¿Internet te puede decir “cómo ser feliz”?

La pregunta más buscada en Google durante 2015 ha sido “¿Cómo ser feliz?” (internet feliz), probablemente con más de una falta de ortografía. Mi primera impresión es que internet es un gran espacio de búsqueda, y que no buscamos cualquier cosa. Me parece estupendo, muy bueno, porque responde a lo más humano. En ese sentido se pone de relieve, una vez más, la conexión que hay entre la red y lo más hondo de la persona. No hace falta recordar que para que ocupe ese lugar en el ranking han sido millones de personas, con millones de búsquedas constantes y diarias.

No es una cuestión relativa a los jóvenes, aunque por uso sean ellos los que más veces plasman la cuestión en la barra de Google. No conoce razas, ni tiene problemas de lenguas. Tampoco se percibe en el análisis un tiempo significativo y distinguido. Puede que alguno cuando escribe la pregunta esté buscando información para un trabajo, no lo sabemos, pero es claro que la inmensa mayoría prueban, buscan “suerte”, reflejan su inquietud. En todo esto hay algo que conviene destacar.

  1. Lo mejor de lo humano está reflejado en la red.  No es una afirmación cualquiera. Significa que la red es capaz de albergar la belleza, el bien, la verdad y reflejarla. No me cabe duda, y más aún cuando es punto de encuentro y no sólo de comunicación y mensajes. La palabra, como en tantas cosas de la vida, seguirá siendo fundamental para transmitirlo. Pero ahora viene acompañada de muchas imágenes, de relatos completos, de muchas sinergias, muchas fronteras. Hay quien considera que internet es el mejor impulso a una globalización de lo humano. Estoy absolutamente convencido de que en la red se pueden encontrar, como poco, pistas para seguir dando pasos hacia la felicidad.
  2. Cada cual encuentra lo que busca. Las respuestas de Google son selectivas, para cada persona. Es decir, que no ofrece a todos lo mismo. Va aprendiendo de aquello que nos interesa, gusta, con lo que nos encontramos más identificados. Y nos devuelve algo que sea cómodo para nosotros, por decirlo de algún modo. En Google, por tanto, se confirma más aquello que intuimos que algo novedoso, distinto y provocador. Mucho me temo que, en ese sentido, sólo una red abierta -aquí viene a ser sinónimo de “libre”- es capaz de aportar algo significativo verdaderamente valioso.
  3. La felicidad, el optimismo, triunfa en la red.  Una felicidad con matices, como a cualquiera que haya hecho alguna búsqueda en su vida de forma seria, le puede parecer. El “buenrrollismo” de los mensajes, las propuestas deslumbrantes, las sonrisas impostadas, se dan la mano con una felicidad de raíz más auténtica, libre y humana, acostumbrada a bregar con el mal, con el sufrimiento, con la lucha. Cualquiera que quiera de verdad ser feliz sabe de qué hablo, y lo pronto que se agotan las respuestas vulgares dejando tras de sí una profunda tristeza y soledad. Pero también en la red, como en la vida, se mezcla lo auténtico y sincero, con las apariencias y manipulaciones. ¡Discernimiento digital! ¡Criterios de búsqueda! ¡Como en la vida misma!
  4. Grandes contenidos, muchas experiencias. Internet está vivo en sus contenidos, y entre los contenidos lo que va cobrando mayor fuerza son las personas con rostro concreto, vidas de lo más cotidianas, que comparten logros, pasos, intentos y fracasos. En los que otras personas se ven igualmente reflejadas y conectan en lo más humano. No son perfiles los que se encuentran, sino personas que comienzan a hacer experiencias comunes. Quizá, eso sí, no está nadie exento en la red de imitar mediante “Copy&Paste”. Pero más allá de dificultades, un rostro muy humano en la red se va abriendo camino humanizando a su paso lo que antes era muy impersonal y probablemente muy aparente. Hay un salto cualitativo cuando la experiencia digital se abre al diálogo con el otro, a las preguntas abiertas, a la acogida de respuestas, al interés por escuchar, compartir lo propio, empatizar con lo ajeno…
  5. Por último, no quedarse en la red. El gran peligro que muchos denuncian y que aquí se vuelve del todo ridículo e insuficiente. No hay posibilidad de ser feliz sólo en la red, entre Twitter y Facebook, con fotos de Instagram, ni mensajes chulos en un blog. Aquí hablamos de algo más que desborda claramente lo que sucede en este espacio. O dicho de otro modo, quien quiere ser feliz no estará enganchado permanentemente al móvil, ni pegado al ordenador. El primer gran consejo que encontramos suele ser “vive”, aunque hecho de menos un “piensa lo que haces”.

Que cada cual saque sus conclusiones. Aquí están las mías. Sirva de cierre que, en cualquier caso, de lo que más me alegra saber es que internet no se construye de espaldas al mal del mundo, que hay mucho compromiso reflejado y vivido en la red. Porque un primer paso para buscar ese bien absoluto es no mirar de lado, cuando no dar de espaldas, a tanto sufrimiento como hay tan cerca de nosotros, aquí en Burkina-Faso, aquí en Siria, aquí en Madrid.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here