La (escasa) influencia de las mujeres en internet

A diferencia de los medios de comunicación tradicionales, internet es un medio sin aparentes barreras de entrada: cualquiera puede publicar sin que haga falta una gran infraestructura, licencias de ningún tipo, ni el respaldo de alguna corporación mediática. Podría pensarse que las desigualdades de la sociedad, como la de género, no interfieren en la comunicación libre de internet y que la red, por sus propias características, constituye un avance hacia la igualdad y la meritocracia.

Pero una cosa es la teoría y otra, muy diferente, la realidad. Me basaré a continuación en los resultados de una tesis doctoral recientemente defendida en la Universidad del País Vasco por Iker Merchán. Quienes quieran consultar el trabajo completo pueden hacerlo a través de la cuenta de Twitter de su autor (@IkerMerchan).

La investigación analiza la presencia de mujeres en los blogs más influyentes de España —Merchán ha estudiado los 339 blogs más importantes del país— y el resultado es descorazonador: el número total de blogueros —hombres— en las bitácoras más influyentes de España cuadruplica al de blogueras —mujeres—. Además, los hombres no solo son más en las bitácoras de prestigio, sino que están personalmente mejor considerados. En un ranking anual de los españoles más influyentes en internet elaborado por el periódico El Mundo en base a consultas a 800 expertos, el 92% de las personas que aparecieron a lo largo de una década fueron hombres.

Hay temas concretos en los que las mujeres son más influyentes, pero son precisamente ámbitos que reproducen roles de género tradicionales: labores —el 100% de los autores en los blogs más influyentes sobre el tema son mujeres—; belleza —el 96%—; bebés —el 89%— o moda —el 74%—. Por el contrario, en temas de interés público, la voz de las mujeres en las bitácoras de prestigio es muy reducida: en política —el 21%—; en economía —el 16%—; en medio ambiente —el 29%—; en ciencia —el 1%—, etc.

Vuelve a confirmarse que la capacidad de influencia real no viene determinada por la capacidad de acceso —casi ilimitada en internet—. Decía Zinnia Quirós recientemente en este mismo blog que «internet no deja de ser un espacio de comunicación interpersonal que refleja los valores y las relaciones de poder inmersas en el mundo actual. Vivir en la era digital significa encontrar en el Social Media un espejo crudo de la realidad a la que nos enfrentamos cada día millones de mujeres en todo el planeta, donde la infra-representación que sufrimos en los círculos de poder, el acoso y la violencia machista son la tónica habitual». Aquel post de Quirós reflejaba la vitalidad de la agenda feminista en internet, cuya legitimidad parece indiscutible a la luz de los datos que muestran estudios como el de Merchán.

Los factores que determinan la desigualdad de género en internet son muchos: hay jerarquías institucionales que se trasladan directamente a internet —al fin y al cabo, un cargo es un cargo—; además, los hombres gozan también en internet de un plus de autoridad por el simple hecho de serlo; también influyen otras circunstancias condicionadas por el género como la disponibilidad de tiempo, etc. Pero el factor más sugerente cuando nos referimos a la presencia pública de las mujeres consiste en algo mucho más sutil y profundo: la mentalidad asertiva en la que los hombres son educados, que hace que se sientan más seguros en el debate público, mientras que a las mujeres, en general, les resulta más difícil dar su opinión porque han sido educadas para reflexionar más sobre las consecuencias de lo que dicen.

El problema afecta también a los medios de comunicación tradicionales. En la tesis de Merchán se recogen los resultados de un estudio de la Associació de Dones Periodistes de Catalunya que indica que las mujeres ocupan menos de una cuarta parte de los espacios de opinión en los medios de comunicación en Cataluña. Los datos son, sin riesgo a equivocarnos mucho, extrapolables a otros lugares. Es posible que la misoginia de algunos directivos de los medios de comunicación —mayoría de hombres— tenga algo que ver, pero no es solo eso. Conozco bien las dificultadas que las radios y televisiones tienen para incorporar a mujeres a sus tertulias. Y el hecho de que haya menos mujeres en ámbitos intelectuales y de influencia a las que invitar a participar como analistas y «opinólogas» en los medios no explica esa dificultad. Los directores y directoras de los programas de opinión suelen quejarse de que las mujeres dan muchas más negativas que los hombres. Hay un mayor recelo hacia la exposición pública por parte de las mujeres, que les lleva a rechazar en mayor medida que los hombres las oportunidades de participación en el debate público. Lo que, a su vez, conlleva que destaquen menos como referentes y personas de prestigio. Lo que, a su vez, conlleva que otras se sientan menos motivadas a dar ese paso.

Es un círculo vicioso que solo puede romperse si las propias mujeres asumen la responsabilidad de participar en el debate público con valentía, aun sabiendo que no serán observadas igual que los hombres. Son esas mujeres que cada día, en los foros de internet y en los medios tradicionales, debaten sobre los temas que nos afectan a todos y todas, las que están operando el gran cambio en el equilibrio de género en el espacio público. Y lo están haciendo junto a todas las mujeres que en las últimas décadas vienen ocupando lugares de poder en la sociedad que antes les estaban vedados.

FOTO: xriezu (con photofunia)

Compartir

Escribir un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here