Junior: El nasciturus virtual

 

“Junior(*). Te esperamos” rezaba la leyenda junto a la foto de la ecografía en el perfil de whatsapp de su madre. Parecía evidente que la mamá del nasciturus (palabra latina que hace referencia al concebido pero no nacido) estaba orgullosa de su embarazo y quería compartir su ilusión en las redes sociales presentando a la comunidad virtual la foto de su futuro hijo. Junior se convertía así, por arte de whatsapp, en público, publicable, compartible, comentable, destinatario de emoticones.  Salía a la luz pública antes de que su mamá hubiera le hubiera dado a luz.

En esta nueva manera de relacionarse  que impone el mundo de las redes sociales, uno no acaba de saber cómo situarse.  ¿ Es adecuado felicitar por whattsapp a la madre? ¿Qué sucedería si al cruzarme con ella no digo nada de la noticia y espero a que sea ella quien lo comente? ¿Sería un insensible? o lo que es peor, ¿un maleducado?  Imagino a Junior con once o doce años cruzándose con alguien que le espete: “Te conocí desde que estabas en la tripa de tu madre porque ví una foto de tu ecografía en Whattsapp” y no sé si imaginármelo cortadísimo o encantado de la vida.

El caso es que en nuestro día a día  se confunden  la hipervisibilización y la normativa obsesivamente protectora del derecho a la intimidad. Los reality shows con el gran negocio de las  compañías que se dedican al borrado de datos en la red. La presencia de miles de cámaras de vigilancia en las calles con el olvido institucional a aquellos que expulsa el sistema.

Volviendo a Junior cabe preguntarse  ¿Cuáles son los límites- si existieran- de la intimidad de este nasciturus?. ¿Existe algún derecho que regule que su imagen no vaya circulando por doquier y pueda ser utilizada por cualquiera una vez haya sido exhibida públicamente?   En las clases de Derecho Civil nos enseñaban que  “El concebido se tenía por nacido para todos los efectos que le fueren favorables siempre que naciera con vida  y una vez desprendido del seno materno”, pero hoy por hoy Junior no lo está, y, aunque  el derecho a la protección de su imagen podría ser un efecto favorable, el pequeño feto  no es sujeto de derechos, con lo que el asunto está cerrado y la intimidad de Junior queda al albur de sus padres

En toda esta reflexión no he podido evitar que me venga a la memoria de manera repetida el versículo de Jeremías 1.4Antes de que te formaras en el seno de tu madre ya te conocía” .Tampoco he podido evitar sentir una gran inquietud ante  la invasión-cuasi sacrílega- de ese espacio, quizá el más intimo en la existencia de la persona  por mor del gran hermano de lo virtual.

Sólo deseo a Junior ( el nombre como se habrán imaginado, es figurado) que la vida le sonría, que viva feliz y relajado , que cuando sea mayor se aprenda bien la Declaración Universal de los Derechos Humanos y que una tarde, o una noche, o una mañana, mientras desayune come o cene con sus padres les explique con mucho cariño la definición de la palabra intimidad y el contenido de ese derecho.

 

 

 

 

4 Comentarios

  1. Gracias, me ha encantado el artículo. Creo que no existe sensibilidad y no se protege la intimidad y privacidad de los niños.

  2. Y no deberíamos meter en esta misma reflexión todas las fotos tomadas de bebé, muchas de ellas en momentos íntimos: de recién nacido, sus primeras lactancias, en el baño, la torpeza de los primeros pasos… y que ningún padre renuncia a publicar (=hacer pública), tanto ahora, como la versión de hace 30 años: enseñar el álbum familiar. Con una gran diferencia: ya no es un nasciturus, sino un sujeto de pleno derecho.

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