La Ciudad y el Equipo de Fútbol

BISNÉSBOL. Dibujo: Jorge Álvaro González @lineograma

¿Esquema de juego o resultado?

Ha sido un final de temporada futbolística gozoso para algunas ciudades, triste para otras. Los cafés se han llenado de emocionantes e intensas conversaciones sobre fútbol. Las críticas se convierten en alabanzas y las alabanzas en críticas de un día para otro en función de los resultados.

Los equipos tienen forofos, las ciudades también. Algunas ciudades apuestan por la cantera y otras por atraer talento externo. Algunas ciudades invierten en jugadores desequilibrantes, como una empresa de tecnología para un polígono industrial en crisis, un parque de ocio masivo, un casino, unas ruinas exquisitamente urbanizadas o un icono urbano como el Guggenheim. Otras apuestan por jugadores facilitadores, de los que generan ocasiones, como universidades, alta velocidad, aeropuertos… Sea como sea, las estrellas –o las inversiones- no siempre garantizan resultados, ni los equipos, ni los entrenadores. Es necesario un poco de todo y, sobre todo, un buen hacer de las partes adaptada al contexto.

Siguiendo mi último post, quiero seguir explorando aprendizajes relevantes del fútbol que podamos aplicar a nuestra política para la ciudad ciudad.

Definir un “nosotros”

En el fútbol hay equipos cuyo “nosotros” solo permiten jugar a los canteranos o nacidos locales. Otros equipos, sin embargo, están abiertos al talento diverso y distinto. Esta semana escuchaba en Madrid al profesor Ricardo Hausmann de la Universidad de Harvard hablando sobre prosperidad y nosotros. Según él, está demostrado que la prosperidad requiere mover saber hacer (knowhow) distintos –movilidad de personas. Pero para ello es necesario construir un nosotros –comunidad imaginada- profundo para ponerse de acuerdo en lo común y expansivo para abrirse a los otros. ¿Qué nosotros queremos ser?

El esquema de juego y los jugadores

A algunos forofos les gusta el tiki-taka, a otros el juego largo, a otros el contragolpe y a otros una buena defensa. Todas las discusiones se acaban cuando el equipo gana. Sea como sea, la realidad nos dice que un esquema de juego es válido en función de los jugadores disponibles. Los esquemas y propuestas deben ajustarse a las personas y no al revés.

En ocasiones discutimos apasionadamente sobre una iniciativa política u otra, más por convicción que por resultados. No obstante, como señala el profesor Woolcock en su libro “Building State Capability” (Construyendo Capacidad de Estado), no todas las políticas y soluciones sirven para todos los contextos. Nuestras propuestas, como ocurre con las estrategias de los equipos de futbol, deberían estar adaptadas a los profesionales con los que contamos, a los ciudadanos a las que van dirigidas y al contexto social de ambos. Si nos enfocamos en los resultados, en lugar de en nuestro esquema de juego o alineación preferida, seguro seríamos más flexibles para experimentar con propuestas innovadoras que puedan contribuir a nuestro progreso social y económico.

¿Qué resultados queremos?

La semana pasada pude participar de una pasional discusión sobre diferentes propuestas políticas educativas. Tan pasional fue, ideológica en ocasiones, que nos olvidamos sobre lo importante que era mejorar la educación de nuestros jóvenes.

En el fútbol es fácil acordar el resultado que queremos, ganar, ganar y ganar. Pero en lo relativo a ciudades, no es tan fácil. Unos querrán más parques, otros más edificios, otras más oportunidades y otros más servicios. En el futbol, además, es fácil medir el resultado, se gana, se empata o se pierde. ¿Qué resultados queremos con respecto a nuestros servicios sociales? ¿Qué oportunidades demandamos a nuestra ciudad?

Esta es la gran dificultad y diferencia, que no imposibilidad. En plena revolución tecnológica en la que Facebook y Google saben todo de todos y las ciudades inteligentes empiezan a ser una realidad, ya es posible medir los resultados que nos interesan como presentaba en mi anterior post.

Eso sí, seguro que para medir estos resultados y progresar será necesario conectar distintos saber hacer, arbitrar las jugadas problemáticas y que, nosotros, exijamos que las administraciones locales midan y rindan cuentas de los resultados que esperamos.

Cuenta un hermoso cuento del Padre Anthony de Mello que Jesús fue un día al fútbol. Los asistentes se sorprendían de que apoyara ambos equipos y le preguntaron:

“¿A qué equipo apoya usted, buen hombre?”

“¿Yo?”, respondió Jesús visiblemente excitado por el juego. “¡Ah!, pues yo no animo a ningún equipo. Sencillamente disfruto del juego”.

Quizás nosotros también podemos trascender la emoción de la afición para disfrutar del juego bonito que realmente permita progresar sosteniblemente y equitativamente a nuestras ciudades.

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