¿La inteligencia colectiva en internet era esto?

El impacto para el debate público de las redes sociales de internet va camino de convertirse en el más asombroso bluf de la historia de la comunicación. Nos dijeron que la llegada de internet tenía consecuencias equiparables al invento de la imprenta, que en el siglo XV dio lugar al Renacimiento en Europa, pero resulta que en algunos aspectos nos está devolviendo a una oscura Edad Media comunicativa, con Inquisición incluida.

En 1994, atisbando el futuro que nacía gracias a internet, el filósofo tunecino Pierre Levy, en su libro Inteligencia colectiva: por una antropología del ciberespacio, auguraba —no se rían— la oportunidad de la «pensar juntos, concentrar nuestras fuerzas intelectuales y espirituales, multiplicar nuestras imaginaciones y nuestras experiencias, negociar en tiempo real y a todas las escalas las soluciones prácticas a los problemas complejos que debemos afrontar». Hermosa visión de un futuro de aguas cristalinas para los seres que habitarían en él, que choca ahora con la realidad del chapapote que inunda las redes, convertidas en foro de luchas banderizas donde lo de menos es encontrar «soluciones prácticas» a nada que no sea el desahogo de miedos y frustraciones en busca del reconfortante sentimiento de tropa que aportan otros semejantes.

Conviene darse un paseo por el libro Arden las redes de Juan Soto Ivars (Debate, 2017) para contemplar la herramienta de censura (poscensura) y linchamiento en la que se han convertido las redes sociales. Se reencuentra uno con una lista de escritores, políticos, humoristas, intelectuales o perfectos desconocidos a quienes la turba de internet ha pretendido destruir implacablemente por cualquier idea, comentario o chiste que unos u otros consideraron ofensivo.

Puede interesarte:  El fútbol son once contra once, no hay rival pequeño...

No existe perfil ideológico del poscensor: hay turbas de derechas y de izquierdas, nacionalistas y constitucionalistas, turbas feministas y de tipo forocoches. Pero en todos los casos la pauta es la misma: sentencia sin juicio y persecución implacable; acoso en las redes, propuestas en Change.org para que su empleador lo/a despida, para que las librerías retiren su libro o para que ninguna sala proyecte su película… La turba no descansa, trabaja mejor que los funcionarios de la Stasi día y noche hasta conseguir su objetivo y relamerse satisfecha. Eso es inteligencia colectiva en acción.

Soto Ivars se centra en el fenómeno de los linchamientos personales, pero en mi opinión esos no son más que consecuencias particularmente aberrantes de un fenómeno más amplio: una forma muy particular de entender el debate público en las redes, donde manifestarse sobre un tema ya no exige construir silogismos que vayan de argumento a conclusiones, sino que basta con la mera adscripción emocional a un grupo que reacciona ante hechos de una determinada manera. Ese es el nivel exigido: no hace falta leer nada o implicarse en ninguna iniciativa para hacerse presente en el debate y ser considerado de “izquierdas”, “pro-vida”, “feminista”, “progresista”, “animalista” o cualquier otra cosa. Basta con unirse a un hashtag determinado o darle a un Me gusta.

Si a eso le sumamos el que debido a nuestra condición humana, dominada por el miedo y la incertidumbre, la reacción compartida de indignación y rencor genera en nosotros una gratificación psicológica, tenemos todos los ingredientes para entender por qué la esperada contribución de las redes sociales al bien común, al entendimiento o al contraste enriquecedor de ideas empieza a arrojar una cuenta de resultados con más sombras que luces.

Puede interesarte:  Ser padres de nativos digitales. Parte II
Compartir

3 Comentarios

  1. Me gusta el artículo. Gracias, También estoy de acuerdo con los matices que aportan tanto José Fernando como el autor, Xabier. ¿Qué pueden decir sobre aplicaciones como AppGree o AgoraVoting, pensadas para ayudar a tomar decisiones en grupos muy grandes y en corto espacio de tiempo? ¿Y de la página web Reddit, que permite abrir hilos de debate y discusión abiertos? Quizá alguno de ustedes podría escribir algún post acerca de estas u otras herramientas que facilitan el debate abierto y la deliberación. ¿Ayudan a esta “inteligencia colectiva”? ¿De qué modo, con qué condiciones, con qué límites?

  2. ¡Qué razón tienes! Gracias por el comentario. En el post no queda clara la distinción entre redes sociales e internet en general. Una cosa es decir que la influencia de las redes sociales en el debate público es muchas veces negativa (¡linchemos todos a los jueces de la Manada! ¡y a Urdangarín! o ¡votemos todos a favor -o en contra- de que España acoja el Aquarius!); y otra muy distinta defenestrar internet. Esto último sería un disparate.

  3. Internet es mucho más que el debate en algunas redes sociales, las más extendidas entre la población. Gracias a internet se comparten, quizá en otras redes, avances significativos y se trabaja efectivamente en colaboración con cientos de personas en los campos más punteros del desarrollo. También en lo humano y en la solidaridad se han producido crecimientos notables. No todo es el “Diario Rosa de Twitter”. Hay que saber mirar con más hondura. En parte por responsabilidad, para indicar caminos que no ahoguen a las personas en los pozos sin fondo al que se ven abocados por los malos augurios y aprovechen esta oportunidad de nuestra época.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.