Jesús era judío como yo

Jesús era judío. Un hombre con el pecho descubierto, los brazos abiertos y los pies juntos mira con asombro hacia su derecha. Está clavado en una cruz. Viste ropa oscura, lleva puesto un gorro y los tefelim, filacterias, atados a su brazo izquierdo. Las tiras de cuero que culminan con una cajita que contiene palabras en hebreo y un  talet, el manto sinagogal, se dejan mover por un viento secreto mientras el resto se mantiene fijo, terriblemente detenido. En Crucifixión, Emmanuel Levy sintetiza lo que millones de voces judías gritan por todos los vacíos de la historia en busca de la mirada del hermano. Jesús era un judío como yo.

"Crucifixión", por Emmanuel Levy
“Crucifixión”, por Emmanuel Levy

Hoy 24 de diciembre, es también, como sucede sólo en ocasiones, 24 de Kislev. Mientras unos celebran el nacimiento de Jesús, otros celebramos la fiesta de Hanukkah (Janucá). No siempre el calendario se funde de esta manera, no siempre el 24 de kislev, en el calendario judío mixto, coincide exactamente con el 24 de diciembre del calendario solar. Pero sí esta noche. Y no puedo dejar de pensar en cómo se relacionan.

De niña, yo no asistía a clase de religión. Recuerdo que eso causaba revuelo entre mis compañeros, junto a una enorme admiración. En una ocasión, al salir del aula el profesor, quizá un sacerdote, no lo recuerdo, me dijo: “Pobrecita, tú no tienes la culpa”. La culpa de qué, me pregunté entonces, me pregunto ahora. Yo no elegía, yo no era quien decidía, ni quien, claro, había clavado a Jesús en su cruz.  ¿Era eso lo que me quiso decir? O simplemente que no era la culpable de no asistir a su clase. No importa, pero quizá fue entonces cuando empecé a elaborar mi diálogo con ese sacerdote, con el taxista que acusaba a los judíos de la muerte de Jesús, con los textos que me he ido encontrando. No solo me sucede a mí. Durante siglos, a los judíos de todo el mundo un día cualquiera se encuentran recordando a su profesor, a su público, a su novia, goy, él era judío como yo. Sí, él era judío, hablaba arameo o hebreo, y celebraría como nosotros la janucá (hanukkah), esa fiesta que recuerda la victoria de los macabeos contra los griegos y la recuperación del templo. Se celebra recordando el milagro de la luz. Una vela duró encendida ocho días, hasta que se pudo traer aceite puro. Así se enciende cada día una velita hasta que se enciende todo el candelabro de nueve brazos durante ocho días.

Jorge M. Bergoglio (actual papa Francisco) visita la sinagoga de Buenos Aires en Hannukah
Jorge M. Bergoglio (actual papa Francisco) visita la sinagoga de Buenos Aires en Hanukkah

Jules Isaac escribió ensayos inteligentes sobre esta idea. Lo dramático no es recordarlo, sino el deber de recordarlo. Durante siglos el pueblo acusado debió defenderse, explicar, nada servía, ninguna palabra calmaba a los acusadores porque la única culpa era la misma existencia. Como en un relato de Kafka, la sombra se iba extendiendo oscureciendo la razón.  Y de los rincones de los sótanos se oía Jesús era judío como yo. En cada época, en la hoguera de la inquisición o en Auschwitz se oía, Jesús era judío como yo.

Así que hoy, en esa fracción del año en el que se cruzan los calendarios, no he podido dejar de recordarlo, que miréis a los ojos de ese niño judío y veáis el dolor que siente por su pueblo. No es difícil. Hoy se ha producido un cambio, un acercamiento; ha sido lento, pero la verdad de uno nunca podrá ensombrecer a la verdad del otro. Afortunadamente, el mensaje ha encontrado su tiempo. Pero siempre hay que estar atentos.

Feliz Hanukkah. Feliz Navidad.

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3 Comentarios

  1. Gracias Antonio. Ese era el sentido de mi texto. Yo comprendi el sentido leyendo la Estrella de la redención. De Franz rosenzweig.

  2. El hecho de pertenecer al Reino de Dios determina la actitud del hombre ante la vida, independientemente de la Tradición donde tiene sus afectos. Ahora bien, si investigamos la figura de Jesús, en primer lugar nos encontramos que Él en ningún momento intenta trasgredir la Tradición Judía, es más, tiene una preocupación sincera por legitimarse dentro de su Comunidad. Porque las palabras de Jesús son una respuesta a las preguntas hechas por esa Comunidad a lo largo de los siglos. Una preguntas nacidas de la experiencia de flaqueza. Su luz resplandece por encima de las tinieblas y renueva la Alianza.

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