La crisis de los CIE y nuestro proyecto de sociedad

Los últimos sucesos en los CIE nos confrontan con la crisis del modelo de relación que se proyecta hacia las personas migrantes en España, pero también en el conjunto de la Unión Europea. Pero la crisis de los CIE, o la negación masiva en Europa a las demandas de los refugiados, nos sirve de espejo para entender el modelo de sociedad que estamos construyendo, y también poder reaccionar ante el mismo.

Una pregunta nos podemos hacer. Y es si en cuanto proyecto global y como tendencia histórica, nos orientamos según el consenso ético-político que desde 1948 se expresa en la Declaración Universal de Derechos Humanos. La respuesta políticamente correcta suele decir, que en realidad, esto no es así todavía en todo el mundo, pues hay contextos políticos donde esos ideales no están ni siquiera en su horizonte utópico. Pero en cambio, en nuestro mundo occidental y pesar de sus fallos o deficiencias coyunturales, sí lo tenemos como norte de nuestro desenvolvimiento social y político. Por ello, según nuestros valores comunes y fundamentales, nos distinguimos, frete a otros, por el reconocimiento de la común dignidad humana de cualquier persona y de los derechos básicos y garantías que le son debidas. Nos orientamos por construir sociedades democráticas, libres, igualitarias e inclusivas.

Pero la imagen de lo que hacemos y estamos construyendo que nos devuelve la crisis de las personas migrantes es otra. Nuestra normalidad que se justifica por su calidad universal o ante cualquiera, produce contextos y mundos de excepción donde lo previsible, la regularidad social y jurídica, se detiene y se invierte. El rostro amable se torna fuente de violencia.

En el último informe del Servicio Jesuita a Migrantes sobre los CIE en España, “Vulnerables y vunerabilizados”, nos da cuenta del “mundo de excepcionalidad jurídica” que se proyecta para tratar a estas personas. Los CIE son un territorio de excepción. No siendo cárceles, pueden llegar a funcionar como ellas, pero incluso siendo despojados esos centros de las garantías institucionales y jurídicas de la legislación penitenciaria. Los extranjeros allí internados “para su expulsión”, no son condenados por delitos para ser tratados penitenciariamente. Por ello, los CIE son fuente vulneración de la humanidad y de los derechos personas enfermas, agredidas, a quienes nadie visita, menores de edad, solicitantes de asilo, sin intérprete, víctimas de trata de seres humanos… Las víctimas nuevamente victimizadas.

Se trata de un problema estructural que se arrastra de su creación en 1985 en virtud de la Ley de Extranjería. Las denuncias de sus deficiencias técnicas, desde el Defensor de Pueblo, y diversos agentes sociales, han ido teniendo respuestas parciales, que el fondo “han ido haciendo soportable lo insoportable”.

Los mundos de excepción se manifiestan porque construyen formas de despersonalización y de deshumanización del otro. Así se vuelven “tolerables”. Ese otro, no es un auténtico ser humano valioso en sí mismo, a quien debo tratar conforme a un orden moral y jurídico. Por ello, se le puede explotar, excluir, sujetar a condiciones de muerte… Es el mundo de las relaciones puramente estratégicas e instrumentalizadas, que suspende el orden del valor, y se proyecta como mera voluntad de poder y autoafirmación. El otro, además, puede ser un “foco de peligro”, y debe ser simplemente reducido o aniquilado.

Franz Hinkelammert ha analizado este proceso de transformación de la crisis de las energías utópicas ilustradas. En las últimas décadas, nuestras sociedades liberales utópicas, se han vuelto sociedades liberales cínicas. Es el llamado “neoliberalismo”. Que no es sólo un orden económico, sino cultural que se proyecta a todos los ámbitos de relación social. Su cinismo consiste en su veracidad desnuda, fría. No hay que maquillar la realidad con una bella utopía o con grandilocuentes valores. Decimos y defendemos lo que realmente hacemos. No mentimos, y nadie se puede llamar a engaño. Aquí se trata al diferente con la dureza que merece. Dureza que es un “servicio a la verdad”: Así no se dejarán engañar por el sueño europeo (como tampoco se pueden dejar seducir por el sueño americano). De este modo se puede combatir el “efecto llamada”. Porque de eso se trataría, de combatir frente al otro.

Frente al cinismo ambiental y estructurador de nuestros modos de relación, debemos ser capaces despertar del sueño de inhumanidad que niega nuestra capacidad de soñar este mundo junto a los otros.


 

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