Indonesia: dinámicas locales y globales del islam

Jean-Marc Balhan SJ (PRO-Ankara)

Traducción e introducción: Josep Buades Fuster SJ. Asociación Claver-SJM

Introducción (por J. Buades)

Jean-Marc Balhan, jesuita de origen belga, forma parte de la Provincia del Próximo Oriente, y está destinado en Ankara, donde tiene a su cargo la parroquia católica latina “internacional”. Estudioso del islam, particularmente en el contexto turco, tiene docencia regular en la Facultad de Teología Jesuita de París (Centre Sèvres).

A lo largo de los años, ha aportado su mirada penetrante y su juicio certero sobre la reacción turca a la crisis de las caricaturas de Mahoma en Dinamarca, sobre las dinámicas sociales en las revueltas de la plaza Taksin y el parque Gezi de Estambul, o sobre el intento de golpe de Estado en 2016. En esta ocasión, al dar cuenta de la dinámica de la reunión en Indonesia (UTC Trawas, Surabaya, Java oriental), de Jesuits Among Muslims (JAM) ofrece unos apuntes muy interesantes sobre la peculiar síntesis cultural, religiosa y política javanesa e indonesia.

Por una parte, Indonesia está marcada por las tradiciones que precedieron al islam en la región; por otra, por las dinámicas que operan en otras sociedades mayoritariamente musulmanas en África y Asia, y que revelan un rasgo de la era postcolonial y de la globalización: tensiones y cambios de alianzas entre el nacionalismo (integrador o excluyente), un islam tradicional de la zona marcado por el sufismo, los movimientos reformistas, el movimiento salafista y wahabí sostenido por los países del Golfo, así como grupúsculos radicales a menudo afiliados a Al-Qa’ida o a Daesh, que abogan por la violencia. Todo ello en un contexto en el que algunos políticos se valen de la religión para fines populistas o como remedio para males sociales como la corrupción, la exclusión o las desigualdades.

Merece la pena leer la composición de lugar que esboza Jean-Marc Balhan para entender el islam en Indonesia. Es una buena ayuda para ver en perspectiva los movimientos y tensiones que atraviesan las comunidades islámicas minoritarias en lugares como España, y las sociedades mayoritariamente musulmanas en un mundo en el que se conjugan difícilmente las dinámicas globalizadoras con las pulsiones localistas.

El islam en Indonesia (por J.M. Balhan)

Formada por millares de islas, Indonesia presenta, como la mayoría de países del sudeste asiático, una extrema diversidad étnica, lingüística, cultural y religiosa. Con cerca de 150 millones de habitantes, Java, que concentra el grueso de actividades jesuitas, es la isla más poblada del país (más del 60% de los 260 millones que habitan el archipiélago) Y… ¡es la más poblada del mundo!

Como en muchas de las otras islas, ha visto una sucesión de numerosas tradiciones culturales y religiosas que toman elementos prestados de las demás: tradiciones indígenas, hinduismo y budismo (sobre todo, a partir del siglo VIII), islam (especialmente, a partir del siglo XV) y cristianismo (a partir del siglo XVI), produciendo síntesis originales en cada una de las tradiciones que la habitan a día de hoy. Las principales lenguas de la isla son el javanés (la lengua local) y el bahasa Indonesia, lengua oficial del archipiélago, sexta entre las lenguas más habladas del mundo.

Para gobernar un país cuya diversidad no tiene parangón, el Estado indonesio se apoya, no en un secularismo agresivo ni en la Sharía, sino sobre lo que constituye una vía media, a saber, la Pancasila, cinco principios articuladores de la filosofía del Estado, entre los cuales: la democracia y “la fe en una Divinidad que es Unidad”. Hay cinco religiones reconocidas oficialmente: el islam (87,2% de la población), el protestantismo (7%), el catolicismo (2%, sobre todo concentrado en Flores y en Timor), el hinduismo (1,7%, sobre todo en Bali), el budismo (0,7%) y el confucianismo (0,2%). Así pues, Indonesia es el país que tiene mayor población musulmana en el mundo (unos 230 millones).

