La campaña electoral y la pobreza: ojo con la teletienda de medidas

Una de las principales dificultades que tengo para evaluar las propuestas de políticas de diversos colores para la lucha contra la pobreza es el tiempo. No el tiempo que se necesita para leer los programas, que para eso sí me llega, sino el tiempo que necesita para lograr una sociedad más justa e igualitaria.

Es un cambio enorme. Los cambios sociales profundos requieren procesos lentos. Y las campañas electorales se basan en medidas, acciones y propuestas que se presentan como rápidas, eficientes y, si me permiten, también superficiales. No todos los partidos y no todos/as los/as candidatos están en modo teletienda: Llame Ya y Compre su Programa Ahora, pero hay una cierta tendencia a la inmediatez  que es, lo que por lo demás, extensible a otros ámbitos de la vida. Basta mirar la publicidad: baje 10 kilos en dos semanas, recupere el cabello perdido en 10 días. Acabe con todo lo malo en una legislatura ¿La pobreza? Eso lo arreglamos en un plis plas: con estas 4 medidas urgentes, un fondo de emergencia, con una tirita social, de esas que visten mucho un programa.

El efecto de la inmediatez hace parecer densas e inútiles las discusiones de fondo; la profundización de la democracia, el reparto justo de la riqueza. Decir esto es fácil cuando uno tiene lo justo para vivir, o una cuota de poder limitada (como yo ahora, que lo digo sin tener que renunciar a nada), pero vaya usted a convencer a los que deberían renunciar a una inmensa riqueza y a una inmenso poder  ¿Recuerda a Gollum y su anillo? Pues por el estilo. Pero claro, yo estoy en el lado de los que piden equidad, no de los que tienen que renunciar a privilegios para lograrla. Para mi decirlo es, literalmente, gratis.

La tentación de la inmediatez es un riesgo para la lucha contra la pobreza. Por un lado, la situación de millones de personas en España, y de miles de millones en el mundo es de una enorme gravedad. Las acciones para paliar la vergüenza de la pobreza más extrema deberían ser inmediatas. Y debería ser inmediata cada segundo que pasa. Esta sensación de furiosa urgencia, que hace algunos años expresaba tan bien Jeremy Irons en esta campaña.

Por otro lado, los esfuerzos necesarios para cambiar las causas de la pobreza –no únicamente sus consecuencias- se hacen a la velocidad de los planetas, muy lentamente, y poco tienen que ver con los períodos electorales. Tal vez sea labor de la ciudadanía tener en cuenta esos cambios profundos y contundentes, pedirlos y votarlos. Exigir una sociedad que provea de recursos materiales para poder vivir dignamente a todos y a todas, que asegure el libre ejercicio de la ciudadanía y garantice el disfrute de derechos fundamentales.

Pero el ejercicio de la ciudadanía no se acaba en la urna: hay que vigilar y exigir a nuestros gobernantes el cumplimiento de sus objetivos. Y actuar en consecuencia cuando no cumplen. La lucha por una sociedad justa es una carrera de fondo. Y cada uno de nosotros somos corredores. 

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