Nada es gratis en internet

Seguro que ya sabes que lo prometido como “gratis” tiene siempre un coste. Puede que no estés familiarizado con una expresión muy castiza que dice “no hay duros a cuatro pesetas”. Lo que viene a decir es que las gangas no existen, que las cosas no cuestan menos de lo que deben.  El principio de prudencia nos debiera llevar a recordar esto con frecuencia, y a aplicarlo. Especialmente cuando alguna oferta nos llama la atención por su gratuidad. Algo muy frecuente en el universo internet.

El presente post solo pretende hacer un recorrido por algunos curiosos ejemplos de servicios gratuitos que recorren la red. Atraen adeptos que no se detienen a pensar en el modelo de negocio que hace la oferta sostenible. Si son gratis, alguien está “pagando el pato”, y puede que sin saberlo.

Ejemplo 1: prensa, gratis

Hace ya unos meses llamaba yo la atención sobre este tema a propósito de los medios de comunicación. Aquel post se completaba con un comentario muy interesante firmado por mi colega en este espacio, Xabier Riezu, “sobre el ahogo de la prensa“. Ambos analizábamos cómo los antiguos periódicos en papel habían evolucionado con internet hasta ofrecer la información en internet de manera completamente gratuita. De nuevo, “no hay duros a cuatro pesetas”. A pesar de que pueda parecer gratuito, el usuario “paga” el servicio cediendo el acceso a sus cookies. Con ello, el medio de comunicación consigue una jugosa información que poder comercializar. Saca más mercadeando con esos datos, que con la venta de la información que transmite.

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Ejemplo 2: accesibilidad wifi, gratis

El propio acceso a redes wifi nos aparece de manera gratuita en aeropuertos, centros comerciales, tiendas o cafeterías. Durante un tiempo limitado, eso sí. Pero “a cambio” el espía entra en nuestros dispositivos y se adueña de la información almacenada en nuestras cookies. Una información aparentemente inofensiva y desprovista de valor pero que, de manera agregada y tratada por expertos, dibuja nuestro perfil, nuestra manera de ser. Ese retrato-robot es una poderosa herramienta comercial al servicio de quienes nos invaden después con publicidad. O de quienes restringen nuestro universo de conocimiento a lo que desean, en base la predisposición que delatan nuestros perfiles.

Visto así, es como si nosotros mismos estuviéramos tejiendo nuestra propia tela de araña. Una telaraña de la que luego ya resulta casi imposible escapar.

Ejemplo 3: seguros, más baratos

Otro ejemplo es el de las compañías de seguros. Tradicionalmente, las primas que pagaban los asegurados se calculaban en base a datos demográficos. Edad, sexo, profesión, datos médicos, hábitos de consumo…Permitían trazar, en base a datos estadísticos, una escala de riesgos compartidos por pares. Algo que a muchos se nos antojaba injusto: ¿por qué el hecho de tener 24 años cuando aseguro mi coche hace que pague más que quienes tienen 30, si “yo”, personalmente, soy más cauta al volante? O, ¿por qué el hecho de ser administrativa me convierte en alguien sedentario, si resulta que luego vuelvo caminando a mi casa con un paseo de 45 sanos minutos?

Pues bien, la revolución del mundo actuarial se encuentra ahora en la geolocalización. Conseguir identificar a cuánto riesgo se expone cada persona a diario hace “atinar” más al calcular la prima. Dependiendo de donde nos encontramos en cada momento, somos más o menos susceptibles de sufrir un accidente. Y conocer eso, para una compañía de seguros es un diamante en bruto, pues ajusta precios y cláusulas consecuentemente. Por eso las compañías ofrecen ahora servicios “gratuitos” que te permiten seguirte allá donde estés y “ayudarte” en caso de que tengas un incidente. “Solo” tienes que estar permanentemente conectado para que acudan a tu rescate velozmente si se te pincha una rueda o te quedas sin gasolina en medio de la autopista. Pero claro, gratis, gratis, no es.

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Ejemplo 4: más geolocalización aplicada, ¿gratis?

La geolocalización tiene un potencial infinito. Nos puede ayudar de mil maneras:

¿Quién es capaz ahora de salir de casa sin el GPS del móvil conectado? Ya no vale lo del sentido de la orientación, ¡desapareció! Nos han “facilitado” tanto la información y es tan sencillo el servicio de guía, que, literalmente, dependemos de él.

¿Quieres que te avisen de cuándo va a salir tu vuelo o de si sufre retraso, en tiempo real? Solo tienes que estar “permanentemente” conectado a la aplicación de tu compañía aérea.

¿Que quieres conocer “lo último” que se está comentando en internet sobre un tema de tu interés? Pues te conectas a Slack y “en todo momento” estás informado de las novedades.

¿Que necesitas saber dónde está el taxi más próximo, la siguiente gasolinera de tu ruta o los minutos para que llegue el bus a tu parada? Pues te conectas y la aplicación te lo dice.

El binomio coste-beneficio

Todas son propuestas estupendas. Pero solo hay que pensar que mientras nos ofrecen ese servicio, estamos “pagando” con información tremendamente útil para otros. Se trata de un trueque. ¿Es malo? Seguramente no; es lo que es. Lo importante es que seamos conscientes y decidamos, libremente, si queremos exponernos a este intercambio de datos o no. Porque si no somos conscientes, la alternativa es que estamos siendo manipulados y eso mina nuestra libertad.

¿Hasta dónde queremos ser libres? Pregúntatelo cuando conectes tu móvil.

 

Imagen: clipart library

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