Juez Dredd. Ley, sujeto y realidad en el conflicto catalán

Pablo Font Oporto

Universidad Loyola Andalucía

Los acontecimientos en el conflicto catalán se están sucediendo a velocidad de vértigo. En los últimos días, al reflexionar sobre las implicaciones que en el plano jurídico iban teniendo las actuaciones de unos y otros (Gobierno central, Govern catalán, fiscalía, jueces y tribunales, diversos cuerpos de seguridad), me venía a la mente aquel personaje de cómic que muchos de ustedes conocerán: el Juez Dredd, un agente de la ley que en un futuro distópico reúne en sí los poderes de policía, juez, jurado y verdugo.

Desde mi punto de vista, en un plano filosófico-jurídico (esto es, en el ámbito de las diversas posturas sobre qué es el Derecho y qué fundamenta una ley y su cumplimiento), parece que, en este conflicto, los dos principales contendientes (Gobierno central y Govern catalán) están secundando cada uno de ellos una visión polarizada y alternativa.

En teoría, con su insistencia en la legalidad y el respeto al Estado de Derecho, el Gobierno del PP estaría invocando una visión positivista (el Derecho es la ley puesta por quien tiene poder para ello y sigue los cauces previstos por el propio sistema legal), que parece hallar su argumento decisivo en el requisito de la seguridad jurídica como eje de la justicia.

Por su parte, el Govern de JuntsxSi parece enrocado en la defensa de una posición naturalista (el único Derecho legítimo es aquel que respeta la ley natural universal y eterna), en la que el punto fuerte del discurso se articula en este caso concreto en cuestiones como el respeto al derecho a la autodeterminación de los pueblos o los derechos de las minorías.

Cabría además observar esta contraposición bajo la lente del eje de tensión libertad-igualdad, donde en última instancia habría una contraposición entre, de un lado, la igualdad ante la ley y, de otro, la libertad. Para complicar aún más la situación, ambos bandos se disputan, además, la defensa de la democracia y vinculan con la misma sus argumentos propios.

Sin embargo, y volviendo a la contraposición entre fundamentos positivistas y naturalistas, paradójicamente, creo que es posible también observar que, de manera más o menos velada (como si se tratase de una agenda oculta que al mismo tiempo se lanzara a modo de globo sonda) en el caso de ambos púgiles es posible observar que detrás de su argumentario público se manejan también ideas que son en verdad originarias de la otra postura.

Así sucede, por ejemplo, con la creencia del Gobierno central (de manera aún no del todo abierta, pero cada vez menos vergonzante) en la unidad de España como bien jurídico natural (concepto que se camufla detrás del argumento, también naturalista, del bien común). Por su parte, el Govern no renuncia del todo a la partida en el terreno positivista y defiende la generación de una nueva legalidad que rompe con la anterior (si bien dicha ruptura encontraría su justificación en argumentos naturalistas)

Después de esta propuesta de análisis quería comentar tres ideas a propósito de las relaciones entre el Derecho, el sujeto y la realidad que, a mi juicio, pueden aportar ciertos elementos para la reflexión.

En primer lugar, en mi opinión, el Derecho es como una espada de doble filo: es un instrumento que puede ser bien de liberación, bien de opresión. Desgraciadamente, las más de las veces ha sido históricamente lo último, y esto porque son los poderes fácticos los que suelen poseer los resortes necesarios para la elaboración, interpretación y aplicación del Derecho. Es esta una cuestión que estudian los juristas que siguen el enfoque decolonial al acentuar que la colonización se perpetúa también mediante la colonialidad de un Derecho introducido y sostenido por las élites que niegan el propio ser del carente de poder.

Segundo: defiendo que el sujeto, el ser humano, no puede ser atropellado por la ley. La sujeción a un ordenamiento jurídico no puede implicar la imposibilidad de que la persona dialogue con aquella, la interprete y la cuestione. Incluso aunque finalmente quede sometida a la misma por la fuerza del sistema legal o la realidad imperante. En última instancia, la ley es para el ser humano, y no el ser humano para la ley. Es esta una línea que permite cuestionar no sólo las injusticias del Derecho, sino incluso precisamente la tendencia del Derecho a presentarse como incuestionable y absoluto. Esto valdría tanto para el Derecho positivo como para la ley natural, que, a fin de cuentas, sigue siendo ley. Franz Hinkelammert y otros autores de la teoría crítica como Juan A. Senent han explorado este camino que tiene interesantes raíces evangélicas en su origen.

Por último, y ya en un plano que ha ido elevándose progresivamente (¡ojo, cocina!) me resultan muy sugerentes las ideas que Giorgio Agamben expone al intentar explicar las claves de la forma de vida propuesta por el franciscanismo más original. Considera este autor que para el poveretto d’Assisi una existencia plena comporta una renuncia que en el fondo supone una voluntad de autoexclusión del Derecho. Y esto no tanto porque se busque una insumisión o desobediencia civil, sino porque se renuncia a toda exigencia: la forma de vida y la vida en sí misma se convierten en el elemento central de la propia existencia, de tal forma que la regla es a fin de cuentas la vida que no exige y hace sólo un uso no apropiativo de la realidad.

No cabe duda de que esto último comporta y exige paralelamente una progresiva liberación interior que es la que permite concebir esta sencillez de vida como existencia deseable. Pero también es posible apreciar que, mientras no se esté dispuesto a arribar al menos al punto de partida esa autoliberación y vaciamiento interior, renegar absolutamente del Derecho (positivo y natural) puede ser un ejercicio de demagogia irreal o incluso sumamente peligroso. Porque para los que no han transitado hacia esa inexigente autoexclusión jurídica esa dinámica puede conducir a un retorno al Far West, a un caos difícilmente gestionable que (en un ejercicio virtual de viaje del pasado al futuro, pasando por el presente) invitaría a muchos a anhelar la llegada mesiánica del Juez Dredd.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here