relacionamos por distritos el voto del actual gobierno municipal (Ahora Madrid + PSOE) con la actual oposición municipal (PP + Ciudadanos). Púlselo para verlo más grande. Lo que se aprecia en el mapa es el porcentaje de los votos de unos sobre los de otros (más amarillo donde Ahora Madrid + PSOE ganó por más; más verde donde PP + Ciudadanos obtuvo más votación). Véase en la barra al margen dónde está el 100%, la igualdad de votos entre izquierda y derecha, que no es en el medio.

votos2015No resulta raro que los distritos con gente más pobre voten más a la izquierda y los distritos con gente más adinerada voten más a la derecha. Pero sería muy preocupante que la desigualdad crezca tanto en nuestras grandes ciudades que se traduzca en modos de vida que ya no se entrecruzan. Personas que ya nunca toman el metro o el cercanías, fiestas de la ciudad entera en las que ya se encuentra solo a los habitantes de ciertos barrios, clases sociales que salen enteras a municipios vecinos…

El ejemplo venezolano nos muestra que cuando la convivencia se rompe, es posible montar un poder político sobre esa fractura. La sociedad produce junta cada vez menos, pero el nuevo líder se atornilla como paladín del “lado malo” de la desigualdad, que cada vez es más malo precisamente porque la sociedad produce cada vez menos junta.

Otra cosa que nos enseña el ejemplo venezolano es que la responsabilidad básica de evitar que la desigualdad crezca tanto que se vuelva separación vital, y esa separación cristalice políticamente, es de las élites con poder en la sociedad. Ellos primero deben preguntarse de qué sirve ser los sectores exitosos de una sociedad fracasada.

Porque el crecimiento de la desigualdad supone el fracaso de una sociedad, su disgregación, el dejar de vivir juntos en sus ciudades. No es solo un número.


Imagen tomada de: definicionabc.com/wp-content/uploads/social/Desigualdad-2-lucha-igualdad.jpg