¿Internet facilita o dificulta la integración de los migrantes?

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A través de redes sociales, blogs, correo electrónico o u otros servicios, internet multiplica las posibilidades de comunicación entre las personas y su empleo genera un incremento neto de capital social. Gracias a internet nos relacionamos más, tenemos más contactos y eso se traduce en mayores vínculos tanto en la esfera virtual como en la vida cotidiana. Atrás quedaron ya los temores a que internet generaría ciudadanos solitarios encerrados en casa.

Pero desde una perspectiva interesada por la integración social, no todos los vínculos entre personas son iguales. Ya aludí en mi anterior post a la distinción que hace Hilary Putnam en Bowling Alone (Solo en la bolera) entre dos tipos de capital social: el capital social vinculante y el capital social puente. El capital social vinculante se refiere a nuestras relaciones con personas de nuestro mismo grupo social, mientras que el capital social puente, a las relaciones entre diferentes. En el caso de las personas migrantes, existe el temor a que internet facilite la creación y mantenimiento de capital social vinculante (con nuestro grupo) y no tanto el de capital social puente (con otros), dificultando la integración de estas personas en las sociedades de acogida.

Diversidad de usos de internet y proceso migratorio

Gracias a los medios digitales los inmigrantes pueden mantener un contacto constante con sus países de origen y tejer relaciones entre personas del mismo origen desperdigadas en el país de acogida. La mayoría de webs, blogs y redes sociales de colectivos de inmigrantes por ejemplo, tienen como principal objetivo aglutinar a personas que comparten país de origen y mantener lazos con dichos países. El temor sería que esto suponga un obstáculo para abrirse a otros grupos sociales y a la sociedad de acogida en general. ¿Está justificado este temor?

La investigación sobre el tema demuestra que no lo está, por dos motivos.

  • En primer lugar, porque internet no solo incrementa el capital social vinculante entre los inmigrantes, sino que también incrementa el capital social puente. ¿Cómo? Está en primer lugar el uso individual que las personas migrantes realizan de internet, donde se relacionan con personas de todo tipo; pero, además, un vistazo superficial a la webgrafía inmigrante en España evidencia que ahí también se tejen redes de personas y asociaciones de diferentes orígenes y se estrechan vínculos con la sociedad de acogida: por ejemplo, dando a conocer las características de colectivos de inmigrantes, entablando intercambios con otras personas, o colaborando en labores de sensibilización y denuncia de las situaciones de injusticia. De hecho, internet permite superar barreras sociales o prejuicios personales que en la vida real resultan más difíciles de apartar.
  • El segundo motivo para descartar un efecto nocivo de internet es negar la premisa mayor implícita en ese temor: no podemos dar por supuesto que el capital social vinculante ―las relaciones con personas de la propia comunidad― llevan necesariamente a un enclaustramiento de los grupos étnicos y a la guetización que algunos achacan al multiculturalismo. Puede ser cierto ―algunos estudios lo señalan― que los inmigrantes crean en un primer momento en internet más capital social vinculante que puente ―interactúan más con personas del mismo origen que con el resto―, y que la relación se equilibra posteriormente. Pero esto no se debe a ninguna característica de internet, sino a dinámicas propias de la experiencia migratoria, por las que se tiende a crear ese tipo de capital social en un primer momento, cuando la persona migrante ha de responder a enormes retos materiales y emocionales, y necesita un entorno que le provea de seguridad e identidad ―recurriendo además al único capital social que tiene disponible. Pero, aunque parezca paradójico, solo será desde esa confianza y solidez logradas como se podrá, en una siguiente etapa, crear capital social de otro tipo, tendiendo puentes alrededor.

Necesitamos facilitar que las personas migrantes lleven a cabo el proceso migratorio completo que les permita ser ciudadanos integrados, económica, social y familiarmente estables, psicológicamente fortalecidos, para a partir de ese piso firme participar en el espacio público intercultural que vamos construyendo, donde todos nos encontramos, sin renunciar a nuestra identidad, pero recreándola de nuevas formas.

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