¿Ser influencer anónimo es de ‘guapis’?

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Haciendo un repaso del ranking de cuentas con más seguidores en Twitter nos encontramos con 3 grupos de personas: los que ya eran figuras públicas antes de entrar en esta red (deportistas, cantantes, políticos), los que se han hecho famosos por su participación en otras redes (youtubers en su mayoría) y los perfiles anónimos.  Por otro lado, si nos detenemos en los más aclamados encontramos que, los seis perfiles que han recibido mayor votación popular para tuitero del año en los premios Bitácora de 2016 tienen identidad desconocida; la suma de sus seguidores supera a las del partido de gobierno y el principal partido de la oposición.

Desconocemos sus nombres, dónde viven, a qué se dedican pero les seguimos. De esta manera se han convertido en influencers o influidores. Personas que, tal como definió hace unos días José Fernando Juan en este blog: impactan, son escuchados y tienen credibilidad.

Ser protagonista en la esfera pública utilizando el anonimato no es nuevo, muchos escritores y compositores han utilizado seudónimos durante su trayectoria profesional para no ser reconocidos; ya sea por razones políticas, económicas o estrictamente personales. Los influencers anónimos también aducen sus razones, algunos no quieren que su vida personal se mezcle con la pública, otros sienten que de esta manera son más libres para expresar sus opiniones y otros lo conciben como una especie de alter ego.

Contribución de los influencer anónimos

  1. Humor. Lo primero que debemos señalar es que los influencers anónimos generan mucha risa en la red. Es innegable que tras estos perfiles hay mucha gente con sentido del humor, y tal vez se sientan más libres para gastarle bromas a cualquiera. En cierta forma, saben que se pueden permitir el sarcasmo y la ironía con situaciones cotidianas o personas. Otra cosa es que, precisamente por la impunidad que pareciera tener el anonimato, algunas veces se pasen de la raya; pero esto lo hacen tanto los anónimos como los conocidos, los influencers y los que no lo son.
  2. Activismo. A diferencia de los célebres o famosos, el influencer anónimo necesita un objeto que consolide su reputación y hacia el cual atraer a sus seguidores (un cantante, por ejemplo, no lo necesita; le basta con hablar de sus canciones, sus letras y sus conciertos para que sus seguidores mantengan la sintonía). Dada esta circunstancia muchos influencers anónimos suelen ser activistas de causas altruistas ya sea liderando o sumándose a campañas de diversa índole; y esto a su vez origina que haya más gente informada y gente que también apoye estas iniciativas.
  3. Política. Aunque se suele ver en sus participaciones una orientación ideológica clara, habitualmente no se casan con ningún partido político; son capaces de criticar con la misma dureza a cualquier líder o al partido que representan.

En resumen, podemos decir que sus aportaciones a la red, no necesariamente son desinteresadas, pero sí generosas.

No todo lo que reluce…

No obstante, como en todo, en el mundo de los influencers anónimos también pesan algunas sombras.

  1. la vecina rubia
    @lavecinarubia en Twitter

    Líderes sin proyecto. Un influencer es alguien que conecta emocionalmente con sus seguidores, y en muchos casos, éstos son personas muy jóvenes que pueden idealizar fervientemente a su líder. Por tanto, indirectamente ejercen un rol pedagógico con quienes le siguen pero, ¿tenemos claro hacia dónde dirigen su discurso?

  2. El plagio. Una forma de hacerse conocido en la red es creando perfiles anónimos que copian lo que ya ha funcionado a otros. De esta manera, a base de plagios consiguen miles de seguidores que luego serán objeto de publicidad encubierta.
  3. Gato por liebre. Otra manera, más sutil, de hacer dinero es participando en campañas publicitarias. De esta manera, nuestros influencers entre chiste y chiste, nos cuelan sutilmente una etiqueta (hashtag) que nos invita a conocer el producto cuya promoción les han contratado.
  4. Cuentas fake. Existen perfiles anónimos que son manejados por robots o por empresas para promocionar productos. Tal es el caso, de un grupo de medios de comunicación que llegó a usar hasta 65 cuentas de Twitter para promocionar sus webs. Algunas de estas cuentas contaban con muchos seguidores y no se descarta que alguna vez hayan pertenecido a alguien que se hubiese ganado los seguidores legítimamente y luego las vendiesen a agencias de publicidad.

Cuando nos paramos frente a un lago vemos nuestra imagen reflejada en el agua, así mismo, la red es un reflejo de nuestra sociedad; con algunas imágenes magnificadas y otras menos favorecidas. También este es el mundo de los influencers anónimos, mucha gente con aportaciones creativas y valiosas, capaces de dinamizar a la red, provocar risas y generar pensamiento crítico; en un entorno en el que no todo es genuino ni generoso.

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