Hace poco reseñamos el informe de la Fundación Compromiso y Transparencia sobre Comunicación de la Contribución Fiscal de las Empresas del IBEX35. No extrañamente, el informe encuentra mayor opacidad de la comunicación de las empresas sobre estos aspectos que sobre Responsabilidad Social (RSE), por ejemplo.

El orden moral de las prioridades es exactamente el inverso. Cualquier aspecto relacionado con la justicia (como la Responsabilidad Fiscal) es exigible y precisamente por eso va por delante de aquellos otros resultados de la empresa que no lo sean estrictamente (como los que se reportan como Responsabilidad Social).

Cuando decimos “exigible” no nos referimos principalmente ni primero a lo legalmente exigible, sino a lo que establece una obligación ética, coincida o no con una obligación legal. Las leyes cambian con los parlamentos y los presupuestos, se aplican mejor o peor, con más o menos interés, y depende bastante de los jueces que “te toquen” y los abogados que tengas para el caso.

La obligatoriedad moral lleva una lógica distinta. La justicia expresa un sentido del equilibrio entre los beneficios recibidos por cada una de las partes participantes en una cierta operación. Todos los que contribuyen deben beneficiarse de la creación de riqueza que ocurre a través de la empresa. Nadie debe ser explotado para que otros se beneficien.

Parte de ese equilibrio tiene lugar a través de relaciones de mercado, e importa mucho que sean enteramente libres para que sean justas. Las grandes asimetrías de poder constituyen un caldo de cultivo favorable para la injusticia. Por eso la importancia de equilibrar los poderes de los diversos actores de mercado.

Otra parte del equilibrio de la justicia ocurre a través del espacio público, que proporciona algunas externalidades positivas, absorbe otras negativas, proporciona servicios y realiza redistribuciones necesarias. De aquí nacen los deberes fiscales: la empresa que disfruta los bienes públicos generados por el Estado pero no contribuye a financiarlos en una forma equilibrada a través de sus impuestos, está explotando al conjunto de la sociedad política. Su operación no es justa.

En Europa se nos plantea el problema creciente de empresas que generan beneficios en países como España, Francia o Alemania, y pagan impuestos en lugares como Irlanda, Holanda o Luxemburgo. Esto fuerza a la baja los tipos reales de los países del primer grupo, para competir con los del segundo, en un asunto en que los países no deberían de estar compitiendo. Competimos por ser víctimas de una injusticia, porque peor sería no ser ni víctimas. Por supuesto, en este caso, la competencia misma es la injusticia.

Por eso, mucha Responsabilidad Social si no hay Responsabilidad Fiscal, es usar lo voluntario para tapar el incumplimiento de lo debido. La “beneficencia” como mampara de la injusticia. No es la primera vez que se ve algo así.


 

Imagen: http://ec.europa.eu/taxation_customs/taxation/tax_fraud_evasion/