La alegría desbordante de las familias

El flashmob. ¿Cuál es el latido de nuestro corazón?

Por Montse Martí @MontseMarti

¿Qué os puedo contar de lo que vivimos en el #OpenFamilias 2016 en Madrid? Pues lo primero es exactamente eso: que lo vivimos en FAMILIA y con FAMILIAS. Lo siguiente es que hoy me despierto tras 36 intensas horas, con viaje de ida y vuelta incluido, intentando ordenar y resumir en mi mente aquello que bulle en mi corazón, de manera que pueda ser contado. Y lo único que de momento os puedo contar es la ALEGRÍA-de-la-buena que los míos tienen reflejada en sus caras llenas de cansancio.

Alegría por encontrarnos acogidos en la generosidad y hospitalidad de una familia, que no conocíamos y que nos abrió las puertas de su casa como si de la nuestra se tratara. Alegría por reconocernos en otros, al compartir al mejor Amigo en clave de familia. Es curioso: cuando conoces a un amigo en el Señor, es como conocer a un amigo mutuo de tu mejor amigo. No necesitas mucho más, ambos tenéis algo especial y valioso en común que os avala mutuamente. Encontrar a Dios en todas las cosas es apasionante, pero reconocerle en la mirada de alguien con las mismas necesidades que tú, eso no se olvida.

El flashmob. ¿Cuál es el latido de nuestro corazón?
El flashmob. ¿Cuál es el latido de nuestro corazón?

Alegría divertida de reír y reír, al escuchar que 300 personas íbamos a ser capaces de coordinarnos para crear una canción en poco menos de una hora… que luego íbamos a grabar un vídeo sin ensayarlo y que, todo junto, se lo íbamos a enviar al Papa Francisco. Un reto divertido al que no le escatimamos ganas ni pasión.

Alegrías palpables y evidentes, pero también otras que se esconden detrás del compartir en los talleres y retos, acogiendo y escuchando cómo el Espíritu se hace presente en tantas familias diferentes. Fueron reveladoras las palabras que el profesor Javier de la Torre nos apuntó sobre las familias que aparecen en la Biblia: curiosamente, ninguna está formada por papá-mamá-y-dos-o-tres-hijos. Lo que podemos encontrar en las Escrituras no son las familias modelo de la época: todas son familias heridas, rotas, doloridas, incompletas, familias que se equivocan, familias… diferentes. ¿Cómo se vive y se transmite la fe en una familia donde solo uno de los dos ha sido llamado a la conversión? ¿Cómo se vive cuando solo uno de los dos es creyente? ¿Cómo se vive cuando solo hay uno?…

También se saboreó profunda Alegría en las palabras que nos dedicó monseñor Carlos Osoro, sentado en el “salón de casa” con los más de 300 y los niños correteando por en medio: “En mi familia aprendí que nunca estaría solo, aprendí las mejores cosas de mi vida. Mi familia era una familia de puertas abiertas: debemos cuidar la familia para que no se convierta en una pensión barata sino en lugar de encuentro y diálogo donde quedarse o donde volver. Las familias cristianas debemos ser estufas que caminen al encuentro del otro, del diferente, que le ofrezcan su calor, que nunca se queden en calentar sólo a aquellos que conocemos, aquellos afines a nosotros. Todo otro es hijo y hermano”. ¿Os he dicho que desde por la mañana, los niños estaban ocupados en sus propias actividades? Pues un rato antes de comer, mi hijo de 10 años vino a contarme, todo contento, cómo se había acercado al señor arzobispo (el primer sacerdote –y obispo– que veía vestido con sotana) y le había dado un abrazo y un croissant. Hijo, a Monseñor… ¿un croissant?, “mamá, era lo que tenía”. ¿Podéis imaginar mayor y profunda Alegría?

Alegría al reconocer, por sorpresa, la voz de tu hija adolescente al participar en la oración común de la mañana. Volverte y encontrar su mirada llena de amor. Pues todo eso, de cada uno, lo agradecimos en una eucaristía concelebrada por todos nuestros jesuitas presentes, que nos quieren y nos cuidan, que nos acompañan y nos ayudan a crecer siguiendo los valores del Reino. ¡Cuántos amigos allí reunidos en torno al Señor!

Sí, para mí fue un día de ALEGRÍA. Para mí, que el Señor me regaló unos ojos para ver… pero ¿y para mi familia?

Qué suerte haber tenido, inmediatamente después, cuatro horas de viaje en el que pudimos repasar el día y comentar (a modo de examen) todo lo que el Open había movido en nosotros. Importante para el matrimonio: la opinión de nuestros hijos. A la pregunta, respondieron sin dudar que repetirían en cualquier sarao al que nos llamaran a participar desde el Secretariado de Familias, porque “querían volver a ver a sus amigos del resto de España”. Ya son algo mayores y comentaron que mejorarían sus talleres con juegos y dinámicas que les permitiera conocerse, compartir y trabajar lo mismo que trabajamos los adultos, pero a su nivel: no quieren sentirse “al margen”. Saben que hablamos de cosas importantes y quieren aportar su granito de arena: al fin y al cabo, ¡forman parte de la familia! Les gustó poder participar junto a nosotros en la creación y realización del Flashmob.

Por todo lo vivido y compartido, animo a participar a todas las familias con inquietud de vivir al modo de Jesús. Eché de menos a amigos con los que me hubiera gustado compartir esas horas, sentimiento que encontré también en otros con los que trabajé en el reto de la mañana. Tuve presente y en oración a otros, miembros de familias diferentes, que no se creían que eso que se organizaba fuera también con ellos. Se resistieron a venir y yo les invito a que no se pierdan el próximo, que se dejen llevar, que vengan a plantear y a reclamar su espacio. Y que vengan a comprobar cómo en los ojos de los otros también se refleja la mirada de Dios.

Con ALEGRÍA y con AMOR, gracias a todos los organizadores, voluntarios, participantes.

2 Comentarios

  1. Evidentemente, la alegría hace posible no caer en la tristeza del divorcio, de las relaciones prematrimonaliales, de los abortos de los hijos, de las eutanasias de los abuelos o de la violencia contra el esposo y/o la esposa (o novio/a si son jóvenes).
    Bendiciones para todos y todas.

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