Ya hemos empezado la campaña electoral. En este arranque ha habido mucho énfasis en la presentación del programa de Unidos Podemos, en un formato visual inspirado en los catálogos de Ikea. Sin duda, es una estrategia de comunicación eficaz, visualmente atractiva y que llega al público. De hecho, estamos hablando ya de ese programa y seguro que se ha descargado muchas veces (mucho más, sin duda, que en otras contiendas electorales). Otra cosa, claro, es que se lea. Ha habido críticas, entusiasmo y parodias. Yo, simplemente, quiero ofrecer unas breves reflexiones al hilo de esto.

Diré de entrada que, a mí, lo del catálogo electoral tipo Ikea no me parece mal. Es un buen envoltorio, sin entrar ahora en el contenido que lleve dentro. En sí mismo, creo que no lo frivoliza ni hace superficial. Pero, claro, también sabemos que el medio es el mensaje. Y, por tanto, surgen las preguntas. ¿Convertimos la res-pública en la república independiente de mi casa? ¿Caemos en el individualismo posesivo? ¿Es este el modelo nórdico? ¿Proponen una salida a la crisis tipo bricolaje, “móntatelo tú mismo”? Por otro lado, más allá de estas pinceladas, es claro que la base social de Podemos es joven y urbana, como los clientes de Ikea. Recordemos que solo hay 20 tiendas en todo el territorio español. Así que  podemos preguntar, ¿quiere quedarse en ese nicho de votantes?

Demos un paso más. Santiago Alba Rico, intelectual claramente situado en la órbita podemita, acaba de escribir: “En términos convencionales se considera que una campaña -¡lógicamente!- es un medio para ganar votos y, por lo tanto, las elecciones. Unidos Podemos no puede sucumbir a la lógica. Unidos Podemos debería interpretar, al revés, que unas elecciones son, sobre todo, una oportunidad para hacer campaña”. Me parece interesante esta distinción. Porque si rompemos el esquema campaña –> votos –> elecciones, entonces la campaña es una ocasión para debatir ideas, compartir análisis, proponer soluciones, deliberar juntos, construir democracia. Es curioso que, la semana pasada, en un coloquio que compartí con una política del PSOE, ésta reivindicó el papel de los partidos… precisamente por la importancia de los programas electorales. Me gustó el argumento aunque, evidentemente, tiene  numerosas deficiencias prácticas. En todo caso, haremos bien en dejar a un lado el hastío y la pereza durante esta campaña electoral.

Retomo ahora un artículo editorial que publicamos en la revista Razón y fe, en diciembre de 2015, justo antes de las elecciones generales. Titulado “Contra el mercadeo en la política”, el editorial ofrecía algunas pistas para seguir la campaña electoral y para animar el proceso de deliberación. Utilizaba para ello la imagen de una tienda, porque constataba el riesgo de la mercantilización de la acción política. Si la imagen clásica e ideal de la democracia era el ágora, la plaza pública de diálogo deliberativo, en nuestros tiempos da la impresión de que vivimos en la plaza del mercado. Incluso parece que el escaparate es más importante de lo que hay en la trastienda; y a ello se adaptan los tenderos. Con esta triple división hablaba de los estilos de hacer política y campaña electoral (el escaparate), de los temas abordados y ocultados (la trastienda) y de los actores de la política (los tenderos). Dicho de otro modo, de los cómos, los qués y los quiénes en este periodo electoral.

tuitOtra vez estamos en campaña. Ojalá se produzca un debate serio y sosegado, que no se quede en el escaparate, la apariencia y el mercadeo de votos. La situación pide que se aborden con rigor las cuestiones de fondo y que los diversos actores, especialmente los partidos políticos, estén a la altura de las circunstancias que vivimos. A los ciudadanos nos toca seguir con atención las cuestiones, los temas y las propuestas, haciendo un ejercicio de discernimiento práctico; nos corresponde participar en la esfera pública, involucrándonos en el ágora deliberativo, hasta donde nos sea posible; sobre nosotros recae el ejercicio responsable del derecho al voto el día 26 de junio y nos atañe, finalmente, dar seguimiento y supervisar la acción política después de las elecciones. Como señaló Hannah Arendt en su obra clásica La condición humana, la acción política pasa por el diálogo deliberativo que tiene lugar en el ágora; cosa muy distinta del trabajo que se realiza en el mercado. Es decir, que ser ciudadano en una democracia es más que ser consumidor de eslóganes políticos. Depositar el voto es algo más que elegir un producto en la estantería del supermercado.

Y por eso, os dejo aquí los programas electorales de las cuatro principales candidaturas:

En definitiva, más allá de “ah” inicial, debemos preguntar “¿y qué?”. Y-qué-ah. Ikea. Tras la sorpresa y la admiración, debemos hacer hueco para el estudio, la reflexión, el diálogo y la deliberación. Pasar del mercado al ágora.