Infancia desheredada – Presupuestos 2018

Foto de Caleb Wood - Unsplash

El proceso de negociación de los presupuestos se parece bastante a nuestros comienzos de año. Es la plasmación de nuestra lista de propósitos al inicio de la vuelta al sol, cuando hacemos evaluación de nuestras vidas, pensamos en lo que necesitamos hacer para sentirnos en armonía con nuestras expectativas. Nos prometemos comer mejor, hacer más ejercicio, mejorar en los idiomas, quedar más con los amigos. En medio de esta epifanía-clarividente-existencial vemos nítidamente hacia dónde debemos dirigir nuestra vida. Miramos algún gimnasio cercano, nos bajamos la versión gratuita de esa app para practicar inglés, hojeamos libros de recetas saludables, cambios el nombre de varios grupos de whatsapp a “próxima quedada”. Nos ponemos en marcha. Que este año sí que sí.

La primera prueba del algodón para la fortaleza de nuestros compromisos es nuestro presupuesto. Acabamos gastando el dinero en aquello que más nos importa. Pagamos la matrícula del gimnasio, de la academia de inglés… Otra cosa es cuánto se mantengan estos firmes propósitos pero, al menos en esta fase, la parte del presupuesto que dedicamos a las mejorías son un indicador concreto de nuestros compromisos. 

Porque eso es lo que nos muestran los presupuestos, el paso de las intenciones a los compromisos, aquello que más nos importa y por lo que estamos dispuesto a esforzarnos. Y lo que vemos en la propuesta que se discute en el congreso en estos días, que concreta las intenciones de nuestros representantes políticos, es que la infancia en pobreza no importa demasiado. España cuenta con un sistema de protección social a la infancia débil, a diferencia de la mayoría de los países de la UE. Tan sólo invertimos el 1,3% del PIB en protección social a la familia y a la infancia, lejos de la media europea del 2,4%. Y en los presupuestos no se plantea un cambio fundamental a esta realidad.

Puede interesarte:  Ensayo de la mirada

En la propuesta que el gobierno presentó la semana pasada hay tres mejoras que van dirigidas a la infancia, la primera, deducción por gastos de escuela infantil de hasta mil euros anuales, que según lo publicado por Ciudadanos, equivaldría a 297 millones de euros. Según su estimación, podría alcanzar a casi un millón de familias.

Invertir en educación de 0 a 3 años es una medida muy necesaria, en especial para aquellas familias con mayores dificultades económicas. La evidencia muestra que son los niños/as que provienen de entornos más empobrecidos los que más se benefician de la incorporación temprana a la escuela.

Lo que preocupa es la forma en la que se pretende hacer llegar esta mejora presupuestaria. Plantearla como una deducción fiscal deja fuera del alcance, precisamente, a las familias que no pueden permitirse adelantar el pago y esperar a que les llegue la devolución vía deducción fiscal. A las familias en pobreza severa, esas que están lidiando para solventar con escasos ingresos unos gastos que los desbordan. Esos hogares, que son las que más se beneficiarían y que no podrán optar a esta ayuda.

Para que una medida sea efectiva no sólo se necesita financiación (indispensable, por supuesto) sino que sea adecuada para la población a la que se dirige. Siguiendo el símil del principio, es como pagar por un buen gimnasio que queda en la otra punta de la ciudad. Bien por la intención de la medida, mal por su planteamiento. Lo mismo sucede con la segunda medida, la deducción por familia numerosa: difícilmente alcanzará a los hogares en pobreza severa. La tercera medida es la ampliación del permiso de paternidad en una semana, que es un avance necesario hasta lograr permisos iguales e intransferibles entre hombres y mujeres.

Puede interesarte:  Del Valor y la Valoración

Estas son las mejorías. Lo demás sigue igual. Se va a destinar prácticamente lo mismo que en el presupuesto de 2017: Sólo 346 millones. En estas partidas se incluyen:

  • 100 millones de euros para la Protección a la familia y la pobreza infantil
  • 140 millones de euros dedicados al Programa de reasentamiento y reubicación de refugiados para la atención de familias con menores
  • 106 millones de euros del programa Fondo Europeo de Ayuda a los más Desfavorecidos (FEAD) para ayuda alimentaria a los desfavorecidos y lucha contra la pobreza infantil, que es la única que aumenta con respecto al año anterior, en 4 millones de euros.

Esta es la propuesta de presupuestos que tenemos sobre la mesa. Irán a infancia 346 millones de euros, 1.214 millones menos de los 1.560 que PP y Ciudadanos se comprometieron a destinar a esta partido en el pacto de investidura para 2018. Nuevamente, los niños y niñas han quedado olvidados.

No es que no haya dinero. En pleno crecimiento, y con unas proyecciones tan optimistas, esta decisión resulta llamativa. Para muestra un botón: se gastarán 907 millones menos en prestaciones por desempleo, debido a la mejora del empleo que se viene registrando en estos últimos años. Sin embargo, no se va a destinar nada de estos nuevos ingresos a pobreza infantil.

Las altas tasas de pobreza en niños y niñas en el estado español no van a mejorar si no se aumenta la inversión en infancia. Pero no basta sólo con destinar más dinero, hace falta que esas medidas respondan de manera real a las necesidades de quienes deberían ser su objetivo. Por ahora, el mensaje que dejan estos presupuestos para el millón trescientos mil niños y niñas en pobreza severa en España es: no nos importa.

Puede interesarte:  Inteligencia artificial para proteger a la infancia

Pero no perdamos la esperanza. Aún queda camino por recorrer. Y en el período de enmiendas los grupos políticos pueden rectificar y revertir esta situación. Nuestros niños y niñas lo merecen.

Compartir

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.