En Indonesia, el islam es plural, en sí mismo llegado de la mano de cofradías sufíes y de comerciantes. La tradición afirma que Java se habría convertido al islam a través de los Wali Sanga, nueve “santos” sufíes, de modo que hoy el sufismo forma parte de la vida de los javaneses: resuena por todas partes no solo la llamada a la oración, sino también, de vez en cuando, el dhikr, repetición rítmica del nombre de Dios.

Sin embargo, desde comienzos del siglo XX, se han creado movimientos reformistas, como el de la Muhammadiyah, fundado en 1912, que insta a volver a las enseñanzas del Corán y de la Sunna, más allá de tradiciones locales, y prohíbe la libre interpretación por oposición a la imitación de los piadosos ancestros, siguiendo al reformador egipcio Mohammed Abduh. Convertido en el segundo movimiento musulmán de Indonesia, dice tener unos 30 millones de afiliados y posee una vasta red de mezquitas, escuelas y hospitales.

Como reacción a los movimientos modernistas, el Nahdatul Ulama, fundado en 1926, más rural, tiene como fin promover el islam tradicional (llamado islam nusantara), que mantiene la armonía con las tradiciones locales. Por ejemplo, en sus mezquitas, la llamada a la oración viene precedida de una llamada a toque de bedug, tambor tradicional de la orquesta de percusión javanesa (gamelang); y en el logo del movimiento figuran nueve estrellas, representativas de los nueve Wali Sanga, los santos sufíes fundadores del islam javanés. También promueven la convivencia entre tradiciones diferentes. Aún hoy se trata del movimiento musulmán más importante de Indonesia, que reivindica más de 40 millones de afiliados. También posee una red de mezquitas y escuelas, y se le conoce particularmente por su red de internados islámicos, que se llaman pesantren.

Junto a estos movimientos, en las últimas décadas (especialmente desde los ’80) han ido apareciendo otros pequeños movimientos más duros, de corte salafista/wahabí. También aquí se siente la influencia de Arabia Saudí. Como nos explicó uno de nuestros anfitriones, Sydney Jones, aunque Indonesia no quiera que se desarrollen estos movimientos que generan intolerancia en una población mezclada, a veces se ve bajo presión. Por ejemplo, cuando Indonesia quiere aumentar la cuota de peregrinos a la Meca, Arabia Saudí replica pidiendo autorización para abrir una universidad islámica a sus expensas…

También se desarrollan pequeños movimientos que desean aplicar la ley islámica por la fuerza, incluso un extremismo radical próximo a Al-Qa’ida o al Daesh, o el movimiento milenarista Hizb al-tahrir.

También se desarrolla de modo insidioso un islam político, que se opone al nacionalismo tradicional indonesio basado en la Pancasila, y que se nutre de la corrupción local y el populismo: puede verse un signo de lo dicho en las controversias sobre la elección del gobernador de Yakarta, cuando en mayo de 2017 fue detenido el anterior gobernador, Ahok, candidato chino y cristiano (¡doble tara!), acusado de blasfemia. Es difícil saber qué será de ese movimiento. Para ello habrá que esperar a las elecciones de 2019, como apuntó en su intervención el P. Magnis Suseno.

Así, la lucha contra la radicalización se ha convertido en una de las prioridades de los jesuitas en Indonesia, junto con la ecología y la lucha contra la pobreza, como nos explicó el Provincial, P. Petrus Sunu Hardiyanta. Dicha prioridad se vuelve tanto más importante cuanto se aprecia el comienzo de un endurecimiento identitario, como luego expuso el rector de la Universidad Sanata Dharma de Yogyakarta. En efecto, los islamistas han exigido recientemente que la Universidad retire de su foto de presentación a una chica revestida con el hiyab, cosa a la que no ha accedido la Universidad. Con unos 350 jesuitas, entre los que hay más de 60 escolares en formación, y presente sobre todo en Java (con pequeñas presencias en Sumatra y Papuasia), la Compañía indonesia es una provincia joven, a la que deseamos éxito en el desafío, compartido con sus colaboradores de toda confesión, de convivir en el país.

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