¿Turisteas o contemplas… por México?

Jurassic Park en Chiapas… Por: P. José Suárez Trueba, SJ, Chapulín

Chiapas es uno de los Estados más atractivos para el turismo en México. Palenque, Bonampak, Yaxchilan, Agua Azul, Misolha, San Cristóbal de las Casas, El Cañón del Sumidero son algunos de los lugares favoritos para el turismo nacional e internacional. Los jesuitas trabajamos en esta zona desde hace 57 años. A este maravilloso lugar donde vivimos, también se le conoce como “Alan Quinal” (tierras bajas, en idioma tseltal). Colindamos con la Reserva de la  Biosfera de los Montes Azules, en la Selva Lacandona. Nuestra casa está en el paso de la ruta turística que va de Palenque hacia Bonampak y Yaxchilan. Trabajamos con tres pueblos originarios: Tseltales, Ch’oles y Zoques.

Para entender lo que sucede en esta región, puede ayudarnos la última película de la saga “Jurassic Park”. Esta es una buena imagen del turismo en la región. En esta cinta, como en todas las anteriores, se hace un parque recreativo con todos los servicios: hoteles de lujo, restaurantes, bares y transportes ultra modernos. Hay novedades y atracciones como paseos en esferas móviles, dinosaurios miniaturas, del tamaño de un pony, para que jueguen los niños, etcétera. Todo está hecho con el fin de que el visitante viva una experiencia llena de emociones y placeres. Un dato que no saben los turistas: al fondo de la isla se construye una jaula que guarda la futura atracción del parque, un súper dinosaurio extremadamente salvaje. En la película todo se sale de control cuando dicho dinosaurio escapa de su cautiverio.

En el Estado de Chiapas sucede algo semejante. La industria del turismo hace grandes esfuerzos para crear una especie de parque recreativo con todos los servicios en “espacios seguros”: en la ciudad de Palenque hay un sitio aparte, reforzado ya con policía turística, donde se proyecta hacer un parque de juegos acuáticos.  Quienes realizan estos desarrollos turísticos, ocultan lo salvaje que sucede en esta región. Todo se encuentra diseñado para que el visitante no tenga ninguna especie de encuentro o contacto con la pobreza extrema en que viven los pueblos indígenas. No me refiero solamente a la miseria, sino a la destrucción de la vida comunitaria, al deterioro de los usos y costumbres por la imposición del sistema neoliberal en todas las esferas de la vida. De igual forma, estas empresas, que por una parte hacen grandes construcciones hoteleras, ocultan las grandes carencias que tiene Chiapas en el tema de la salud, por ejemplo, la falta de hospitales. Muchos niños mueren por enfermedades curables. Una persona no puede ser diagnosticada de cáncer, a menos que se traslade hasta la ciudad de Villa Hermosa, ubicada a 300 km. La gran mayoría de jóvenes de esta región tiene que migrar de su comunidad para encontrar un trabajo.

Otro drama que los turistas no verán es el paso de muchos hermanos y hermanas de Centroamérica y las feroces persecuciones a las que se ven sometidos tanto por policías como por bandas que los extorsionan. Ningún visitante se dará cuenta tampoco del tráfico de armas y drogas.

Para terminar, quisiera decir que los lugares más bellos de Chiapas no son los que aparecen en los folletos turísticos. Lo más bello son los corazones de estos hombres y mujeres que intentan vivir desde la tierra, hacia la tierra, para la tierra. Hombres y mujeres que son un testimonio de cómo se puede ser feliz sin tener tanto. Hombres y mujeres llenos de fe en Dios.

[El autor es jesuita mexicano, misionero en la Selva Lacandona, Chiapas, México]

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