King of kings

Os animo a hacer un brevísimo resumen de la historia de la humanidad en sus grandes búsquedas. Para ello, recurramos a los grandes genios:

De Buda, Miguel Ángel y Sócrates podemos deducir que la Sabiduría, la Belleza y la Verdad no las podemos elaborar, ni crear, ni poseer, solo las podemos captar y una vez “captadas” solo las podemos de alguna manera “expresar” con agradecimiento y asombro. Esta conclusión nos habla de cuánto nos alimentan las maravillas de la naturaleza y de la vida, pero nos dice poco sobre cómo debemos transformar la realidad que nos rodea. Sigamos recurriendo a otros genios para ello:

  • De la vida de Alejandro Magno deducimos que la raíz del poder está en la ambición, pero también que ese tipo de poder es efímero y que tan pronto como se obtiene, se pierde.
  • Gandhi nos dice que no es posible alcanzar la Paz si no estamos dispuestos a luchar pacíficamente y con total determinación contra toda injusticia.
  • Martin Luther King nos dice que la Justicia se sueña primero y se construye después y que vale más que la propia vida. De hecho nos llega a decir que no es posible construirla si no se está dispuesto a dar la vida.

Con estos otros tres aprendizajes deducimos que la realidad comienza a transformarse en el interior de cada uno de nosotros. Sólo cuando ambicionamos la Paz y la Justicia hasta el punto de estar dispuestos a darlo todo, podemos llegar a cooperar a su favor.

En definitiva, de la vida y enseñanzas de estos seis genios podemos deducir que somos seres vivos que nos alimentamos de la belleza, la sabiduría y la verdad del ambiente. Esto alimenta en nosotros sueños de Paz y de Justicia tan bellos que son imposibles de resistir, movilizando finalmente todo nuestro ser para construirlos.

Aunque podría pasarme meses alabando a estos grandes sabios por habernos transmitido toda esta sabiduría, es justo también reconocer con humildad que nada de todo esto responde a la gran pregunta: ¿Qué sentido tiene nuestra vida y la propia historia del Universo y de la humanidad? Ante esta pregunta solo caben dos posibilidades: renunciar a toda búsqueda de sentido o empezar a hablar de Dios.

Hablemos de Dios: Cuando hablamos de Dios, reconocemos que toda esa Sabiduría, Belleza y Verdad que encontramos en el mundo viene de Dios, de ahí que el arte durante tantos siglos no haya sido otra cosa que una gran alabanza a Dios. De la misma manera, reconocemos que esos sueños de Paz y de Justicia que se alimentan en nuestro interior también vienen de Dios, dándonos así una misión y una batalla que luchar.

¿Pero cómo podemos saber que ganaremos esa batalla? Los cristianos sabemos que ganaremos porque ya hemos ganado. Es como si ya hubiéramos visto la película, por eso sabemos que acaba bien. Dios bajó y nos dejó “boquiabiertos”: Buda no podía dejar de alabar tanta sabiduría, Miguel Ángel se sentía torpe ante la belleza de las parábolas, Sócrates quedó asombrado ante tanta verdad, Alejandro Magno se arrodilló ante tanta ambición, Gandhi jamás había visto tanta serenidad y tanta Paz y Martin Luther King se sintió pequeño ante el mayor luchador de los derechos humanos de la historia.

Pero la ambición de Jesús no era solo bella e irresistible, también era una llamada a rebelarse y a poner el mundo “patas arriba”. Así que los sabios, genios y poderosos decidieron reunirse secretamente para eliminarle. Era demasiado. Nos superaba por todos lados, era preciso eliminarlo. Y cuando parecía que no había posibilidad alguna de que la Verdad, la Justicia y la Paz triunfaran…

Resucitó.

Por eso los cristianos decimos que Jesús es Dios, Rey de reyes, Señor de señores, el Genio de los genios… y por eso estamos convencidos de que la “peli” termina bien. Porque ya ha terminado y está terminando bien.

Hoy Cristo ha sido eliminado de la vida pública. No se le soporta. Pero resurgirá con más fuerza aún que antes, no imponiéndose sobre las voluntades de las personas sino seduciendo con sus sueños de Paz y de Justicia, de forma que los que hoy le persiguen se doblarán ante su irresistible verdad, así hasta que se doble toda rodilla  y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor.

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