La construcción de la Patria

Entre los años 2000 y 2002 tuve la suerte de vivir en Zambia, un país del sur de África muy lindo y de gente extremadamente amigable. Trabajaba para el Servicio Jesuita a los Refugiados.

Las fronteras de Zambia son curiosas: algunas consisten en líneas rectas trazadas en la mesa de un tratado europeo, con el fin de repartir entre las potencias terrenos y minas de cobre; otras fronteras son ríos que, como se sabe, unen y no dividen a las poblaciones de las dos orillas.

En Zambia hay 72 tribus, cada una con su idioma, lo que hace 72 idiomas. Esas tribus no habían formado parte de ninguna unidad política hasta el establecimiento de la colonia inglesa que empezó en 1890. Como suele pasar con todas las tribus, las vecinas eran amigas o se peleaban alternativamente, y las separadas más entre sí se ignoraban. La colonización inglesa fue tardía y light: a los ingleses les interesaba básicamente el cobre, y no se ocuparon mucho de lo que no fueran las minas o el camino hacia ellas. No hubo guerra de la independencia sino solo algunos tumultos.

Las fronteras nacionales de Zambia agruparon tribus que nunca habían sido parte de nada común, y también dividieron tribus que habían sido la misma o muy cercanas durante siglos. Así se entiende el lema del escudo oficial de Zambia: “One Zambia, one nation”. Era todo un desafío, si se piensa que el país se independizó en 1964. Por tanto, cuando yo llegué Zambia tenía 36 años de existencia, sobre una base de esencialmente cero comunidad política, identidad nacional, etc, previa.

Uno de mis trabajos en Zambia consistió en recorrer pueblos y pequeñas ciudades en las fronteras con Congo DR y con Angola, haciendo talleres para los líderes locales sobre la recepción de refugiados, en la época muy frecuente por esas fronteras. Encontré que el sentimiento moral de la obligación de hospitalidad hacia personas de la misma tribu o relacionadas, seguía extremadamente vivo. Indiscutible, realmente. Zambia es un país hospitalario hacia los refugiados, aunque ha tenido muchos de ellos: país pacífico rodeado por otros que han pasado feroces guerras civiles.

Pero también encontré otra cosa muy interesante: en 34 años ya se había construido la identidad nacional, básicamente de la nada. De diversas maneras, los participantes en los talleres nos decian: “por supuesto tenemos que acogerles, pero ellos son congoleños (o angolanos) y nosotros zambianos. Somos muy distintos”. Somos muy distintos aunque seamos de la misma tribu, obsérvese.

La identidad nacional, el sentido de la Patria, la comunidad del Estado, habían sido construidos dentro de la gente en 34 años por el mismo Estado (sus escuelas, sus medios, sus leyes, su aparato de poder) a partir básicamente de la nada.

El Estado se justifica por su adecuación para realizar ciertas finalidades, no por identidades o historias semejantes. Según haga falta para legitimar un gobierno, las identidades y las historias las planta el mismo Estado dentro de las personas. Los nacionalismos de profundísimas raíces medievales, las naciones más antiguas de Europa, los pueblos de identidades seculares… todo eso es reescritura de la historia para justificar tal o cual proyecto político. Una basura hermenéutica. Tres décadas a ello con los resortes del poder incluso de un Estado muy pobre (350 dólares al año renta percápita), y ya tienes una identidad nacional donde no había nada.

Compartir

Escribir un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here