¿La caridad empobrece?

Una pregunta que puede generar mucho debate y diferentes puntos de vista. Comenzamos.

Caridad: “Sentimiento o actitud que impulsa a interesarse por las demás personas y a querer ayudarlas, especialmente a las más necesitadas”. Debemos diferenciar caridad de las ayudas sociales a las que podemos acceder como una prestación por desempleo, subsidio o rentas. Ayudas a las que la población accede a través de unos baremos y unos requisitos que tienen que cumplir. Todo este tipo de ayuda no puede ser considerado caridad.

La caridad bien regulada puede solucionar muchos problemas, nos puede devolver la dignidad perdida como personas, nos da ese pequeño impulso para salir del hoyo, o puede ser un billete de tren que nos brinda la oportunidad de subirnos y realizar el viaje de nuestra vida. Como sabemos el tren pasa una vez, o dos, incluso tres si tenemos suerte y todos tenemos dos opciones, subirnos al tren o vender el billete.

Hoy en día por desgracia nos encontramos en un momento donde ese billete de caridad que reciben muchas familias en forma de oportunidades no son aprovechadas, bien por el exceso de caridad o bien por las facilidades de acceso a esta. Es común ver como una familia es capaz de gastarse el dinero para pasar el mes en 3 días y recurrir a la caridad durante los 27 restantes. Solemos escuchar frases como: ¿Por qué no lo voy a hacer si me llenan la nevera cada vez que quiero? ¿Te crees que no me van a dar nada teniendo hijos a cargo? Tristemente hay familias que han convertido la caridad de los demás en una exigencia, una forma de vida o un derecho que creen que tienen. En este mismo instante cruzamos esta delgada línea donde la caridad nos hace más pobres.

La caridad no empobrece mientras esté controlada y no nos reste estímulos para trabajar, de no ser así, la caridad nos convierte en esclavos. Igual que tenemos un número determinado de ayudas y debemos cumplir unos requisitos para poder acceder a ellas, ¿por qué la caridad no está tan controlada? ¿Somos nosotros los culpables de perpetuar la pobreza?

Familias necesitadas y sin recursos, con todos sus miembros en el paro y con pocas ayudas sociales; en ocasiones para ellos la caridad es lo más sencillo. Lo más fácil para nosotros (los pudientes) es darle una caja de leche y cinco barras de pan, a los dos días me van a pedir lo mismo. ¿Nos convertimos en culpables de las necesidades de estas familias? Considero que la caridad es mala si es nuestra única reacción a la precariedad de las familias, y también es cierto que no ayuda a erradicarla ya que no soluciona sus problemas y puede convertirse en un lastre malgastando recursos.

Además, no puedo dejar a un lado el llamado negocio de la caridad, ONGs que manejan cuantiosas cantidades de dinero que deberían llegar directamente a las personas más necesitadas pero que en ocasiones se utilizan para otros fines.

Dicho esto, veamos datos: La tasa de pobreza en España se sitúa en un 21,8%, es decir, una de las más elevadas de la Unión Europea, según el “Informe Exclusión y Desarrollo Social en España”.  Se trata de una pobreza cada vez más extensa, más intensa y más crónica. Caritas por ejemplo, atendió en el año 2016 a casi dos millones de personas solamente en España, invirtiendo 328’6 millones de euros en sus distintos programas sociales y atendiendo a personas y familias que la humanidad y la generosidad de los demás es lo último que les queda. Viendo datos parece necesaria la caridad de los demás para atender a todas esas personas que no pueden acceder a las ayudas sociales. Pero eso sí, una caridad legal, transparente, justa y controlada.

La caridad solamente debe llenar las grietas de la justicia pero no los abismos de la injusticia”. Miguel Delibes.

Daniel Morote

Educador de Nazaret, Alicante.

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