Sobre la Conquista de América

Dióscoro Puebla (1862) Imagen: https://goo.gl/Nniz5j

He afirmado en mi anterior artículo titulado “La Perspectiva Itinerante en Latinoamérica” que:Hay relatos que arruinan las estructuras de futuro de las sociedades” y considero que para los latinoamericanos explicar nuestra relación con el mundo occidental a la luz de la Conquista de América como exclusivamente mortandad y exterminio de las culturas locales nos impide la construcción de un futuro próspero para nuestro Continente”. Voy a realizar el recorrido que sostiene mi afirmación y para ello me valdré de la lectura de la novela de Pablo Montoya titulada “Tríptico de la Infamia” (Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2015).

Pablo Montoya (1963), escritor colombiano ganador del Premio Internacional de novela Rómulo Gallegos 2015, nos presenta en su novela a tres pintores protestantes que intentan abrazar a través de su obra y sus pinturas las relaciones entre el Viejo y el Nuevo Continente teniendo como fondo los primeros años de la Conquista. Estamos hablando del siglo XVI y efectivamente se les plantea a Le Moyne, Dubois y De Bry el problema de ¿qué cosa plasmar en los lienzos?

De los tres pintores protestantes comentaré a Theódore de Bry (1528) quien, a la luz de los presupuestos teóricos del buen salvaje de Bartolomé de las Casas en la “Brevísima relación de la destrucción de las Indias” (1552), cree firmemente que el mal se ha afianzado en su época y que la única salida es enfrentarlo. Por lo tanto en su estancia en Amberes decide que “no habrá nada que lo detenga en su empresa de denunciar, en los círculos burgueses y aristocráticos de Europa, el gran crimen que fue la Conquista de América.” (1)

Se sabe que en un primer momento se dudó si era “gente” aquella que habitaba estas tierras. En el “buen salvaje” se plasman todas aquellas virtudes sociales que son el contrapunto de la sociedad civilizada: se acerca al “salvaje” al estadio primigenio e incorrupto de la bondad humana. Se dice, entonces, que el hombre era feliz en el estado salvaje porque no había sufrido todavía las terribles dificultades que existían en las sociedades civilizadas.

Esa fuerza destructiva de la civilización fue la que De Bry vio establecerse en América con los conquistadores. Así que decide ilustrar la “Brevísima relación de la destrucción de las Indias” de Fray Bartolomé de las Casas, obra que denuncia las atrocidades cometidas por los conquistadores. Así, Montoya en boca de De Bry se pregunta ¿Quién era Bartolomé de las Casas?:

“Sus días inmerso en esas tierras deslumbrantes pero abandonadas por Dios, mientras observaba la sucesión de las masacres y trataba de detener lo imparable, de despertar la conciencia de hombres sin conciencia”. (2)

Grabado de Théodore de Bry ilustrando la Brevísima, p.45
Imagen: https://goo.gl/CF7hx

Los 17 grabados que De Bry realizó para ilustrar el texto de Bartolomé de las Casas no son suficientes para “redimir” la violencia perpetrada en territorio americano y Montoya nos deja al final de la novela este texto que nos servirá para nuestras reflexiones finales:

“Mi conclusión, a veces, es que frente al Nuevo Mundo hay que abstenerse de intervenir. Porque ninguna conquista y colonización, ni las realizadas por portugueses y españoles, ni las que quisieron hacer los franceses y las que sin duda harán los ingleses, será sensata.” (3)

Con De Bry nos preguntamos,  ¿qué hacer frente a la catástrofe demográfica que sufrió el continente americano con la llegada de Colón? No podemos hacer ya nada frente a la mortandad acontecida. Es por ello que considero que si fabulamos nuestro futuro como continente desde las atrocidades cometidas por los conquistadores que Fray Bartolomé de las Casas denunció y que De Bry plasmó en sus grabados, éstas seguirán aconteciendo en el imaginario colectivo reproduciendo nuevas formas de vejación y ultraje.

Hay relatos que nos impiden surgir o que nos niegan la posibilidad de visualizar mejores versiones de nosotros mismos porque nos anclan a hechos en los cuales nuestro ser fue mermado. La narración de la Conquista de América como exclusivamente mortandad y exterminio se traduce en la actualidad en resentimiento y nos resta vitalidad para mirar hacia adelante. Porque de lo que se trata es de narrar también el mundo que se nos abrió -y que somos ya- a raíz del encuentro entre los dos mundos.

Reconocer los hechos atroces de la Conquista no significa estar condenados a los mismos. Si lo hacemos, nunca dejaremos de ser las víctimas en la medida en la cual concebimos nuestro futuro como Continente a partir de la pérdida de aquél que nos fue cruelmente arrebatado en los maltratos que efectivamente acontecieron en nuestras tierras de manos de los conquistadores.

Existen en la actualidad muchas propuestas teóricas en nuestro continente que explican a Latinoamérica y sus problemas económicos, políticos y sociales a la luz de la Conquista responsabilizando de todos nuestros males a dicho momento histórico. Insisto y me pregunto, ¿es beneficiosa para nosotros los latinoamericanos esta unívoca lectura sobre lo acontecido?

Imagen: https://goo.gl/xQKkCM

Más bien, considero que también podemos relacionarnos y narrar la historia de Latinoamérica desde las posibilidades promisorias que tenemos como Continente producto de nuevas y más recientes experiencias entre el Viejo y el Nuevo Continente. Así, narrarse desde la Conquista es diferente a narrarse, por ejemplo, desde la Inmigración que América recibió el siglo pasado después de la Segunda Guerra Mundial. Los latinoamericanos, específicamente los venezolanos, difícilmente podemos sostener que los españoles, italianos y portugueses que llegaron a nuestras tierras después de la Segunda Guerra Mundial son los mismos de la época de Bartolomé de las Casas que ilustró Théodore de Bry.

Históricamente hay siempre que sanar para edificar futuro. Nos toca construir tradiciones desde una América generosa y no resentida y, de esta forma, no rehuir con excusas históricas nuestra actual responsabilidad primaria, a saber, que es nuestro deber hacer de nuestro Continente un lugar próspero, de esperanza y con perspectivas de porvenir.

Referencias bibliográficas:

1 MONTOYA, Pablo; Tríptico de la Infamia, Monte Ávila Editores, 2015, p. 211.

2. Idem,p. 210.

3. Idem, p. 274.

1 Comentario

  1. Excelente mi profe ,! cierto que no somos los mismos , que parte del problema de nuestra sociedad actual sea el no vislumbrar más allá de lo que nuestra historia a veces muestra.

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