¿Igualdad/desigualdad ecológica?

Adilia Estrada.

Es inevitable escribir y no recordar el día histórico que se vivió el pasado 8 de marzo en España, la primera huelga feminista. Ha sido tan significativa que muchas personas y medios de comunicación dicen que pasará a la historia.

La huelga estaba convocada bajo el lema “Si nosotras paramos, el mundo se para”, y en ella se estaba reivindicando una igualdad real para las mujeres, al mismo tiempo que, en muchos otros países, las mujeres unían sus voces en la reivindicación global por la igualdad.

Motivos para la huelga había muchos. Uno de ellos era el de la huelga de consumo, como protesta contra el patriarcado y el capitalismo que abusa del ser humano y del planeta, y que aboga por un comercio de proximidad y sostenibilidad. Así podía leerse en el manifiesto:

“Gritamos bien fuerte contra el neoliberalismo salvaje que se impone como pensamiento único a nivel mundial y que destroza nuestro planeta y nuestras vidas. Las mujeres tenemos un papel primordial en la lucha contra del cambio climático y en la preservación de la biodiversidad. Por eso, apostamos decididamente por la soberanía alimentaria de los pueblos. Apoyamos el trabajo de muchas compañeras que ponen en riesgo su vida por defender el territorio y sus cultivos. Exigimos que la defensa de la vida se sitúe en el centro de la economía y de la política”.

Es ese sistema capitalista el que utiliza la dominación y el poder, como bien decía Vandana Shiva: “Este sistema ha destruido el 75% del planeta; si sigue, nos dejará un planeta muerto”.

Tenemos que tener presentes a las futuras generaciones, ya no podemos pensar solo en el presente; urge pensar y actuar para el mañana, como nos dice el Papa Francisco en la encíclica Laudato Si’ (n. 159):

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“La noción de bien común incorpora también a las generaciones futuras. Las crisis económicas internacionales han mostrado con crudeza los efectos dañinos que trae aparejado el desconocimiento de un destino común, del cual no pueden ser excluidos quienes vienen detrás de nosotros. Ya no puede hablarse de desarrollo sostenible sin una solidaridad intergeneracional. Cuando pensamos en la situación en que se deja el planeta a las generaciones futuras, entramos en otra lógica, la del don gratuito que recibimos y comunicamos. Si la tierra nos es donada ya no podemos pensar sólo desde un criterio utilitarista de eficiencia y productividad para el beneficio individual. No estamos hablando de una actitud opcional, sino de una cuestión básica de justicia, ya que la tierra que recibimos pertenece también a los que vendrán. Por todo esto, tenemos que tener presente que: El ambiente se sitúa en la lógica de la recepción. Es un préstamo que cada generación recibe y debe transmitir a la generación siguiente». Una ecología integral posee esa mirada amplia”.

Además, nuestra incapacidad para pensar seriamente en las futuras generaciones está ligada a nuestra incapacidad para ampliar los intereses actuales y pensar en quienes quedan excluidos del desarrollo.

No imaginemos solamente a los pobres del futuro, basta que recordemos a los pobres de hoy, que tienen pocos años de vida en esta Tierra y no pueden seguir esperando. Por eso, además de la leal solidaridad intergeneracional, se ha de reiterar la urgente necesidad moral de una renovada solidaridad intrageneracional.

Otra sensación que se podía sentir en la manifestación del día 8 era un llamamiento pacifista, ecologista y feminista, para reivindicar un cambio en el sistema capitalista, que deja fuera todo a lo que no puede asignar un valor monetario. Así nos lo recuerda Petra K. Kelly cuando dice:

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“Las mujeres deben perder el temor a hablar, el miedo a la crítica. Deben aprender a pedir lo que es suyo y de sus hijos, deben hacer valer sus cualidades culturales femeninas de la preservación y la mejor relación con la Tierra. Aquellas asociadas con la mayor facilidad para las extroversiones de emociones, con la “amabilidad” con el menor ímpetu de posesividad y con todas aquellas que contribuirían a la emergencia de un ambiente humano en sintonía con las energías alternativas”.

En este sentido, destacar que, una de las consignas en las manifestaciones era, “no estamos todas faltan las asesinadas”, asesinadas cruel y vilmente como la activista hondureña, Berta Cáceres, y como muchas otras que se han dejado la vida por defender el Medio Ambiente, porque a lo largo de la historia muchas mujeres han sufrido distintas formas de desigualdad, como la que sufren muchas personas hoy en día como consecuencia del cambio climático.

Unos días después de la manifestación podemos decir: por ellas, por nosotras y por nuestras hijas nos urge terminar con la desigualdad, y ver la igualdad real, una igualdad que también sea visible en las políticas del cambio climático. Caminemos cantando, porque juntas y juntos lo conseguiremos.

Imagen principal tomada de https://systemicalternatives.org/2017/11/03/los-retos-humanos-de-la-tierra-sin-justicia-ecologica-no-hay-justicia-social/
Imágenes secundarias tomadas de https://pbs.twimg.com/media/DXtpt-5XkAA-O9c.jpg , http://huertosurbanosbahadecdiz.blogspot.com.es/2011/11/el-ecologismo-politico-se-extiende-y.html , http://www.elcucodigital.com/efemerides-desde-el-ano-2007-cada-20-de-febrero-se-celebra-el-dia-mundial-de-la-justicia-social/

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