Para k todo niño persevere, necesita al menos un adulto k persevere con él/ella

Imagen de Maryorie Dantagnan en el blog “Dando vueltas sobre vueltas”

Por Dolores Trinidad Urizar Nieto. Educadora Social. Gijón.

UNICEF Comité Español ha presentado recientemente los resultados de la investigación que ha realizado en nueve Comunidades Autónomas, entre la que se encuentra Asturias, sobre la figura del acogimiento, entendida esta como una respuesta de la entidad pública ante ciertas situaciones de desprotección de un niño, niña o adolescente; ya sea porque se ha declarado en situación de desamparo, porque así lo soliciten los padres o tutores ante la imposibilidad de cuidar del un niño, niña o adolescente, o cuando lo acuerde un juez en los casos que legalmente proceda.

Entre las fortalezas identificadas aparece la actualización de los modelos técnicos de intervención. En el acogimiento residencial se deja atrás el enfoque conductista más punitivo para incorporar la teoría del vínculo, la psicología del trauma, la psicología sistémica y los enfoques cognitivos de tercera generación. En el acogimiento familiar se avanza hacia un modelo técnico basado en la co-parentalidad, donde se plantea el acogimiento como una familia que ayuda a otra familia en la crianza de un/a niño/a y donde la atención es integral al niño o niña, a la familia biológica y a la familia acogedora.

En este documento se hace referencia, como una de las recomendaciones de mejora, a la atención a las necesidades especificas de los/as niños/as y adolescentes en acogimiento. Se les debe reconocer como un colectivo con necesidades especiales, y valorar su adaptación curricular e itinerarios formativos individualizados. Realizar valoraciones sistemáticas del daño cerebral que los niños, niñas y adolescentes que han crecido en situaciones de desprotección severa pueden traer, para atenderles de la mejor manera.

Según Rafael Benito Moraga (Psiquiatra, Terapeuta familiar, Diplomado en Traumaterapia infanto-juvenil sistémica por el IFIV de Barcelona), para quien desde 1999 su campo de interés profesional se centra en el impacto que tienen las circunstancias adversas sufridas en la infancia en el desarrollo neurobiológico y fisiológico a lo largo de la vida, el maltrato infantil en cualquiera de sus formas provoca daño cerebral. También en el cerebro del adulto hay daño cuando se sufre un trauma psíquico. La diferencia crucial con el niño es que en este último el daño se produce en un cerebro en desarrollo y esto multiplica las consecuencias. Si asumimos que el maltrato lesiona zonas del cerebro relacionadas con las funciones cognitivas, con el control de la conducta y con las emociones no tendremos ningún problema en entender por qué se dan las dificultades en niños, niñas y adolescentes maltratados.

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En la exploración de CT la imagen a la izquierda muestra el cerebro de un tamaño promedio de un niño sano de 3 años.
La imagen a la derecha es la del cerebro de un niño de 3 años que sufre de un abandono severo de privación sensorial.
El cerebro de este niño es considerablemente más pequeño que el promedio y tiene un desarrollo anormal de la corteza.

El ser humano precisa de un adulto de su misma especie para su protección. «Necesitamos aferrarnos a alguien para sobrevivir y para desarrollar adecuadamente las funciones cerebrales, es decir, desarrollar el apego con el cuidador».

La figura capaz de cuidar del niño debe conseguir una relación sana con él, lo que significa desarrollar un apego seguro que le permita sentir que tiene a alguien en quien confiar y sentirse seguro. Sin embargo, también existen las relaciones perjudiciales para el niño, lo que lleva al apego inseguro, que dan lugar a distintas conductas adoptadas por el menor, como pueden ser «la conducta evitativa, ambivalente, desorganizada o indiscriminada». Muchas personas piensan que el apego es satisfacer necesidades biológicas y emocionales. Pero en realidad se trata de un «proceso continuo de moldeamiento del funcionamiento neurobiológico y fisiológico del niño a través de la relación con la figura significativa».

Según Rafael Benito Moraga la buena noticia en los casos de maltrato y abandono infantil es la resiliencia cerebral, es decir, «la buena evolución del niño a pesar de haber sufrido situaciones adversas». Ante las situaciones de maltrato o abandono, es importante poner en práctica el apego seguro, para que el niño sienta que tiene a alguien en quien confiar. Además hay que crear un vínculo, una relación positiva y optimista con el niño, junto con una conducta prosocial. Pero lo más importante es «actuar lo antes posible y evitar que el daño cerebral y las enfermedades físicas sean permanentes».

En el Plan Estratégico de la Fundación Hogar de San José 2018-21 uno de sus ejes estratégicos será la renovación del proyecto educativo para una atención residencial de calidad, adaptada a las necesidades actuales. Un modelo terapéutico basado en el buen trato y el apoyo a la resiliencia que nos ayude a bucear de una manera sensible y realista por los entresijos de las vidas y experiencias de los niños, niñas y adolescentes objeto de nuestra intervención, un modelo que nos permita ofrecer a los niños, niñas y adolescentes una relación terapéutica compatible con lo que denominamos un apego terapéutico seguro, para acompañarles en un trabajo reparador estructurado y riguroso, destinado a superar las consecuencias de los procesos traumáticos, complejos acumulativos y/o tempranos.

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