La banca gana

En el sistema liberal, los ricos, siguiendo su propia ambición de tener cada vez más, emprenden y arriesgan su dinero. Así se crea trabajo y riqueza, llegando un poco de riqueza a los pobres, que consiguen así salir de la miseria.

Con importantes excepciones y matices, podemos decir que este ha sido el sistema que ha dominado el mundo durante los últimos dos siglos, obteniendo como resultado:

–    Que miles de millones de personas hayan salido de la pobreza extrema.

–    Crecer sin parar hasta el punto de llevar al planeta a una situación insostenible.

–    Que los ricos acumulen cantidades desorbitantes de riqueza, hasta el punto de llevar al sistema democrático a una grave crisis por la enorme concentración de poder que han acumulado.

Pero hoy el sistema global ya no funciona así. Por dos motivos:

En primer lugar porque la economía global se está estancando. Si la tarta no crece, significa que si el rico quiere tener más, ya no podrá ser por la creación de nueva riqueza sino que necesariamente tendrá que ser reduciendo la porción de los demás.

En segundo lugar porque la economía global ha dejado de ser un casino donde los ricos apuestan, para ser un casino donde los ricos son “la Banca, que como todos sabemos, “siempre gana”. Hoy, cuando la persona muy rica apuesta, si le sale cara se forra y si le sale cruz le hace pagar su “pérdida” a toda la sociedad.

¿Y cómo consiguen los ricos no perder cuando les sale cruz? Lo hacen a través de los siguientes mecanismos:

El principal mecanismo es presionar a instituciones como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Central Europeo para que presten inmensas cantidades de dinero a los gobiernos para que rescaten a los bancos en apuros para que estos bancos puedan devolver el dinero que los ricos habían prestado. Así es como la deuda privada de los bancos en apuros se convierte en deuda pública de países enteros, cometiendo un grave atentado contra la teoría liberal que estas instituciones supuestamente defendían.

Esto es lo que hicieron los ricos en la crisis de los 80 para conseguir cobrar lo prestado a Latinoamérica, en los 90 para conseguir cobrar lo prestado a Asia y lo que han hecho hoy para conseguir cobrar lo prestado a los bancos de EEUU y del Sur de Europa. Siempre lo consiguen alegando que si no lo hacen, será la crisis final y definitiva. Y tienen razón al decirlo.

Pero no se quedan contentos con eso, sino que cuando los ricos ya han recuperado todo su dinero, presionan de nuevo a las mismas entidades (FMI, BCE, etc…) para que no presten más a los gobiernos (que ahora están en apuros por haber rescatado a los bancos). Los ricos exigen ahora a esos gobiernos que antes de recibir más préstamos tienen que pagar lo que deben, que no puede ser que gasten más de lo que ingresan, que deben privatizar sus servicios públicos, recortar las políticas públicas y, por supuesto, reducir los impuestos al capital. De forma que se abren nuevas y enormes oportunidades de inversión para estos mismos ricos en esos países. Ver aquí un ejemplo de un político defendiendo estas ideas en el Parlamento Europeo:

El segundo mecanismo importantísimo es la habilidad de los ricos para invertir allí donde sea más rentable, que básicamente son los países donde el impuesto al capital es más bajo y donde la regulación laboral, financiera y medioambiental es más débil. Esto hace que todos los países compitan ferozmente por atraer el dinero a base de reducir el impuesto al capital y de desregular sus economías.

Es muy importante tener muy en cuenta que estas decisiones que toman los muy ricos no son decisiones “perversas” que forman parte de un complot internacional para arruinar a los pobres y destruir el planeta. Los ricos no las ven como decisiones morales sino como decisiones puramente técnico-económicas dentro de las reglas del juego. Puede que sean personas inconscientes o ignorantes, pero no son seres perversos.

En resumen, como la economía global se está estancando y como los muy ricos nunca pierden, ya no podemos decir que el sistema global sea liberal, ni neo-liberal, ni siquiera cuasi-liberal. Lo que tenemos es una pura “oligarquía” que impone sus intereses sin ningún tipo de ideología.

¿Y cómo lo arreglamos? En la teoría general de las chuches doy algunas claves, pero aquí insistiremos en que no hay salida sin COOPERACIÓN INTERNACIONAL. Necesitamos UN ACUERDO GLOBAL para que en todos los países, sin excepción, se cumpla que:

–          El capital pague los impuestos que le corresponden.

–          Se respeten los derechos de los trabajadores.

–          Exista regulación financiera para evitar nuevas burbujas y crisis.

–          Exista regulación ambiental para respetar el medio ambiente.

Si todos los países respetamos el acuerdo tendremos el mejor de los mundos posibles y veremos como la inversión realmente llega a los países que más la necesitan y como los países consiguen crear y mantener sus sistemas de bienestar. Si un solo país se salta el acuerdo en cualquiera de los cuatro campos mencionados, atraerá todo el dinero del mundo, por lo que el incentivo a saltárselo es enorme. Pero si, como consecuencia, todos los países le siguen y ninguno respeta el acuerdo, entonces tendremos el peor de los mundos posibles. Esta es la teoría de juegos del Premio Nobel de economía John Nash.

De esto es de lo que se tiene que hablar en la cumbre de financiación de Addis Abeba hoy y de lo que se tiene que hablar en la Asamblea General de Naciones Unidas en Septiembre cuando se aprueben los nuevos objetivos de desarrollo sostenible.

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