Un microrrelato. Un  cuento muy  corto cuyo autor es el escritor mejicano Luis Felipe G. Lomelí.

Título: El emigrante 

Texto completo: -¿Olvida usted algo? – Ojalá.

La identidad del migrante está forjada a través de duras experiencias que van moldeando su personalidad a golpe de educación y cultura, integraciones, voces, raíces, gestos, etc. Mantenidos y/o recibidos, adquiridos y/o descubiertos. La inmigración se convierte así  en un duro itinerario que nunca se olvida. No solo un viaje exterior, sino un difícil itinerario interior. Y todo se lleva pegado al alma.

Muchos consiguen metas. Pero otros muchos mueren en el intento y sus cuerpos se llevan al fondo del mar o al secarral de la arena de los desiertos de Africa o Arizona sus ricas identidades, luchadoras, heroicas o sencillas. Los de la “santidad primordial”, que diría Jon Sobrino. “De cárceles y campos de refugiados nos llegan relatos de increíble miseria y crueldad que hacen presente el enigma de la iniquidad. Y, simultáneamente, se hace presente el anhelo y la voluntad de vivir –y convivir– en medio de estos grandes sufrimientos, con resistencia y fortaleza. Aquí hace su aparición la dignidad de las víctimas y la solidaridad entre ellas”. A esto “hemos llamado santidad primordial”.

Muchos lo pierden todo. Incluso su nombre. Aquel que en su familia les dieron para decirles que eran “alguien”, no “algo”. Como los de la fotografía de  que encabeza el artículo. Innominados, sin identidad. Nadie ha podido averiguarla. Emigrantes, refugiados o víctimas de tragedias producidas por el cambio climático… ¡que más da!,  4.000 personas muertas al llegar a Europa, de las cuales al menos el 30 por ciento eran menores de edad. En lo que llevamos de año contabilizamos 410 víctimas fatales más (#27f)

Tambien he tenido oportunidad de visitar en el cementerio de Tarifa varias veces esa porción de tierra andaluza donde reposan los cadáveres de emigrantes que algunos buscan y pocos encuentran. Sin nombre. Sin nadie que reclame sus cuerpos. Las lágrimas de sus seres queridos, quién sabe dónde, son a la vez llanto por la ausencia y oración para que sigan vivos.

La últiIMG-20131023-WA0007--478x270ma vez que lo hice recordaba que hace poco más de un año un familiar de una de las víctimas del trágico naufragio de Lampedusa leyó una carta abierta ante el Papa Francisco  para pedirle, entre otras cosas, que fueran  identificadas las tumbas donde yacen los cadáveres recuperados en el mar, sepultados en Sicilia: “Fue una tragedia enorme de la que es difícil recuperarse, y la distancia y la incertidumbre no nos ayudan a superar el trauma. Muchos de nosotros no sabemos dónde han sido enterrados nuestros seres queridos. Seguro que en una de las tumbas gentilmente concedidas a nuestros muertos por los sicilianos, pero no sabemos adónde ir a llorar”, explicaron.crisis-migratoria-1

Al menos pedían unas señas de identidad que les rescataran  del anonimato. En este caso como en el de los bebés de Lesbos (en la  fotografía) , la flor, el color y el olor de la tierra que cubría sus cuerpos se convierte en identidad única y definitiva para muchos.Muertos sin nombre, sin identidad.

O peor aún con su identidad borrada en vida. La que refleja crudamente el documental Les éclats  en el que el pasaje clave es aquel donde vemos a los inmigrantes borrando – ¡con fuego!- sus huellas digitales para poder evadir la persecución digital. Porque cuando la policía arresta a un inmigrante le toma sus huellas digitales y quedan grabadas en un archivo llamado Eurodac; este archivo es accesible a toda la policía europea, y así el inmigrante ya no tiene el derecho de pedir asilo político en otro país.

Borrarse la huellas digitales es, de  alguna manera, borrar su señas de identidad. El dispositivo es mínimo y violento (quemarse las huellas digitales como se observa en la fotografía), – explica Sylvain George director del documental  que he tenido ocasión de volver a ver – “pero es también la invención de un arma para luchar. Los sistemas de seguridad existen y están las barreras. Pero los inmigrantes encuentran modos de traspasarlas, como si fueran pájaros que sobrevuelan las fronteras, llevados por el viento”.

Un emigrante adulto al cruzar forzado una frontera, aunque deje quemadas las hueManos_quemadasllas de sus  dedos, o las de sus sueños, no puede dejar el morral de su existencia previa enterrado en la memoria del olvido ‘Desgarro’, ‘desarraigo’ y ‘ruptura’, así como ‘volver a empezar’, ‘echar nuevas raíces’, ‘integración’, son palabras y expresiones que forman parte habitual del lenguaje empleado por los inmigrantes a la hora de narrar su propia vida.

Eso hace que el inmigrante tendrá seguramente que recorrer un largo trayecto hasta sentirse integrado, esto es, hasta sentir que la propia identidad también forma parte de alguna manera de la sociedad en la que vive.Y, mientras tanto, se vivirá muchas veces como fuera de lugar pues lo natural – oirá decir con frecuencia en su nuevo entorno social – es permanecer donde uno ha nacido, el lugar de la indubitable pertenencia. En esta situación, ¿cómo puede el inmigrante irse forjando una nueva identidad que ya no puede ser nunca más la del lugar de procedencia y todavía no es la del lugar de nuevo asiento? ¿No serán las identidades mestizas, las identidades transnacionales, las que dominarán en nuestras sociedades en un próximo futuro? Releamos al respecto el discurso de Amin Maalouf al recibir el premio Princesa de Asturias de 2010

Mientras tanto personas con identidades forjadas a base de lucha y esperanza, sin poder olvidar ni sus raíces ni sus sueños vagan errantes por todos los caminos  del mundo fugitivos de una vida  imposible.Como denunciaba el papa en su viaje reciente a la frontera mejicana:  ” Un paso, un camino cargado de terribles injusticias: esclavizados, secuestrados, extorsionados, muchos hermanos nuestros son fruto del negocio del tránsito humano, de la trata de personas”.

Son Personas violadas y troceadas, falseadas , trampeadas,  autovendidas por un papel o revendidas para un trabajo esclavo ¿Son Alguien? ¿Son Nadie?