Inercias e inertes estivales

Es verano , tiempo de solaz, de teórica desconexión de los azares laborales,  de cambio temporal de espacios y rutinas, de consumo frenético de helados, cervecitas y paella (preferiblemente en chiringuito playero) de operaciones salida y llegada, de mudanzas y puestas a punto de casas y oficinas para volver con pilas cargadas ya en Septiembre.

Es verano, tiempo de Tour de Francia, de colas en el Prat, de Wimbledon y Roland Garros, de canciones que, “despacio ” y  “subiendo la radio” , suenan  machaconamente por doquier propagando de boca en boca de adolescentes y jóvenes enganchados a sus smartphones, mensajes de tono inequívocamente machista.

Es verano, tiempo de aparcamientos vacíos y de autobuses y suburbanos que tardan más de la cuenta. De cifras “excelentes” en las reducciones de las cifras de desempleo y aumento de afiliaciones a la Seguridad Social (precariedad mediante).

Es verano, tiempo sin vacaciones  para  casi cinco de cada diez hogares en España  que no se lo pueden permitir (De acuerdo con el último Informe de la Fundación FOESSA sobre análisis y perspectivas 2017 ). Tiempo en el que niños y niñas “sin pueblo” y ” sin vacaciones” pasan horas y horas frente al televisor en casa, literalmente encerrados en su barrio -y a menudo solos- ante la insuficiente oferta cultural pública y gratuita dirigida a ellas y ellos en Julio, y muy particularmente, en Agosto. (Qué lección deberíamos aprender de los británicos que en verano llenan sus parques, museos  y centros culturales de actividades “family friendly” todas gratuitas, por cierto)

Es verano, tiempo en el que repuntan los datos de violencia machista en España y en el que se activan numerosos protocolos de prevención . Resulta muy significativo el aumento progresivo en el número de denuncias que se viene produciendo anualmente ante los juzgados contra la violencia género tal y como revelan las estadísticas del Observatorio contra la violencia doméstica y de género del Consejo General del Poder Judicial ( 38.402 denuncias en el tercer trimestre de 2016 frente a las 33.705 del año anterior).

Es verano, tiempo en el que, a pesar de un claro apagón informativo  siguen llegando cada día a las Costas Españolas y a Ceuta y Melilla, personas huyendo del hambre y la violencia.  Muchos mueren en el intento. El Mediterráneo Occidental lleva cobradas en lo que llevamos de año, un total de 121 vidas humanas (datos de la OIM) , la cifra más alta en proporción al número de entradas de toda la costa meditaeeránea. Sin embargo no se han producido declaraciones ni gestos al respecto por parte de nuestros líderes políticos.

Es verano, pronto será septiembre y cambiaremos de inercia. ¿habran -habremos- cambiado los inertes?

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