La cadena y sus eslabones

Las cadenas, los puzzles, están formados por eslabones o piezas. Cada una forma parte de algo más grande que da sentido al conjunto cuando lo vemos completo. Lo mismo pasa con la valla en la frontera, los CIE, los visados consulares, las redadas en la calle, la reforma del Código Penal, etc. No son realidades aisladas ni completas en sí mismas. Para entenderlos mejor, miremos la cadena completa y su sentido…

España no quiere migrantes y por ello ha construido en los últimos 25 años  una cadena cuyos eslabones dificultan sucesivamente la movilidad humana y generan fuertes padecimientos a quienes se arriesgan a intentar romper algún eslabón. Tres objetivos generales de la cadena son “que no lleguen a nuestro territorio”, “si llegan a las fronteras, que no entren” y “si entran, ¡echadlos!”.

Que no lleguen a nuestro territorio” o la externalización de las fronteras:  ¿Hasta dónde llega España? El principal control de entrada a España está en los países de origen, donde es muy difícil obtener un visado de entrada que permita viajar legalmente. En el caso de la frontera sur, por ejemplo, la frontera española ya no está en Algeciras, Canarias o Ceuta, sino que se ha desplazado a Africa. Dedicamos al control fronterizo en los países de origen y tránsito africanos cuantiosos recursos en dinero, medios técnicos y personal. Estos países hacen el ingrato trabajo de porteros y nosotros los financiamos. ¿Qué consecuencias tiene para la población migrante subsahariana? Nos da igual. En España hay un marco legal que no existe fuera de nuestras fronteras. Pedimos y pagamos colaboración a países donde no se respetan los derechos humanos pero “ojos que no ven

Si llegan a las fronteras, que no entren”:  Miles de personas son rechazadas anualmente en los aeropuertos o puertos y devueltas a sus países. Otros tiene que emprender peligrosos viajes al margen de los circuitos aeroportuarios e intentan cruzar el Mediterráneo en patera o saltando la valla de Ceuta y Melilla. Estos últimos son devueltos “a las bravas” en el momento, empujados hacia atrás a la fuerza y sin ningún mínimo procedimiento. Esta barbaridad legal y humanitaria son las llamadas “devoluciones en caliente” que el Gobierno intenta ahora legalizar.

Y “si entran, ¡echadlos!”: Los que consiguen entrar en el país, creen inicialmente que sus padecimientos han terminado. Pronto se darán cuenta de que no es así.  España no les va a dar ninguna oportunidad. Su estancia irregular será sancionada con una orden de expulsión ejecutable inmediatamente  privándoles de libertad en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) o directamente desde comisaría en menos de 72 horas desde su detención, son las denominadas “expulsiones express”.

Superadas las fronteras físicas, encontrarán además fronteras invisibles en los corazones que les rodean. Son nuestros prejuicios y temores hacia los inmigrantes, que legitiman las políticas de control migratorio y que se traducen en pequeños o grandes gestos de la vida cotidiana que alienan en vez de integrar a las personas.

Sin embargo, los eslabones de la cadena en ocasiones se agrietan o se rompen. La Declaración de Derechos Humanos y la Convención de Ginebra sobre los Refugiados son logros mayúsculos de la humanidad, piedra angular del respeto y cuidado del ser humano. Deben atravesar todos los eslabones de la cadena limitando su presión y generan, felizmente, una tensión constante entre derechos y control migratorio. Por otro lado, la hostilidad hacia el extranjero, fruto de las fronteras invisibles de nuestros corazones, se rompe en no pocas ocasiones con gestos y comunidades de hospitalidad. Cómo podemos acoger a migrantes y refugiados, o qué significa la hospitalidad, son preguntas proféticas cargadas hoy de futuro.

Contemplando la cadena completa podremos entender los eslabones externos e internos que la forman y buscar, en su caso, estrategias que agrieten o rompan algún eslabón, debilitando con ello la cadena entera.

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