Iglesia por el trabajo decente

La iniciativa Iglesia por el trabajo decente apenas tiene tres años de vida, pero en tan poco tiempo se ha extendido rápidamente en todas las diócesis. En ellas, diferentes organizaciones eclesiales se unen para defender el trabajo decente, para reivindicar la necesidad de un trabajo digno.

Algunos se preguntan qué por qué la Iglesia se mete en estos asuntos. La respuesta es más que obvia: allí donde la dignidad de la persona es ignorada, pisoteada, humillada, allí la Iglesia hace oír su voz y su posicionamiento ante tal atropello.

La sagrada dignidad de la persona es eso, sagrada, y nadie tiene el derecho a ser irreverente con ella. Ninguna persona puede ser tratada con menosprecio e indiferencia, porque todos y todas somos igual en dignidad.

Otra razón por la, nosotros y nosotras de Iglesia, estamos metidos en estos temas es porque el sentido humano del trabajo se ha deteriorado de tal forma que ya ni se le reconoce. El trabajo que es medio de colaboración, de creación, de desarrollo personal y social, lo han convertido en medio de explotación y esclavitud.

La situación del mercado laboral actual lleva a las personas y a las familias a vivir en la incertidumbre de si mañana conseguirán o no empleo, si el salario será suficiente para sobrevivir, si quedará muy lejos mi nuevo puesto de trabajo, si el turno de hoy me permitirá llevar o no a mis hijos, hijas al colegio…

Y esto, en el mejor de los casos. Cuando te excluyen de ese mercado, la vida resulta mucha más dura: sin empleo, sin prestaciones, sin ayudas. ¿Se imaginan vivir así?

Inevitablemente la precariedad y el desempleo empujan a las personas y sus familias a la pobreza y la exclusión. ¿Y cómo no va a estar la lglesia al lado de los pobres?

Las organizaciones que formamos parte de esta iniciativa (Cáritas, CONFER, HOAC, Justicia y Paz, JEC, JOC) no eludimos nuestra responsabilidad ante tal situación, por este motivo salimos a la calle el 7 de octubre, Jornada Mundial por el Trabajo Decente, para poner de manifiesto este sufrimiento, denunciar la causas que lo provocan y proponer otra forma de organizar el empleo y recuperar el sentido humano del trabajo.

Cada año renovamos nuestro compromiso ante el altar, pidiendo a Padre-Madre Dios que nos siga dando fuerzas para continuar la tarea de devolver, a los descartados de nuestra sociedad lo que por justicia se les debe.

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