Acabar con la Justicia Patriarcal

Manifestación Madrid por la sentencia de la Manada

Tras largos meses de espera llegó la sentencia del juicio a la manada con un fallo que demostró una vez más que vivimos en un sistema judicial patriarcal. No era la primera ni será la última sentencia que deja desprotegidas las vidas y los derechos de las mujeres. Pero esta vez el movimiento feminista cabalgaba en su cuarta ola, y como adelanté en mi último post, las activistas feministas aprovechamos todas las herramientas y espacios del Social Media para contrarrestar ese discurso machista que narra y juzga la realidad desde sus lentes patriarcales.

Son muchos los señoros que, como Francesc de Carreras, uno de los ideólogos de Ciudadanos, se quejan de que “en el momento de pronunciar la sentencia, de 300 páginas por cierto, ya estaban montadas las manifestaciones para protestar contra la misma. Sin estudiar las pruebas, los manifestantes ya habían dictado el veredicto”. Querido Francesc, me parece a mí que sabes muy poco de lo que es y lo que supone la #JusticiaPatriarcal. Claro que teníamos preparadas las manifestaciones, porque la probabilidad de que el fallo judicial siguiese alimentando y promoviendo la cultura de la violación era muy alta. Porque cada día hay alguna sentencia vomitiva que normaliza, legítima y alimenta las violencias sexuales.

También son muchos los señoros que consideran que esto es un tema de España, y que a santo de qué vienen la criticas internacionales; y mis favoritos que afirman que, si no eres jurista, no puedes entender y por ello criticar la sentencia. Yo, que sí soy jurista, y además soy feminista, les digo que los que no han entendido nada son ellos. Queridos, resulta que en 2014 España ratificó el Convenio de Estambul, que considera “violencia sexual” todo acto sexual sin consentimiento. Sin embargo, solo seis países de los diecisiete Estados miembros que lo han ratificado (Reino Unido, Bélgica, Chipre, Luxemburgo, Irlanda y Alemania), reconocen en sus ordenamientos jurídicos que si no hay consentimiento es violación. Así que, seamos o no juristas, solo por esto ya tenemos no solo todo el derecho, sino además todísima la razón a enfadarnos con una sentencia que dice que fue abuso y no violación.

La reacción del movimiento feminista en redes tras conocerse la sentencia activó ardientemente la calle, hizo pedagogía feminista (también a nivel jurídico, para desgracia de muchos) y explosionó una sororidad global que ha logrado apropiarse del relato y llevar el #MeToo aún más lejos.

Todo arranca con el texto íntimo y personal  ‘La no violación’ de Virginia P. Alonso, codirectora de Público, con el que buscaba mostrar su solidaridad con la víctima de la manada. Es la periodista Cristina Fallarás la que añade el hashtag #Cuéntalo cuando lo difunde en Twitter. A partir de ahí cientos de miles de mujeres empiezan a inundar el hashtag con denuncias de violencias sexuales. Se suman políticas y cargos públicos.  LLega el trending topic en España y en seguida salta el charco y las mujeres latinoamericanas se suman a la acción de denuncia.

El patriarcado es global, como lo son sus violencias machistas y su cultura de la violación. El activismo digital feminista también es global y nos ha permitido dar un golpe en la mesa y decir basta. #Cuéntalo es la prueba de ello. Hemos podido apropiarnos del relato para construir una nueva narrativa alrededor de las violencias sexuales que ha venido para quedarse. Y todo ello pese a que partidos, instituciones y medios de comunicación, aún no hayan reaccionado ante esta emergencia.

 

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