El actual primer ministro de Canadá es uno de los políticos de moda en el panorama internacional. Joven, apuesto, dinámico, innovador, progresista… Justin Trudeau llegó al gobierno de su país, con apenas 43 años de edad, en noviembre de 2015. Así pues, en estos días se han cumplido sus primeros 100 días de gobierno , lo cual permite esbozar ya un balance inicial de su acción política, por supuesto con aspectos positivos y otros más criticables. Ahora solo quiero fijarme en una cuestión: la presencia de la fe religiosa de Trudeau en la esfera pública y en su acción política, como ya he hecho en otras ocasiones.

De entrada, hay dos curiosidades en la vida de este político que resultan interesantes para nuestro tema. El primero es que nació cuando su padre Pierre Trudeau era primer ministro, lo cual no resulta demasiado habitual. ¿Quedó marcado para la política siendo un bebé? Su primera aparición pública fue en la basílica de Notre Dame en Otawa, el día de su bautizo, cuando no había cumplido ni un mes de vida. La segunda curiosidad es que Justin nació el día de Navidad, el 25 de diciembre de 1971. ¿Puede decirse, por tanto, que Justin Trudeau vivió  la vinculación entre fe y política desde la cuna? No lo tengo tan claro, aunque sí es cierto que su padre era un católico practicante con una honda vida de fe.

Justin Trudeau, con sus padres, el día de su bautismo. Lynn Ball/ The Canadian Press Photo

Justin Trudeau, con sus padres, el día de su bautismo. Lynn Ball/ The Canadian Press Photo

A lo largo de su infancia, Justin Trudeau estudió en varios colegios: uno público, otro privado laico y otro religioso, que había sido de jesuitas, el San Juan de Brebeuf en Montreal. Llegado a su juventud y vida adulto, podría decirse que Justin Trudeau es un ‘católico poco practicante’. En sus propias palabras diría:  “Sí, soy católico, soy un hombre de fe pero en realidad no voy mucho a la iglesia. Quizá por Pascua, quizá a la misa del gallo en Navidad”. Ahora bien, en el año 1998 murió su hermano Michel, en un accidente de esquí, y este acontecimiento supuso un significativo zarandeo vital en el joven Justin, que entonces tenía 26 años. En su proceso de búsqueda personal y espiritual, participó en los cursos Alpha, una iniciativa católica de evangelización. De nuevo, el mismo Justin Trudeau dice: “Para alguien tan racional, científico, lógico y riguroso como yo, aceptar lo desconocido y volver a encontrar mi fundamento en la fe fue algo muy, muy importante. Y acabó siendo un sostén en una época muy difícil. Desde ese momento, me considero y me he redescubierto con una fe y una creencia en Dios profundas. Pero obviamente, muy consciente de la separación de iglesia y estado en mi pensamiento político”.

El gobierno plural de J. Trudeau. Fred Chartrand / The Canadian Press

El gobierno plural de J. Trudeau. Fred Chartrand / The Canadian Press

La imagen más conocida de la llegada de Trudeau al gobierno está, precisamente, en su gabinete ministerial, que expresa muy bien la diversidad que quiere reconocer, gestionar, valorar e impulsar. Formado por 30 personas, es un equipo estrictamente paritario, con 15 mujeres y 15 varones; “tan plural como la propia Canadá”. Hay un razonable equilibrio geográfico, propio de un estado federal; hay dos personas con discapacidades, una ciega y uno con movilidad reducida; dos ministros aborígenes de las Primeras Naciones; cuatro sijs y una musulmana; tres nacieron en el extranjero, una en Afganistán y dos en la India. En cuanto a la cuestión religiosa, es difícil conocer las creencias de cada ministro, más allá de lo que se pueda observar en el caso de las “minorías visibles” o a través de alguna declaración explícita. Pero la diversidad también se puede observar en la fórmula de aceptación del cargo, pues la mitad de los ministros empleó la fórmula tradicional (“Así pues, Dios, ayúdame”) mientras que la otra mitad la evitó.

Conviene aquí notar que el multiculturalismo canadiense es, en mi opinión, uno de los modelos más avanzados, creativos, dinámicos y exitosos a la hora de gestionar la diversidad existente en la sociedad. En el año 2010, el conocido estudioso Will Kymlicka redactó un informe para el gobierno federal, indicando las principales cuestiones y temas de investigación acerca del multiculturalismo en Canadá. Allí se propone explícitamente la necesidad de incorporar de un modo más decidido la diversidad religiosa en el modelo multiculturalista (que tradicionalmente ha combinado la atención a la diversidad lingüística, a las Primeras Naciones aborígenes y a la diversidad étnica de origen migrante).

En cuanto a las medidas tomadas por el gobierno de Justin Trudeau, hay un cierto grado de ambigüedad o ambivalencia. Indicaré solo las tres cuestiones que me parecen más relevantes, además de la ya mencionada de la composición del gabinete ministerial. [1] Ha mostrado titubeos acerca de la Oficina de Libertad Religiosacreada por el anterior gobierno conservador y dedicada a las relaciones internacionales, a modo de embajada especial. Acaba de prolongar su mandato, pero solo hasta fines de marzo y con un futuro incierto. Las diversas confesiones religiosas (católicos, evangélicos, judíos, musulmanes…) reclaman su continuidad. Las voces más laicas insisten en insertar esta tarea en el marco global de los derechos humanos.  [2] Trudeau se comprometió al reasentamiento de 25.000 refugiados sirios y, a diferencia de lo ocurrido en Europa, está ya muy cerca de cumplir el objetivo. [3] Al recibir los resultados de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, especialmente los ocurridos en el contexto de los colegios internados de los pueblos aborígenes, Trudeau se comprometió a impulsar una verdadera reconciliación, para lo cual busca la cooperación de la Iglesia católica.

Para terminar, ofrezco con un sencillo juego de palabras con el nombre del primer ministro. Es casi un divertimento, pero puede ayudar a recapitular lo dicho y a lanzar la reflexión más allá de este momento. El apellido Trudeau parece venir del francés trou +‎ d’ eau, es  decir, “agujero de agua”. Pero, como la etimología siempre abre diversas posibilidades, otros autores lo ven relacionado con una raíz nórdica, thorvald, el dios Thor, dios del trueno. Jugando libremente con el bilingüismo canadiense, podríamos también explorar el significado de true/truth + eau, es decir, “agua de vida” o “agua auténtica”. Lo cual nos llevaría de nuevo al bautismo de Justin Trudeau. ¿Cómo debemos interpretar su bautismo en la vida política, es decir, estos primeros cien días de gobierno? Aunque pueda sonar un tanto exagerado, podemos preguntar, ¿es acaso Trudeau un nuevo Moisés, surgido a la vida desde el agua para guiar a su pueblo a una nueva tierra prometida? ¿O es, más bien, un ejemplo de política para tiempos líquidos? En todo caso, ¿qué podemos esperar de su acción política posterior? Estaremos atentos.

Foto 1. Tomada de http://quebec.huffingtonpost.ca/2012/07/21/direction-du-plc-justin-t_n_1691677.html