La Ciudad y el Leñador

Imagen: “La crisis del Leñador” Autor: Jorge Alvaro González @jorgerejalon48

Este artículo ha sido escrito en colaboración con Jorge Alvaro.

El cambio que no vemos

Contaba Tolstoi que un leñador vivía con su familia plácidamente en el bosque. Cada mañana salía de su casa y, aunque delante de sus ojos hubiera cumbres rocosas, prados floridos, ríos y cascadas, paisajes y horizontes, ese leñador solo veía leña.

Tal vez era una consecuencia de su especialización, pues su bienestar y el de sus seres queridos dependía de la leña que pudiera cortar. Tal vez, una consecuencia de su espíritu sencillo y tranquilo que, gracias a penalidades anteriores y de sus antepasados, había interiorizado esas bondades del bosque como evidentes.

Al igual que el leñador, en el mundo urbano de hoy hay muchos ciudadanos que se levantan por la mañana y, en función de su negocio, solo ven leña. Hay fontaneros que solo ven averías aunque sea consciente del milagro que es tener agua potable en cada vivienda para beber, para ducharse o tomar un baño, para regar un tiesto. Hay taxistas que solo cazan clientes, apurados entre el tráfico, aunque haya un atardecer de postal en cada calle. Hay quien solo ve escaparates y precios para calmar sus deseos compulsivos de comprar, sin caer en la cuenta de los fantásticos mecanismos y diseños que los ensalzan. La lista es interminable.

Pensemos ahora en el esforzado butanero que vio desaparecer al carbonero, igual que este vio desaparecer al leñador. Ese butanero saldría de su casa pensando en clientes, en escaleras, en los aburridos chistes sobre su prole. Pero cada mañana, los tentáculos de metal que aportaban una energía versátil y a discreción avanzaban frente a él.

A todos nos pasa de una u otra manera. Vivimos enfocados en algún aspecto de nuestra vida y nuestro cerebro deja de registrar eventos, situaciones o cambios importantes que se producen a nuestro alrededor, aunque en algunas ocasiones sean muy evidentes.

Y algunos de esos cambios, además de obvios, pueden estar poniendo en riesgo el futuro de la humanidad y del planeta –cambio climático, desigualdad, injustica… Pero no los registramos, ni los tenemos en cuenta en nuestro día a día. Y lo peor es que, en muchas ocasiones, estamos contribuyendo a empeorar la situación sin darnos cuenta.

Un famoso experimento llevado a cabo en 1999 por los psicólogos Daniel Simons y Christopher Chabris, demostró hasta qué punto podemos pasar por alto cosas llamativas que están ocurriendo delante de nuestros ojos.

https://www.youtube.com/watch?v=pla–a3Uzhg

Es un ingenioso experimento en el que grabaron a seis personas que se pasaban un balón entre ellas. Estaban divididos en dos equipos: unos vestían camiseta blanca y otros negra. Después pidieron a varios voluntarios que contaran el número de pases que los jugadores de blanco se hacían entre sí. ¿Has sido capaz de contarlos? ¿Has visto la “figura adicional” que aparecía en la imagen? La mitad de las personas que vieron el vídeo no. A esto se le llama ceguera al cambio. Tu atención se centraba en el movimiento de las camisetas blancas. Los “objetos” negros, quedaron en segundo plano. Por eso no has visto al gorila.

El gigante del alquiler de video Blockbuster no supo ver el potencial de los contenidos on-line y rechazó una asociación con Neflix cuando la plataforma estaba empezando. Ya hace años que Blockbuster desapareció.

¿Qué podemos hacer?

Quiero terminar hoy con un pequeño cuento del padre Tony de Mello:

«Usted perdone», le dijo un pez a otro, «es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscándolo por todas partes, sin resultado».

«El Océano», respondió el viejo pez, « es donde estás ahora mismo».

«¿Esto? Pero si esto no es más que agua… Lo que yo busco es el Océano», replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.

Deja de buscar, pequeño pez. No hay nada que buscar. Sólo tienes que estar.

1 Comentario

  1. Así es. Lamentablemente. Pero siempre en evolución… da pavor ( lo que sería su contrario). Por dónde tirar? Por la calle de enmedio? A pensar me pone. Sin ‘contemplaciones’. Un respetuoso saludo.

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