Intelectuales, los grandes ausentes en las redes sociales

Creemos que todo está en internet pero es mentira. Los intelectuales son los grandes ausentes en las redes sociales y da igual el ámbito que repasemos. Lo cual viene a constatar que, le pese a quien le pese, todo este entramado está condenado a significar muy vivamente aquello que Ortega y Gasset llamó “masas sociales”. Insisto, los grandes intelectuales, los grandes ausentes. Mientras las redes sociales son, hoy por hoy, le pese a quien le pese, la configuración básica de su pensamiento.

Intelectuales son, para mí y siempre es discutible, doctores y personas cultivadas en ámbitos particulares, con un gran conocimiento de aspectos concretos de la vida y del mundo, al que han llegado después de mucho esfuerzo de razón que les involucra como personas. El doctorado, como categoría académica, nunca ha sido un requisito para la sabiduría y no debería serlo.

Un opinante no es un intelectual, como tampoco un imprudente es un sabio. Considero, desde mi experiencia y lo que conozco de la red, que el que hace desesperar y fomenta una crítica irresponsable y cómoda, recibe más halagos de los que merece. Hoy mismo en clase, mis jóvenes alumnos de Bachillerato por sí mismos han llegado a la conclusión de que ser buenos y vivir bien tienen poco que ver. Juego de palabras al que nos tiene acostumbrado nuestro mundo, en el que ciertos intelectuales se refugian para proteger lo suyo en detrimento y perjuicio de lo común.

Nos faltan en redes sociales personas que piensen, más allá de sí mismas y a pesar de lo que otros piensen. Porque el éxito en internet se fundamenta en el aplauso, el reconocimiento de los demás, la cantidad y no la calidad. Esta es la gran fisura de la democracia que se construye digitalmente, con personas muy comprometidas ideológicamente y escasamente reflexivas consigo mismas y con los demás, aposentadas burguesamente en sus criterios, prejuicios y posición, sin más miramiento o altura.

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Peor aún, los grandes intelectuales, las personas que piensan abanderan el abandono de las redes. Unas veces porque su posición social y su comodidad les sitúa en un ámbito en el que todo esto es prescindible, y por tanto haciendo gala de una cierta des-responsabilidad social, otras por el cansancio y el sacrificio que conlleva el diálogo público y social. Por poner ejemplos, de los más indiscutibles probablemente, casi ninguno de mis amigos médicos o profesores sienten inquietud por las redes sociales, más allá de intentar paliar ciertos males. En un caso la mala información, en otra la pérdida de tiempo y distracción de los más jóvenes.

Lo dejo ahí, para la reflexión preocupante de unos y otros.

Por un lado invitaría a los intelectuales, las personas de pensamiento y reflexión a mantenerse al margen y no gastar ni su tiempo ni energías en todo esto. Por otro, veo que es imprescindible para formar la opinión común, que no sé si es “pública” en el sentido que venimos dándole hasta ahora. El peso de su presencia en favor de otros, en el mundo de las opiniones que vienen y van, me parece esencial. Lo que algunas veces creo es que tendrían poca difusión, alcance, visibilidad y repercusión.

Lo que más temo es que la democracia no soporte las redes sociales, la opinión de los muchos, la opinión hecha común y las diferencias nos abrumen tanto que estemos una y otra vez en la historia  buscando reivindicaciones y revoluciones superficiales.

A mí me ha tocado responder a este tiempo y, me pese mucho o poco, considero que estar presente en internet forma parte de una cierta ética de la responsabilidad a la que no se llega sino después de una cierta conciencia y prudencia en la vida.

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Yo no soy de los intelectuales, ni mucho menos. Soy, en todo caso, de los que buscan sabios que leer y se enfrenta, después de años de criba y no sin cierto temor, a los intelectuales de nuestro mundo. Soy de los que hace preguntas y escucha las preguntas de la vida propia y ajena. Viendo, con el rabillo del ojo, que los intelectuales han sido desbancado, por culpa del mal hacer de políticos y profesores (sobre todo en la universidad, que desprestigian a todo profesor y maestro antes que él), a los que llegan antes que ellos a involucrar a los jóvenes y niños en el mundo: sus educadores y sus padres y madres.

Me da tanta pena que ciertos sabios estén ajenos a internet, como que internet olvide y no escuche a los sabios de nuestro tiempo. Al llegar a vivir la Vida descubriremos que la acción se llena de muchos arrepentimientos.

Mi mujer dice que hoy escribo desde el pesimismo. Yo le digo que escribo desde el reclamo. Ojalá (con el nombre de Dios por medio) alguien escuche este reclamo de esperanza y dé respuesta.

3 Comentarios

  1. Muchas gracias, Anna. Es verdad lo que dices, que una conversación auténtica requiere escucha y en internet no abunda. Por eso hablamos de ruidos digitales. Como espacio está claro que cualquiera puede intervenir, parece muy democrático. El gran problema de todo esto son las ausencias y la responsabilidad que tiene esta ausencia.

  2. A mí también me sorprendió el artículo de José Fernando, pero por motivos distintos. Me dio que pensar. Yo no soy intelectual y mi presencia en la red es prácticamente nula. Sin embargo, la invitación que nos haces de aumentar la presencia en redes sociales como ejercicio de responsabilidad, me ha tocado. Soy de las madres que no interviene ni en el chat del colegio en whatsapp, porque creo que en dos líneas es imposible disfrutar de lo que considero una “conversación”. La conversación implica escucha. Algo que no abunda entre quienes son activos en el mundo digital. ¿Es una batalla perdida? ¿Debemos seguir replicando el modelo presencial de conversación en unas redes donde al receptor le cuesta jugar su rol? O, por contra, ¿debemos cambiar cada uno de nosotros y activar nuevas fórmulas para el debate, si son posibles? No lo sé.

  3. Me sorprendí, repasando a Platón junto a uno de mis hijos, viendo cómo consideraba la democracia como la menos mala de las formas negativas de gobierno, pero lo entendí enseguida cuando leí la explicación. Para él, la democracia era el gobierno de los ciudadanos, pero cuando cada mira su propio interés y no el interés común. La república, en el sentido de Platón, sería precisamente el gobierno de los ciudadanos, siendo su preocupación principal el bien común. Si la sencillez y el bien común fueran las características de las redes sociales, imagino que los intelectuales estarían más presentes.

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